Andalucía

Bienvenido de nuevo, Tío Pepe

Esta semana ha vuelto a la Puerta del Sol uno de los carteles más emblemáticos y conocidos de la publicidad española de todos los tiempos: la botella de Tío Pepe con el sombrero cordobés, chaquetilla y guitarra, y el slogan «Sol de Andalucía embotellado». Se ha colocado en un edificio distinto, pues Apple se negó a que siguiese donde estaba desde 1935 cuando compró el antiguo Hotel París para instalar una macrotienda. De nada sirvió que el ayuntamiento de la capital lo hubiese «indultado» en 2009, cuando la nueva ordenanza de publicidad exterior obligaba a quitar casi todos los luminosos de los tejados madrileños, con algunas excepciones como el cartel de Schweppes en la esquina de Gran Vía con la plaza de Callao.

El aprecio que tiene el luminoso de Tío Pepe se muestra en las más de 50.000 firmas de apoyo recogidas por internet desde que se desmontó en 2011, y que seguramente tuvieron en cuenta sus propietarios para buscar una nueva ubicación y darle una completa restauración. El diseño de Luis Pérez Solero para González Byass en el centenario de la bodega vuelve así más delgado y modernizado, pero manteniendo todo el encanto de la publicidad clásica, y demostrando que la fuerza, impacto y hasta cariño que motiva un buen anuncio puede durar muchas décadas.

Por eso sorprende la decisión del PSOE de no usar vallas de publicidad exterior en la próxima campaña electoral para las elecciones europeas del 25 de mayo. El argumento es la austeridad, pues sí que hará uso de las banderolas que permiten poner gratis muchos ayuntamientos en las farolas.

Las vallas han sido el soporte por excelencia de todas las campañas electorales, al estar prohibidos en España los anuncios de televisión salvo en los espacios gratuitos establecidos. Es cierto que los mensajes en las vallas, por las propias características del medio exterior, deben ser muy simples y claros, lo que en la mayoría de los casos ha llevado a una creatividad mínima, por no decir mala: limitarse a la cara del candidato, el lema de campaña, y el logotipo del partido. Pero resulta que, precisamente cuando el PSOE tiene una candidata poco conocida y además se sabe que las elecciones europeas despiertan menos interés en los ciudadanos, en vez de intentar hacer una buena campaña renuncia a uno de los principales canales de comunicación con los ciudadanos. Luego habrá quejas si hay una abstención elevada.