El asteroide Hispania

El Parlament de Catalunya ha empezado la desconexión del resto de España. Misión improbable e imposible puesto que no se puede separar la parte del todo

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Ayer el Parlamento catalán vivió una jornada de ignominia para la democracia, la convivencia, la decencia y la historia. La fase inicial de una desconexión de la realidad, un insulto a la verdad como culminación de años de mentiras y millones de euros invertidos en falsificar nuestro relato común. El pasado 20 de marzo se cumplieron 100 años del descubrimiento del asteroide Hispania por parte de Josep Comas i Solà. Fundador de la Sociedad Astronómica Española y director del Observatorio Fabra, Comas destacó especialmente por sus estudios de los asteroides ideando un procedimiento fotográfico innovador. El astrónomo quiso recordar a todo el mundo el orgullo de ser catalán y español, bautizando al nuevo astro con el primer nombre que nos pusieron al hogar en el que hoy habitamos los catalanes.

«Hispania» fue la denominación que los fenicios dieron a nuestros lares, según ellos poblados de conejos o «saphan». En el 200 a. C. la encontramos escrita por primera vez en las obras del poeta Quinto Ennio, y los romanos nos bautizaron como la «Hispania Citerior Tarraconensis» para posteriormente, en el siglo IX, los francos nominarnos como «Marca Hispánica», apelativo geográfico de la parte septentrional del conjunto territorial que finalmente en el siglo XII sería conocida con el topónimo «Cataluña». Es decir, antes de ser catalanes ya nos llamaban hispanos, que los lectores entenderán que es sinónimo de españoles. Pero para el nacionalismo secesionista la manipulación de los sentimientos es fundamental en su discurso y sostienen que la historia de la parte nororiental de la Península empezó por obra y gracia de los monarcas carolingios, y a ellos se debe en exclusiva el nacimiento de Cataluña y no a la herencia visigótica, a fin de negar el pasado común con el resto de España. En su aberrante discurso de desconexión separatista, el elemento franco constituye la personalidad catalana, y en ningún caso está contaminado de españolidad, eliminando cualquier rastro del pasado godo común con el resto de pueblos hispanos y por tanto facilita la ruptura. Cabe recordar que entre los años 780 y 801 de nuestra era, la nonata Catalunya fue arrebatada a los musulmanes andalusís por tropas cristianas, siendo políticamente organizado en condados (Barcelona, Gerona, Osona, Pallars, Ribagorza, Urgel, Cerdaña, Ampurias y Rosellón), gobernados por condes, nobles godos nativos del territorio fronterizo con Al-Andalus. Los historiadores que han investigado la documentación del periodo sostienen que entre los siglos IX y X, tanto la Corona como los autóctonos del territorio siempre se refirieron al conjunto de condados con los nombres de «Hispania» o de «Gotia», o «Marca Hispánica». Sírvanos recordar los «Annales Regni Francorum» del 829, que dice: «Gotos sive Hispanos intra Barchinonam famosi nominis civitatem... Comites marcae Hispanicae trans Sicorim fluvium in Hispania. Simili modo de marca Hispana constitutum... qui ad marcam Hispanicam mittendi erant...». El uso del término «Hispania» era lógico, puesto que tanto los francos como los indígenas estaban de acuerdo en la pertenencia de aquellos condados a la Península Ibérica, conocida como Hispania; sociedad en construcción bajo la influencia de la tradición romanogoda, con la vigencia de la «Lex Gothorum», la vitalidad de la tradición gótica, la prevalencia isidoriana de la cultura catalana y la arquitectura que hacía evidente que la nueva Cataluña que nacía era fruto de su pasado godo y no de la creación de una Cataluña carolingia e independiente de su legado hispano. El Parlament de Catalunya ha empezado la desconexión de Catalunya del resto de España. Misión improbable e imposible puesto que no se puede separar la parte del todo. Pronto, un asteroide de formato legal, llamado «Hispania», caerá con furia sobre los falseadores de la historia común, sobre los responsables de la destrucción de la convivencia y violadores de la legalidad. El asteroide «Hispania» no tendrá formato de cabra legionaria ni tricornio de charol; será la simple y contundente aplicación de un principio universal que rige en el firmamento, la Ley. Pero no olvidemos que la aplicación exclusiva de la Ley no acabará con el proceso de separación. El verdadero auto de terminación del chantaje separatista a los que nos están sometiendo unos indocumentados será cuando el Estado decida poner fin a los dislates de algunos prepotentes burgueses mirando sus enriquecidos bolsillos. No hará falta ningún general Batet, sólo unos cuantos hombres de negro.