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Lo que dice Vidal es verosímil

Tiempo de lectura 4 min.

28 de enero de 2017. 00:25h

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28/1/2017

Quienes describen ahora al juez y ex senador Santiago Vidal como una persona excéntrica y destacan lo errático de su trayectoria olvidan, interesadamente, que se trata de un profesional del Derecho con décadas de experiencia a sus espaldas, que ejerció como abogado laboralista antes de ganar la plaza de juez por oposición, que ha sido profesor penalista y de Criminología en la Universidad Autónoma de Barcelona, que fue portavoz de Jueces para la Democracia y, finalmente, que si algunas de sus sentencias han sido polémicas, nunca han carecido de la coherencia ideológica de un magistrado que proviene del anarquismo iberista y cree en la interpretación alternativa y social de las leyes. Con esto queremos señalar que Santiago Vidal tendrá muchos defectos, pero que entre ellos no se encuentran la falta de capacidad profesional ni el desconocimiento de las consecuencias de sus actos, que, dicho sea de paso, suele arrostrar con una entereza y gallardía dignas de mejor causa. Vidal no sólo aceptó sufrir en solitario su suspensión como juez –negándose a revelar la identidad de otros magistrados también implicados en la elaboración de una Constitución catalana–, sino que ha entregado su acta de senador por Barcelona nada más comprender el alcance político y, sin duda, judicial de sus revelaciones. Estamos, pues, ante una fuente de calidad que ha repetido lo mismo en distintos lugares y momentos sin que nadie en la Generalitat, en su partido o en los movimientos soberanistas que organizaban sus conferencias le llamara al orden o le desmintiera. Sólo ahora, insistimos, cuando sus afirmaciones han trascendido el ámbito en el que se adoctrina a los partidarios del separatismo catalán, se ha producido una auténtica cascada de desmentidos que, sin embargo, dejan en el aire la inquietante pregunta que se hacía ayer el diputado por Madrid y encargado de la ponencia política para el próximo Congreso del PSOE Eduardo Madina sobre qué era peor, «ver a un juez mintiendo o ver a un senador diciendo esta verdad». La verdad a la que se refiere Madina es, por supuesto, la relación expuesta por el juez Vidal de las acciones y medidas que estarían llevando a cabo personas e instituciones vinculadas a la Generalitat dentro del proceso independentista y que serían, a todas luces, ilegales. Así, señala el juez Vidal que el Gobierno de Carles Puigdemont se ha hecho con la información fiscal de todos los ciudadanos que residen en Cataluña, pese a que se trata de unos datos especialmente protegidos por la Ley. Afirma también Santiago Vidal que se está sometiendo a investigación secreta y personal a todos los jueces y magistrados de la comunidad autónoma para averiguar su posición ideológica frente al proceso separatista y así actuar en consecuencia, lo que es una práctica propia de regímenes totalitarios y contraria a los derechos individuales. Revela, además, el juez que hay contactos reservados entre funcionarios de la Generalitat y representantes de países y organizaciones extranjeras, incluso de naturaleza militar, lo que supone una flagrante deslealtad contemplada en el Código Penal. Revelaciones extremadamente graves que no pueden sustanciarse con la renuncia al Senado de su protagonista. La intervención de la Fiscalía era obligada y hay que felicitarse por la rápida reacción del nuevo fiscal general del Estado, José Manuel Maza, que ha ordenado la apertura de una investigación. Si son sólo fantasías para «ilusionar» incautos o el juez ha revelado imprudentemente un plan secreto es algo que se debe dilucidar para la seguridad de todos los españoles.

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