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Un ejemplo de trabajo colectivo

España se proclamó ayer campeona del mundo de Baloncesto, un trofeo conseguido con todos los méritos. La selección ha sido justa vencedora de un torneo en el que ha sido la mejor sin ninguna duda, la que ha desarrollado el juego más brillante y eficaz, en un equilibrio perfecto entre cerebro y corazón. Perdura así una gran generación de jugadores que marcó un hito con Pau Gasol, pero que ahora, a pesar de su ausencia, confirma que aquel grupo respondía al trabajo de equipo y a los mejores valores del deporte. Hay sobrados motivos para sentirse orgulloso de la final celebrada ayer en Pekín, en la que España se impuso por veinte puntos a Argentina, sin ceder en ningún momento el liderazgo y desarrollando un juego arrollador que confirmó todo lo que se ha visto estos días en China: han sido los mejores. Han demostrado desarrollar un juego de equipo en el que las estrellas sólo son referencias claves, pero nunca astros cegadores. Se repite la célebre frase de John F. Kennedy, luego expresada por Magic Johnson: «No preguntes lo que tus compañeros de equipo pueden hacer por ti. Pregúntate qué puedes hacer tú por tus compañeros de equipo». No es fácil cumplirlo, ya no digamos en política –el universo con más estrellas, muchas fugaces–, sino incluso en deportes de alta competición, por lo que hay mucho que aprender de este equipo dirigido por Sergio Scariolo. Desde el oro de Japón de 2006 la selección –entonces comandada por Pepu Hernández–, sólo ha faltado dos veces al podio en los grandes torneos. El palmarés lo dice todo: un total de 11 medallas (cinco oros, tres platas y tres bronces) en 13 campeonatos. Por lo tanto, no hay nada de azar en la victoria de ayer, sino la culminación de un trabajo serio, planificado, en el que el mérito de los mejores se ha puesto al servicio del conjunto. Y luego entran en juego, por supuesto, factores que sólo se alteran con una conciencia competitiva alta: pocos apostaban porque España subiera al podio –ni por el bronce–, pero ha acabado en lo más alto. Ejemplar cómo a lo largo de la competición ha ido creciendo, por profesionalidad, por responsabilidad, porque esa era su obligación. Han demostrado verdadera manera de campeones. Es inevitable querer ver en este grupo los mejores valores que deben guiarnos en el trabajo colectivo, los de una España que da lo mejor de sí cuando existe un objetivo común claro y una dirección al servicio de una obra colectiva. En un momento en el que nuestros líderes políticos parecen estar obnubilados por asuntos palaciegos, alejados de las necesidades de la calle, de los verdaderos problemas de la sociedad, alargando la excepcionalidad de un Gobierno que no encuentra una salida para estabilizar el país, siempre es bueno recibir el aire fresco, aunque sea un hálito esperanzador que alivie esa carga apesadumbrada de los asuntos políticos. Podría ser mejor, y no hay razones objetivas para que no sea así, si hubiese una voluntad de trabajo colectivo y de anteponer los intereses del país a otros que tienen que ver con ambiciones de poder. Sin extrapolar el deporte –una pasión, al fin y al cabo, o un desfogue– a actividades más «serias», la victoria de España en el Mundial de China vuelve a decirnos que este país tiene un verdadero capital humano, con sentido del esfuerzo, del trabajo colectivo, brillante, profesional y responsable con sus obligaciones. No descubrimos nada cuando decimos que el deporte español ha cambiado, especialmente desde Barcelona 92, y que hay deportistas que son un verdadero ejemplo, como lo es Rafael Nadal y como lo han demostrado estos días los Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio –elegido mejor jugador del torneo–, Claver, Llull, Juancho. Enhorabuena a un buen equipo que ha demostrado que el talento con trabajo es el camino del éxito colectivo.

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