«¡Una casa para todas las familias!»

Francisco celebra el IV Domingo de Adviento. El Papa invita al mundo a hacer todo lo posible para que nadie se quede en la calle

El Santo Padre, ayer, en el balcón de los apartamentos pontificios
El Santo Padre, ayer, en el balcón de los apartamentos pontificios

Nada más terminar el rezo del Ángelus, Francisco levantó su mirada desde el ventanal de los apartamentos pontificios y vio un cartel que le llamó la atención. «Leo allí, escrito en grande: "Los pobres no pueden esperar". Es bello. Y esto me hace pensar que Jesús nació en un establo. No nació en una casa. Después, tuvo que huir, ir a Egipto para salvar su vida. Al final, volvió a su casa, en Nazaret», comentó sobre la pancarta que le sorprendió en la mañana del IV Domingo de Adviento. Una reivindicación que llevó a las heridas del mundo actual: «Pienso hoy, también leyendo esto, en tantas familias sin casa. Ya sea porque nunca la tuvieron o porque la han perdido por tantos motivos». Con este punto de partida el Papa recordó que «familia y casa van juntas. Es muy difícil llevar adelante la familia sin vivir en una casa. En estos días de Navidad, invito a todos, a las personas, a las entidades sociales, a las autoridades, a hacer todo lo posible para que cada familia pueda tener una casa».

Fue su principal reivindicación en una jornada que sirve de preparación para la conmemoración del nacimiento de Jesús cuando apenas quedan unos días para Navidad. El Papa Francisco quiso detenerse en la figura de San José. «El Evangelio no explica sus pensamientos, pero nos dice lo esencial: él trata de hacer la voluntad de Dios y está dispuesto a la renuncia más radical. En lugar de defenderse y de hacer valer sus propios derechos, José elige una solución que para él representa un enorme sacrificio». Así explicó cómo el esposo de María la repudió en secreto. «¡Esta breve frase resume un verdadero y propio drama interior, si pensamos en el amor que José tenía por María!».

Para Francisco, «es necesario meditar sobre estas palabras, para entender cuál fue la prueba que José tuvo que sostener en los días que precedieron el nacimiento de Jesús. Una prueba semejante a la del sacrificio de Abraham, cuando Dios le pidió a su hijo Isaac: renunciar a lo más precioso, a la persona más amada».

Con estos dos ejemplos, el Obispo de Roma quiso hacer reflexionar a la multitud presente en la plaza de San Pedro sobre cómo Dios interviene en la vida del hombre. En el caso de San José, «estaba siguiendo un buen proyecto de vida, pero Dios reservaba para él otro designio, una misión más grande. José era un hombre que escuchaba siempre la voz de Dios, profundamente sensible a su secreto deseo, un hombre atento a los mensajes que le llegaban de lo profundo del corazón y de lo alto». Del buen carpintero, el Papa subrayó que como «no se obstinó en perseguir su proyecto de vida, no permitió que el rencor le envenenara el ánimo, sino que estuvo listo para ponerse a disposición de la novedad que se le presentaba de modo desconcertante. Y así, ¡era un hombre bueno! No odiaba, y no permitió que el rencor le envenenara el ánimo».

En un nuevo intento de traer al presente su figura, el Pontífice imploró a los fieles: «¡Cuántas veces a nosotros el odio, también la antipatía, el rencor nos envenenan el alma! ¡Esto hace mal! No lo permitan jamás, él es un ejemplo de esto».

Con la mirada puesta en la Nochebuena, que Jorge Mario Bergoglio celebrará en la Basílica de San Pedro con la tradicional Misa del Gallo por primera vez como Papa, hizo un llamamiento para tomar como modelo a San José en su libertad de «renunciar a lo que es suyo, a la posesión de su propia existencia, y esta plena disponibilidad interior suya a la voluntad de Dios». Desde ahí, y mirando a «María, la mujer llena de gracia que ha tenido el coraje de encomendarse totalmente a la Palabra de Dios», invitó a todos a caminar «juntos hacia Belén» para vivir «una Navidad de esperanza, de justicia y de fraternidad».

El detalle

LA ORACIÓN DE LAS FAMILIAS PARA EL SÍNODO

Con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia el próximo domingo 29 de diciembre, que coincide con la eucaristía multitudinaria que se celebrarará en la plaza de Colón de Madrid, el Papa tiene previsto presentar la oración que servirá para poner en camino a los católicos al Sínodo de las Familias de 2015.