Tribuna

La encrucijada argentina… otra vez

Las encuestas reflejan un empate técnico de cara al 19 de noviembre, fecha del Ballotage. Los indecisos son la clave

La encrucijada argentina… otra vez
La encrucijada argentina… otra vezRaúl

Julián Marías decía: «Los argentinos tienen dos problemas para cada solución. No renuncian a sus ilusiones ni aprenden de sus desilusiones. ¡No discutáis con ellos jamás!». Para corroborarlo tenemos el actual proceso electoral entre el peronista/kirchnerista Sergio Massa y Javier Milei, que se autodefine libertario. Las internas abiertas (PASO) fueron para Milei, pero sorpresivamente el 22 de octubre Massa consiguió el 36,6% de los votos y se llevó la primera vuelta. El peor resultado del peronismo en su historia, pero, al mismo tiempo, una remontada histórica respecto de las PASO. La sensación que transmite la campaña de Massa es de épica, de recuperación contra todo pronóstico, aunque todavía quede la segunda vuelta contra Milei. El «manual de resistencia» no es un patrimonio exclusivo de España.

Milei mantuvo el mismo porcentaje, en torno al 30%. Muchos especulaban con que crecería atrayendo votos de Patricia Bullrich, pero no fue así. Hay que tomar en cuenta que en la votación del 22 de octubre hubo una participación un 7% mayor que en las PASO, pero más del 60% de los nuevos votantes se inclinó por Massa. Un resultado inesperado que abre una incógnita de cara a la segunda vuelta.

La lógica del Ballotage dice que Milei debería cosechar todos los votos de Juntos por el Cambio y ganar. De ahí su rápida alianza con Bullrich y el expresidente Mauricio Macri. Pero Juntos por el Cambio es una alianza electoralista heterogénea con un sector de izquierda que no apoya a Milei. Algunos están llamando a la abstención y otros se han volcado con Massa, un candidato al que consideran más afín a su idea de socialdemocracia y progresismo. Pues no deberían fiarse. La trayectoria de Massa ha consistido en cambiar de ideas de acuerdo con las conveniencias del momento. Inició su carrera como parte de la UCeDe (liberal). De allí pasó al peronismo, llegando a ser Jefe de Gabinete de Cristina Kirchner en 2008. En 2015 se presentó en solitario prometiendo públicamente que «metería presa a Cristina». Sin embargo, la vida da vueltas y en 2019 fue elegido diputado por el peronismo de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Llegó a presidente del Congreso y actualmente es ministro de Economía. Massa recuerda a Groucho Marx: «Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros». Resulta que eso de «cambiar de opinión» tampoco es patrimonio exclusivo del socialismo español. Y, por cierto, Massa recibió el apoyo explícito de Rodríguez Zapatero.

Por su parte el giro de Milei también puede leerse en clave de Groucho Marx, ya que entre él y Bullrich hubo cruces de grueso calibre durante la campaña. Para evitar esta impresión tuvieron que escenificar una reconciliación, con abrazo incluido. Una lección más de este proceso: no siempre alimentar la grieta es la mejor forma de obtener votos, sobre todo si sabes que estás condenado a llegar a acuerdos de gobernabilidad.

La incorporación de las figuras de Juntos por el Cambio en la campaña de Milei lo obligó a moderar su discurso. Al mismo tiempo, le permitió juntarse con políticos con más experiencia que la de los cuadros originales de su partido. Si esta fórmula es bien explotada por La Libertad Avanza, podría ser clave en una victoria.

Massa sabe que la gente tiene muchos motivos para estar enojada contra su gobierno. También sabe que el miedo y la ira son las dos emociones que más mueven en política. Entonces su estrategia ha sido aumentar el miedo a Milei para evitar que la ira se focalice en él. Para lograrlo, ha buscado aislar la figura de Milei y concentrar en él todas las narrativas del miedo.

Pero la realidad es que no se puede entender a Milei aislado de sus circunstancias: si no gana Milei, sigue gobernando Massa. La campaña kirchnerista ha logrado centrar el miedo en los defectos, reales o exagerados, de Milei, como si Massa no estuviera en la discusión y no fuera uno de los responsables directos de la crisis actual del país. Es cierto que nada garantiza que Milei pueda llevar adelante su proyecto de gobierno, pero ofrece al menos una idea diferente frente al peronismo que ha fracasado sistemáticamente en los últimos 70 años. Muchos argentinos temen experimentar algo diferente por la posibilidad de que pueda fracasar. Y Massa está sabiendo explotar el miedo.

Las encuestas reflejan un empate técnico de cara al 19 de noviembre, fecha del Ballotage. Los indecisos son la clave. Ambas campañas saben que tienen que evitar lo errores no forzados, así que hay menos gritos y más mesura. Sería dramático que estas buenas formas oculten lo que realmente se juega en la elección: la continuidad de un proyecto socialista o el inicio de una etapa diferente, orientada hacia la derecha. Lamentablemente muchos argentinos son como la rana en la olla del peronismo: los están cocinando a fuego lento, pero no quieren saltar porque les han hecho creer que del otro lado hay una sartén con aceite. En realidad, del otro lado está el riesgo de la libertad. Pero parece que, para muchos argentinos, este riesgo es «demasiado riesgo».

Carlos Beltramo, PhDes Investigador del ICS de la UNAV y miembro de NEOS.