La fórmula que usan los médicos en los hospitales para determinar la supervivencia

Varios hospitales recurren a un programa informático que determina la posibilidad de supervivencia ante la avalancha de enfermos y la falta de medios

A pesar de que la verdadera eclosión de casos de coronavirus en España apenas ha estallado aún, la situación en los hospitales empieza a ser kafkiana. Blindados totalmente a cualquier tipo de acceso externo y en estado de máxima alerta desde hace días, los sanitarios que trabajan en ellos no dan abasto en la atención de unos infectados que primero llegaban a cuentagotas y ahora lo hacen en riadas ante la elevada capacidad de propagación de la enfermedad.

Médicos, enfermeras, auxiliares y celadores no tienen manos para clasificar a los afectados, distribuirlos en los servicios adecuados, atenderles y proporcionarles medios de alivio adecuado para evitar que la enfermedad ponga fin a sus días. Aunque empiezan a llegar remesas de materiales, la lista de necesidades presentes y futuras es interminable: reactivos de Pcr, respiradores, tales, mascarillas, trajes, guantes...

Nunca antes se había visto algo igual. Ni durante el 11-M. Tal vez sólo durante el estallido de la crisis del aceite de colza, como recuerdan los médicos de más edad que en aquella época eran residentes. “Cuando acaba su turno, la gente se va llorando a casa”, comentan a este periódico dos médicos de hospitales madrileños que están en primera línea de batalla. Uno desde el servicio de urgencias de un gran hospital y otro desde una Unidad de Vigilancia Intensiva (UCI) especialmente golpeada por el virus.

La avalancha de pacientes es tal, que los médicos se están empezando a topar con una dura decisión: a quién salvar y a quién no. El circuito que siguen los infectados en unos centros sanitarios reconvertidos a marchas forzadas en hospitales de campaña es el siguiente: primero llegan a urgencias y si su estado de salud y los indicios de estar infectados son evidentes, se les ingresa en plantas que ya están repletas de afectados por el coronavirus. Entra en juego aquí el Servicio de Medicina Interna. Dada la saturación de los hospitales y, sobre todo, de las Unidades de Vigilancia Intensiva, también conocidas como UCIS, los sanitarios de dicho servicio tratan de aguantarles lo máximo posible hasta que los problemas respiratorios son especialmente graves. En última instancia, optan por enviarles o no a estas unidades de críticos para intubarles y tratar de salvarles la vida.

Aunque no hay todavía un protocolo de selección de pacientes como tal, los médicos de los hospitales con las UCIS más saturadas están actuando de forma espontánea para dar la respuesta más efectiva en el menor tiempo posible. Muchos recurren ya a un enlace informático estándar que mide la posibilidad de supervivencia del afectado en función de varios parámetros que registran las constantes vitales. Este enlace, http://www.somiama.org/APACHE2SOMIAMA/, determina la posibilidad de supervivencia del enfermo en base a criterios estandarizados. Fuentes sanitarias que trabajan en las UCIS explican que ya se está aplicando triajes -así se denomina a este proceso de selección de enfermos- ante la avalancha de infecciones que llegan y la falta de medios provocada por esa riada. Su utilización implica en algunos centros y lo hará previsiblemente en el resto dejar fuera de las UCIS a los pacientes con problemas respiratorios graves causados por coronavirus que superen la edad de 75 años. Este criterio también excluye a enfermos de más de 65 años con coronavirus que tengan alguna enfermedad crónica de base. Su posibilidad de mortalidad es tan alta que la atención en estas unidades de críticos implicaría un ensañamiento terapéutico infructuoso privando de un recurso vital a otros infectados con posibilidades mucho más elevadas de salvación.

El criterio aplicado también excluiría a los menores de 65 años que presenten unos parámetros cardiacos o de respiración tales, que disparen su potencial mortalidad por encima de una tasa del 25%. El criterio de decisión sobre supervivencia es una constante diaria en las UCIS, pero se agudiza ahora ante una explosión letal de casos que irá creciendo a los largo de los próximos días.