Mario Iceta: «Se responderá a los problemas de la familia sin cambiar la doctrina»

Mario Iceta / Obispo de Bilbao. Es uno de los tres prelados españoles que participa en el Sínodo de la familia

Mario Iceta
Mario Iceta

Mario Iceta, obispo de Bilbao, es uno de los tres prelados españoles que están participando en el Sínodo de la familia que concluye este sábado en Roma. Responsable de cuestiones familiares en el episcopado de nuestro país, asegura que habrá «respuestas pastorales a las nuevas problemáticas», pero sin cambiar la doctrina de la Iglesia. Para ello habrá que ver «lo que puede mejorarse» al tiempo que se «potencia lo que funciona». «La cultura ha ido cambiando rápidamente y quizás nosotros no hemos sabido responder con esa celeridad ni con ese lenguaje nuevo», reconoce Iceta.

–¿Cómo es el ambiente en el Sínodo? ¿Hay choques entre diversos sectores?

–Yo no percibo ninguna confrontación. El Sínodo está desarrollándose con intensidad, con aportaciones muy interesantes. El trabajo para mí mejor es el de los «círculos menores», en los que se hacen aportaciones al texto principal. Hay una gran libertad y un gran espíritu de comunión para hacer esas aportaciones. En el grupo donde yo estoy se han hecho casi todas por unanimidad. La clave será luego aunar los textos de los distintos grupos. El texto final se discutirá en el Aula y se votará punto por punto. De momento el balance es satisfactorio, hay un ambiente de comunión y de expresión respetuosa de las razones de cada uno.

–Uno de los círculos menores reconoció los errores de la Iglesia a la hora de utilizar el lenguaje actual, transmitir el Evangelio y comprender la cultura contemporánea. ¿Está de acuerdo con que hay que buscar primero dónde está la raíz del problema?

–A mí no me gusta estar viendo si la culpa es de fuera o de dentro. Cada uno evidentemente tiene siempre que examinar si ha cumplido los objetivos trazados, si ha hecho aquellas cosas que tenía que hacer, si ha escuchado las dificultades y ha tratado honestamente de darle respuesta. No soy de los que le gusta decir: mira, un 30% de la culpa es tuya, un 30% mía, el 40%, del otro. Evidentemente las cosas son muy mejorables. La cultura ha ido cambiando rápidamente y quizás nosotros no hemos sabido responder con esa celeridad ni con ese lenguaje nuevo. Debemos examinar las situaciones y ver lo que puede mejorarse al tiempo que potenciamos lo que funciona.

–Este Sínodo ha generado gran expectación entre los católicos y muchos esperan una apertura. ¿Están equivocados?

–En el ambiente general del Sínodo aparece la idea de que hay expectativas excesivas sobre lo que el Sínodo pueda aportar. Son muchos temas mayores y las tres semanas dan para lo que dan. Aunque estamos trabajando intensamente son temas de gran calado. El Sínodo tiene expectativas mucho más modestas. Este sentimiento es algo general que se está respirando en el Aula. El Papa ha afirmado que no se va a tocar la doctrina, sólo las cuestiones pastorales. El Santo Padre está diciendo así cuáles son los límites del Sínodo.

–¿Veremos entonces una actualización de los métodos pastorales?

–Habrá respuestas pastorales a las nuevas problemáticas, pero desde la dimensión a la que hacía antes referencia. No van a ser respondidas las expectativas de aquellos que pensaban que este Sínodo iba a resolver cuestiones que muchas veces atañen a la verdad revelada sobre el matrimonio y la familia que predica la Iglesia.

–Esas expectativas están en parte motivadas por declaraciones de algunos padres sinodales, que se han mostrado a favor de algunas aperturas, particularmente en el caso de los divorciados vueltos a casar.

–En primer lugar, somos 270 padres sinodales. No somos los 5.000 obispos de la Iglesia, pero somos un puñado. De estos 270, cuántos hay que dicen una cosa o dicen otra. Después, el Sínodo hace propuestas que el Santo Padre recibe y decide qué hace con ellas.

–Usted es el presidente de la subcomisión episcopal para la familia y la defensa de la vida de la Conferencia Episcopal Española. ¿Qué aportaciones propias de nuestro país ha hecho en el Sínodo?

–Nuestro gran desafío es, sobre todo, el acompañamiento personal a aquellos que se acercan al matrimonio, que lo han contraído o han vivido un fracaso. El primer capítulo es la iniciación cristiana de nuestros niños y jóvenes, de manera que pueda radicarse después en ellos la maduración personal, la preparación al matrimonio y la educación afectivo-sexual. Hay que preparar a las personas para el amor. El segundo gran capítulo es acompañar a quienes han contraído un matrimonio, sostenerles, ayudarles a resolver las dudas que puedan surgir. El gran tema del acompañamiento personalizado es un segundo reto muy importante. También hay que acompañar a aquellos que sufren, a las familias rotas, que han fracasado, donde hay discapacidad o ha fallecido alguno de sus miembros, donde hay pobreza... Son los tres grandes aspectos. La palabra central es acompañamiento cercano para que las personas puedan vivir siempre con gozo la experiencia matrimonial y para que cuando surjan problemas encuentren la ayuda necesaria para resolverlos y calmarlos con paz.

–Dentro de este cuadro del que habla, ¿hay algún aspecto particular de España que considere significativo tratar en la asamblea?

–En España las cuestiones son estas, no hay una específica, no somos monotemáticos. Trabajamos en todas ellas. Trabajamos en la educación sexual de los niños y jóvenes, en la preparación del matrimonio, en cómo los centros de educación familiar deben ayudar y acompañar a los matrimonios, en la preparación de agentes para estar al lado de los matrimonios. Intentamos llevar adelante todos estos temas.

Hoy se vota el primer borrador

Más de 270 padres sinodales votarán hoy el primer borrador de la «Relatio Finalis», tras lo cual será entregado al Papa. El texto ha sido mejor recibido que la «Instrumentum Laboris», según explicó ayer el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi. El primer documento, fruto del primer Sínodo celebrado hace un año, no encontró acuerdo ni sobre la posibilidad de que los divorciados puedan acceder a la comunión, ni tampoco sobre las relaciones homosexuales. Para que «Relatio Finalis» quede aprobado deberá contar con dos tercios de los votos, según el reglamento del Sínodo.