Recompensa de la moderación

La Razón
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Gobernar un país en una situación parlamentaria de mayoría insuficiente es un arma de doble filo que puede colocar al Ejecutivo de turno contra la pared más veces de las que desearía y sin viento a favor en más oportunidades de las que quisiera. Pero también es cierto que si se gestiona la coyuntura con eficacia y responsabilidad y se sabe encontrar salidas y respuestas a cada encrucijada, el líder de turno sale tanto o más reforzado que en situaciones de comodidad parlamentaria más asentada. Mariano Rajoy arrancó la presente legislatura con su permanente referencia al diálogo y a la necesidad de pactos para sacar adelante las reformas necesarias consciente de su acotado margen de maniobra parlamentario, que le ha costado ya varios reveses en la Cámara Baja. Y, sin embargo, la acción del gobierno frente a esas dificultades y a la irresponsabilidad de los partidos de la oposición y a la errática y confusa actitud de Cs ha salido reforzada ante los ciudadanos, como demuestra la tendencia alcista constante en la intención de voto del PP desde las elecciones del 26 de junio. El barómetro de abril de NC Report para LA RAZÓN, que publicamos hoy, refrenda de nuevo esa recuperación en el respaldo a los populares. El PP lograría entre los 151 y los 157 escaños, con un aumento de entre 14 y 20 respecto a los últimos comicios generales. Lo trascendente de este resultado es que el partido del presidente Mariano Rajoy, a diferencia de la aritmética actual, conseguiría la mayoría absoluta con los parlamentarios de la formación naranja de Albert Rivera, que estaría entre los 24 y 28 diputados, aunque se dejaría entre cuatro y ocho representantes. Que el PP gane terreno y Cs lo pierda aclara también que los españoles saben diferenciar lo mollar en medio del ruido político/mediático, los enredos y la demagogia en asuntos como el de Murcia, por ejemplo. En ese sentido, la izquierda y los populistas harían bien en tomar nota de que los ciudadanos entienden y recompensan los proyectos que atienden a sus problemas reales y a las políticas que generan prosperidad y bienestar. Porque, si el PP cuenta estos meses de legislatura como una mejora notable en sus expectativas electorales, el PSOE no logra acercarse siquiera a esos ya pobres resultados del 26-J, si bien con la gestora y Javier Fernández ha experimentado una ligera mejoría en su frustrante caminar. Pese a todo, los socialistas perderían un millón de votos, que los dejaría en 76/79 escaños, o lo que es igual, entre seis y nueve menos del que ya era el peor resultado de su historia reciente. Los socialistas están obligados a pasar la travesía del desierto de las primarias y de un partido roto que necesita recomponerse y regenerarse con un liderazgo que debe aprender de los gravísimos errores cometidos en la etapa anterior. Si entiende vuelve a esos principios de centralidad y moderación en línea con la socialdemocracia europea, podrá aportar al país lo que necesita. Para Podemos, tras la crisis de Vistalegre II y el pulso Iglesias-Errejón, el sondeo de LA RAZÓN tampoco deja buenas noticias. No sólo es incapaz de rentabilizar la guerra interna en el PSOE, sino que da muestras evidentes de que su mejor momento electoral pasó y que su exposición pública y su pobre gestión en las administraciones que gobierna son un lastre que pesa cada vez más. Más allá de que perdería entre tres y seis escaños respecto al 26-J, serían casi 900.000 votantes los que dejarían de respaldar la opción morada. La bronca y la radicalidad no suman a la prosperidad de la gente y, más tarde o más temprano, pasan factura. La consecuencia es que, la alternativa de izquierdas que pareció posible, hoy por hoy es inviable, lo que es tranquilizador para un país que necesita estabilidad, moderación y las recetas que el Gobierno ha impulsado y que concitan cada vez más apoyos.