Ya estaban tardando

Parece, de momento sólo lo parece, que las dos grandes formaciones políticas de nuestro país se van a tomar en serio lo de alcanzar un gran pacto sobre regeneración democrática creíble para una ciudadanía dispuesta a caer en la tentación facilona del populismo que representan los locoides de Podemos. El partido del gobierno ha tenido la sensibilidad suficiente para retirar su exigencia de cambiar la ley electoral que permitiría gobernar los ayuntamientos a la lista más votada cuando estamos a nueve meses de unas elecciones locales y autonómicas. El gesto no es baladí y así parece haberlo entendido el PSOE de Pedro Sánchez que quiere poner distancia con los «hooligans» de Pablo Iglesias después de que las encuestas apunten a la posibilidad de que estos le coman la merienda al nuevo secretario general de los socialistas. Lo cierto es que ya estaban tardando en sentarse a hablar las dos únicas fuerzas políticas capaces de evitar que el sistema salte por los aires con una fragmentación del voto que haga imposible gobernar no sólo los ayuntamientos y las comunidades autónomas sino la propia Nación. Una vez dado el paso, tomada la decisión de poner negro sobre blanco las medidas imprescindibles para alejar de los ciudadanos el convencimiento de que la corrupción esta generalizada y que ni populares ni socialistas son capaces de darle un giro claro y contundente a la forma en que se han hecho las cosas en los últimos años, es el momento de alcanzar pactos serios. Frente a los cantos de sirena y las propuestas tan utópicas como imposibles de los populistas es imprescindible que las medidas que acuerden antes de final de año PP y PSOE sean algo más que una mano de pintura sobre lo hecho hasta ahora. Si no es así llegaremos a las urnas con un nivel de cabreo y desencanto que es el caldo de cultivo que abrirá, de par en par, las puertas del caos.