La primera vacuna probada en ratones que puede con el coronavirus

La vacuna ha conseguido generar anticuerpos específicos para el SARS-CoV en cantidades consideradas como suficientes para neutralizar el virus

La carrera por conseguir un tratamiento o una vacuna contra la Covid 19 recibió ayer un impulso espectacular. En medio de la vorágine de más de 56 proyectos de investigación repartidos por decenas de países y en los que participan cerca de 300 instituciones, un equipo de la Universidad de Pittsburgh anunció los primeros resultados prometedores de una posible vacuna contra el nuevo coronavirus. El anuncio, que se basa en investigaciones con ratones, cuenta con un valor añadido: es la primera vez que una terapia frente a Covid 19 es revisada por pares, es decir, sigue el método de contrastación por la comunidad científica indispensable para validar cualquier nuevo avance.

La terapia ayer presentada se suministra a través de un parche del tamaño de la yema de un dedo y es capaz de producir suficientes cantidades de anticuerpos como para combatir la infección por coronavirus, al menos en ratones.

Su funcionamiento se basa en el conocimiento obtenido en los últimos años de la proteína S (spike) de coronavirus como el causó la última epidemia de SARS en 2013 o el brote de MERS en 2014. Estos dos virus están muy íntimamente relacionados con el causante de la pandemia actual. El estudio de ambos ayudó a entender como esa proteína en concreto juega un papel fundamental a la hora de inducir inmunidad contra la infección.

En la actualidad existen varios proyectos de investigación de posibles futuras vacunas, algunos de ellos, basados en tecnologías de vacunas de ARN, están en fase de ensayo clínico con humanos. Pero esta estrategia es diferente. Desarrollada bajo el nombre de PittCoVacc, utiliza fragmentos de proteína viral confeccionados en laboratorio, algo parecido a lo que ocurre con las convencionales vacunas de la gripe estacional.

El compuesto fabricado se inocula de manera similar al sistema de administración cutánea de la vacuna de la viruela, pero con un método más cómodo. En concreto se emplea una tecnología conocida como haz de microagujas, un parche que contiene 400 agujas microscópicas que introducen los segmentos de proteína Spike del virus en la piel.

El parche se ajusta durante un tiempo pegado en la piel y las agujas compuestas entre otras cosas de azúcar, se terminan disolviendo de manera natural.

Los primeros resultados de los estudios con ratones han sido muy prometedores. Se ha conseguido generar inmunidad contra el coronavirus en los animales en las dos semanas posteriores a la inyección del producto. Esto significa que existe un periodo de latencia relativamente corto entre el momento en el que el individuo recibe la vacuna y el momento en el que, en teoría, se confirma la inmunidad. No tenemos datos de hasta cuándo puede durar esa inmunidad pero estudios previos con vacunas similares contra el MERS demostraron una efectividad en animales de laboratorio de al menos un año.

El proceso de fabricación de la vacuna también es prometedor. Se trata de sistema llamado “fábrica de células” que consiste en la superposición de capas celulares diseñadas para expresar la proteína S del virus en cuestión. El método es totalmente escalable de manera que aumentando el número de capas se puede multiplicar la capacidad de producción de medicamento.

Este es un factor muy a tener en cuenta en el momento en el que nos encontramos. En la mayoría de los procesos de fabricación de vacunas no es necesario asegurar la escalabilidad del proceso. Pero ante una crisis sanitaria global como la que padecemos es imprescindible contar con procesos de fabricación rápidos, modulares y que puedan adaptarse rápidamente a los cambios de demanda.

Otro punto a favor de esta nueva vacuna es su supuesta seguridad. Aún no podemos certificar que sea absolutamente segura en humanos puesto que no se han iniciado los ensayos clínicos con pacientes, pero a tratarse de una tecnología basada en conocimientos ya testados las posibilidades de que los ensayos sean positivos de manera muy rápida aumentan.

Por último, el sistema de microagujas utilizado ha demostrado seguir siendo eficaz incluso después de someterse a esterilizaciones potentes con rayos gamma, lo que supone una garantía mayor de seguridad en humanos.

En condiciones normales, los ensayos con humanos requerirían de al menos un año de trabajo pero es probable que, las críticas circunstancias en las que nos encontramos, los procesos se puedan acortar para tener la vacuna disponible lo antes posible. Ningún autor del trabajo se ha atrevido, sin embargo, a pronosticar cuándo.

Una carrera global

En la actualidad existen 52 proyectos de investigación que persiguen la primera vacuna contra el coronavirus. Entre ellos el Consejo Superior de Investigaciones Científicas lidera dos a través del Centro Nacional de Biotecnología y del Laboratorio de Coronavirus del CSIC. Se basan en aproximaciones clásicas como el uso de vectores virales o de virus atenuados. Ambos están aún en fase preclínica. Internacionalmente solo hay tres proyectos de vacunas que están en fases de ensayo con humanos o a punto de comenzarlos y que se supone que son las que más pronto estarán disponibles. En cualquier caso, es muy improbable que contemos con una terapia de inmunización a escala global en menos de un año.

Y mientras tanto…

Mientras llega la vacuna las mayores esperanzas están depositadas en el hallazgo de una terapia antiviral que sea eficaz para detener los síntomas de la Covid-19. En cuestión de días dará comienzo el primer ensayo clínico en humanos adultos de la molécula remdesivir aplicada a afectados por este nuevo mal. Se trata de tres estudios con 1.000 pacientes fundamentalmente de Asía. El remdesivir es un medicamento que también se ha probado en pacientes de ébola y SARS.

Esta molécula puede ser usada en casos extremos, como uso compasivo en algunos países para pacientes cuyo estado es muy grave y bajo consentimiento expreso del enfermo. Las pocas veces que se ha administrado ha logrado resultados prometedores, pero es necesario validar estos resultados con tests rigurosos en humanos.

Según el Documento técnico de Manejo clínico de pacientes con enfermedad por el nuevo coronavirus (Covid-19), publicado por el Ministerio de Sanidad, “no existe actualmente evidencia procedente de ensayos clínicos controlados para recomendar un tratamiento específico para el coronavirus SARS-CoV-2 en pacientes con sospecha o confirmación de Covid-19”. Aunque algunos fármacos como remdesivir, lopinavir y ritonavir (estos últimos empleados contra el VIH) pueden ser útiles si se administran bajo consentimiento informado del paciente.