Un país corto de vista

Hay contradicciones que nos definen. El 95% de los españoles considera que la vista es el sentido más valioso que posee y cuya pérdida le resultaría más grave. Pero a la vez solo el 22% se ha revisado los ojos el último año

Antonio Cruz

El resultado de ese aparente desinterés o desidia es que en nuestro país hay 25,5 millones de personas que padecen problemas visuales y que el 60% de los mayores de 15 años necesita algún sistema de corrección ocular. Cada vez vemos menos y peor y, sin duda, a ello no beneficia un cierto hábito de renuencia a la prevención y al cuidado. Lo habitual entre nosotros es reaccionar cuando la dificultad ya está ante nuestros ojos –nunca mejor dicho–. Remediar y no anticiparse o al menos intentarlo. Por eso estamos ante estadísticas tan escasamente aleccionadoras como que el 60% de los niños y el 80% de los universitarios de España detectaron por sí mismos las carencias visuales, es decir, no medió la consulta de un especialista. Según Ipsos Morris, dos de cada diez españoles no se han sometido nunca a un estudio oftalmológico. Necesitamos, por tanto, mejorar. Aplicar la lógica frente a una circunstancia que nos preocupa de forma extraordinaria como es la pérdida de visión y actuar en consecuencia. La detección precoz de trastornos de la visión es un objetivo indispensable de salud pública por razones de bienestar personal, claro, pero también de índole económico tanto particular como del Estado. En nuestro país, tenemos una realidad que debemos afrontar. ¿Hablar de pandemia de la miopía entre los jóvenes puede resultar una exageración? No lo parece con las frías cifras en la mano. Más de seis de cada diez universitarios ya son miopes en nuestro país. Los denominados «nativos digitales» (los nacidos después de 2000) tienen más deficiencias oculares que la generación anterior y desde mucho antes (de media, -0,5 dioptrías más a los 7-12 años). Según los expertos, las causas son el estilo de vida sedentario, el uso desmedido de las pantallas digitales y el no pasar las suficientes horas en espacios de exterior. Estamos obligados a cambiar nuestros hábitos y decisiones en cuanto al cuidado de algo que valoramos tanto como nuestros ojos. Pongamos nuestra vista en el horizonte, con esas luces largas que nos permitirán anticiparnos y preservar una calidad de vida adecuada.