La estabilidad política, clave del crecimiento económico

La Razón
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Una edición más, el informe de previsiones macroeconómicas que elabora el FMI señala a España como la economía desarrollada que más crecerá en los próximos dos años. Y una edición más, el organismo que dirige Christian Lagarde se ve obligado a rectificar al alza sus previsiones españolas, acercándolas a las del Gobierno de Mariano Rajoy, cuyo equipo económico, dirigido por el ministro Luis de Guindos, ha demostrado que no se equivoca al interpretar y predecir el comportamiento de los mercados. En cualquier caso, se trata de una buena noticia, puesto que no sólo confirma que la economía española se encuentra en la senda del crecimiento sostenido, sino que corrobora que las reformas impulsadas a lo largo de la legislatura, con especial hincapié en la llevada a cabo en el mercado laboral, están dando los resultados previstos. Pero también advierten los responsables del FMI de que la inestabilidad política puede perjudicar las buenas perspectivas de nuestro país y aconsejan que forme gobierno a la menor brevedad posible para culminar el programa reformista. Por supuesto, se saldría de la más elemental cortesía política que el FMI fuera más allá en sus recomendaciones, pero ello no es óbice para que podamos apuntar los riesgos de que, a la postre, surja en España un Ejecutivo débil, presidido por el actual secretario general socialista, Pedro Sánchez, cuya primera iniciativa se dirige a derogar la reforma laboral y que pretende el imposible contable de incrementar el gasto público y, al mismo tiempo, acelerar la reducción del déficit. Sin ocultar que una política que no mantenga el rigor presupuestario de estos últimos cuatro años –por más que ya estén aprobados los Presupuestos Generales de 2016– y que detenga abruptamente el proceso de reducción de la carga fiscal que pesa sobre hogares y empresas –con efectos demoledores sobre el empleo y el consumo interno– puede dar al traste por sí sola con los logros conseguidos; no es posible obviar que el informe del FMI también dibuja un panorama internacional poco halagüeño, que puede condicionar los actuales pronósticos. Aunque sin llegar a temer por una reedición de la grave crisis financiera de 2007, los analistas de Christian Lagarde alertan de los riesgos de desaceleración del crecimiento tanto en China y Estados Unidos como en la Unión Europea, donde, de hecho, sólo España y Alemania cumplen las previsiones de crecimiento, mientras que Francia e Italia siguen sin conseguir relanzar sus economías. Los malos datos se repiten en Iberoamérica –uno de los mercados con más intereses españoles en juego–, cuyas economías se contraerán los próximos dos años, con Brasil en una profunda depresión a causa de la caída de los precios de las materias primas. Es decir, que, si a los factores asociados a la incertidumbre política interna les unimos la temida degradación de los mercados exteriores, Los españoles podríamos vernos abocados a una recaída en los males del desempleo y del endeudamiento. La actual coyuntura exige que el nuevo Ejecutivo persevere en el camino emprendido y la mejor opción para ello, como venimos reiterando, sería la formación de un gobierno de amplia base, que no dependiera de las exigencias de partidos populistas y radicales, que buscan en el incremento del gasto público y en la presión fiscal panaceas imposibles.