La calidad asistencial otorga seguridad y eficiencia al sistema sanitario

Pese al componente emocional que surge de este aspecto, las organizaciones sanitarias precisan de acreditaciones que midan su eficacia a través de indicadores objetivos

Calidad. Para algunos es un concepto subjetivo, pero desde la Real Academia Española (RAE) se define como propiedad o conjunto de propiedades inherentes a algo, que permiten juzgar su valor. En Sanidad constituye un elemento propio del sistema sin el cual no se puede llevar a cabo la gestión profesional, y aquí esto va ligado a otra acepción que hace la RAE: adecuación de un producto o servicio a las características especificadas. Por lo que un sistema de salud no se puede entender sin trabajar con y por la calidad, como manifestó de forma unánime un grupo de expertos reunidos por A TU SALUD en la casa de LA RAZÓN.

Pues una organización que prescinda de esta herramienta “es un caos, un desastre; el no aplicarla cuesta dinero y produce errores”. Así de tajante lo resumió Domingo del Cacho, director gerente del Hospital Universitario Severo Ochoa de Madrid, que acudió a la cita en representación de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa). Para complementar la idea, Marta Villanueva, directora general de la Fundación Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS), apuntó que “es algo obligatorio para asegurar los objetivos estratégicos que se persiguen. Otorga ‘‘feedback’’ y datos de cómo se trabaja, así hay márgenes de mejora y se sabe qué recursos existen y con cuáles podemos contar”.

También hay que sumar la visión de los pacientes en esa denominada percepción de este concepto. "Una cultura de calidad sirve para dar mejor servicio a las personas, y conlleva mejores resultados en salud. Esto no se puede conseguir sin la voz de los protagonistas, por lo que los procesos deben adecuarse a ellos y sus necesidades. Así, el sistema resulta mucho más eficiente, llega a más gente y permite acceder a la innovación», comentó María Gálvez, directora de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP). Y aunque, en algunos sectores se piense que esto es nuevo, hay que desmentirlo. Avelino Brito, director general de la Asociación Española para la Calidad, lo dejó claro: “Se trata de aplicar una ética. Algo muy antiguo. El fenómeno de la calidad constituye el primer elemento de gestión más allá del hecho de producir y vender, para competir hay que hacer las cosas bien”.

¿Cómo se consigue?

Para medir la calidad, hay que cumplir con lo que reza su significado. Como contó Villanueva, “no hay que hacer acopios de datos, sino los precisos, ‘‘calidad de dato’’, los necesarios que hay que saber interpretar y de los que vamos a extraer conclusiones”. Porque de forma global se trata de “una herramienta de ‘‘management’’, a la que hay que aplicar una visión holística, con un montón de factores con el foco orientado al paciente”, añadió la directora general de la Fundación IDIS. Porque la calidad “constituye hoy un valor en alza y es percibida como tal por el paciente, porque a su vez, la sociedad de bienestar demanda una serie de necesidades”, comentó la director general de la Asociación Española para la Calidad.

Como existe esta demanda, hay que cumplir con las mediciones. Brito aseguró que “nos serviría para, con datos objetivos, ver cómo impacta la forma en que vivimos, nos alimentamos y nos cuida el sistema sanitario en la esperanza de vida”. Villanueva apuntó que medir también vale para reconocer el trabajo bien hecho: “Un reconocimiento del tipo que sea en materia de calidad asistencial supone un revulsivo para el centro, un estímulo para los profesionales sanitarios, genera confianza en los pacientes y resulta útil para todas las partes interesadas. La mejora continua en materia de calidad es un camino arduo en cuanto a conocimiento, medición, modelo y estrategia a implantar, por ello lo que la Fundación IDIS desea con su acreditación QH (Quality Healthcare) es reconocer esa cultura de esfuerzo a través de un indicador sintético de calidad que compendia a su vez 69 indicadores que referencian a las principales certificaciones, acreditaciones y reconocimientos del sector. QH no compite con ninguna acreditación y lo que pretende es medir el compromiso y reconocer el esfuerzo realizado por los centros en la compleja senda de la calidad asistencial. En definitiva, supone un aplauso que una fundación sanitaria otorga a través de un comité auditor muy cualificado a la Sanidad en su conjunto con independencia de la titularidad”. En la actualidad ya hay 129 centros asistenciales públicos y privados acreditados.

Sin embargo, como se dejó patente en el debate, la calidad tiene un componente emocional que exige más que procesos bien hechos. Cacho explicó que “recibimos más reclamaciones ahora que antaño y la demanda de calidad en la asistencia que tenemos hoy es tremenda. Eso es así, pero confiamos en que el fenómeno de la digitalización revertirá la tendencia”. Si bien resulta cierto que habrá muchos procesos que se podrán confiar a la tecnología, muchos de ellos ya son una realidad hoy, como la cita sanitaria, la obtención de pruebas, y esto podrá beneficiar al profesional sanitario que centrará sus esfuerzos en el paciente. Brito sumó que “este reconocimiento de las materias de gestión no supone asignar la calidad a la máquina, sino asumir la que procede del médico, de las percepciones, cómo reciben la información el paciente y su familia. En el mundo casi nada está inventado, hay muchos campos en los que hay que incluir cosas humanas”.

Responsables con el sistema

Una de las dudas planteada a los expertos fue sobre el conocimiento y la asunción de que los procesos asistenciales a los que se son altamente complejos, cuentan con estándares altos de calidad y no resultan nimios. Cacho comentó que “con la poca inversión que tenemos el SNS resulta eficiente y hacemos mucho más que otros. La tecnología es punta, no nos falta nada de última generación, las prestaciones que da son las mayores del mundo. Y el turismo sanitario lo es precisamente por ello”.

De ahí la corresponsabilidad necesaria del paciente. La directora de la POP contó que “hoy estamos más informados, nos encontramos ante un cambio cultural. Cada vez hay más demanda de información para este nuevo papel que deben asumir las personas enfermas. Por ello, se exige cuando se tienen las herramientas adecuadas, transparencia de datos y cómo gestionar su salud, aquí las herramientas digitales juegan un papel importante. Por eso, existe una demanda de recursos e información”. El tan manido “empoderamiento” de los pacientes ha de ser consecuente y para ello “hay que darles lo que necesitan, no que lo busquen sin saber en ‘‘doctor Google’’, tenemos que poder ofrecerles dónde informarse y cómo”, subrayó el representante de Sedisa.

Porque cada vez más resulta habitual que las personas busquen indicadores del hospital al que van, de los resultados que ofrecen sus procesos. Tener otra opinión es una demanda creciente", recalcó Gálvez. Los problemas de desajustes se deben a las expectativas de los pacientes. “El objetivo es cumplir con un compromiso, antes era curar. Ahora es la percepción de lo que tengo y en base a eso debemos que orientar el proceso, la emoción de la persona y cómo lo consigo, qué imagen tienen los clientes que no son suyos... Y esto funciona, más que en ningún área, en la sanitaria”, manifestó Brito. Por estas razones, Cacho subrayó en e insistió que “hay que seguir manteniendo la calidad científico técnica de los procesos. Sin olvidar en actualizarnos, para poder ofrecer siempre una medicina basada en el valor y, al tiempo, conseguir el equilibrio de la eficiencia del sistema sanitario, además de redundar en la seguridad”.

Desde la POP, Gálvez abogó por no perder la oportunidad de ofrecer a los pacientes “la labor de contraste de la información que debe hacerse con ayuda y participación del médico. Sólo así evitamos que se vaya o recurra a las pseudociencias... El médico puede reconducir al paciente. Debe señalar las fuentes más fiables y seleccionarlas para evitar malentendidos y conflictos posteriores”. Llegados a este punto del debate Villanueva expresó, a modo de conclusión, que “la calidad tiene que quedar fuera del coloquio ideológico y todo lo que se progrese en este área sea aceptable y en beneficio de todos los que participan en los procesos sanitario”. En este sentido Cacho añadió que “hay que avanzar en esa experiencia de resultados en salud con la competencia suficiente para que seamos capaces de trasladar la información a los ciudadanos que nos la exigen”.

Acreditaciones QH

Del total de organizaciones públicas y privadas acreditadas en la sexta edición de la Acreditación QH (Quality Healthcare) de la Fundación IDIS , nueve la han logrado por primera vez y 16 más han subido de categoría, bien en la renovación de la QH de 2017 o bien por haber presentado solicitud de mejora a la obtenida en 2018. En total, 129 organizaciones asistenciales públicas y privadas cuentan ya con una acreditación QH en alguna de sus modalidades. En esta convocatoria se ha evaluado un total de 104 solicitudes, mayoritariamente para optar por primera vez a la este certificado, pero también para mejorar la categoría o para renovar la acreditación alcanzada en el año 2017 (tiene una vigencia de dos años). Asimismo, en esta VI convocatoria otras 47 entidades han renovado los diplomas QH lograda en 2017, en la misma categoría que se les otorgó entonces.