Terapia con cuencos tibetanos, ¿eres escéptic@ o convencid@?

Por un lado están los que defienden su eficacia como terapia complementaria y adicional para patologías como la fibromialgia o la depresión. Por otro, los que solo ven en ellos un instrumento capaz de ayudar a las personas a entrar en un estado de relajación profunda. Lo cierto es que, cuando oyes su vibración a tu lado, su sonido atraviesa todos los sentidos, dejando muy limitada la interpretación de la mente.

El sonido que emiten los cuencos tibetanos se usa como terapia adicional o complementaria en algunas patologías.
El sonido que emiten los cuencos tibetanos se usa como terapia adicional o complementaria en algunas patologías.Magic bowls

Los originales están hechos a mano y compuestos de siete metales: cobre, estaño, zinc, hierro, plomo, oro y plata. Hay quien dicen que, realmente, solo son de dos, cobre y estaño, que son los que generan la resonancia, y que la cantidad del resto de metales es imperceptible. Existen varias teorías sobre el origen de los cuencos tibetanos; una de ellas los relaciona con la religión chamánica Bön, que existía en el Tíbet varios siglos antes de la llegada del budismo; otra lo sitúa en China en la Edad de Bronce y así hasta una decena de diferentes versiones. Lo cierto es que de Tíbet solo queda su nombre, misticismo y forma de manufacturación, ya que la mayoría son fabricados principalmente en Nepal e India. También los hay de cuarzo y de otros minerales y el sonido que emiten es ligeramente distinto.

Sonido de relajación

A simple vista, para un neófito en la materia, podría ser un bello utensilio decorativo, o de cocina. Su poder se descubre cuando se choca el mazo contra el borde del cuenco y, después, se fricciona (con algo de experiencia) en círculos hasta obtener una vibración. Cuando se hace bien, el sonido reverbera por todo el entorno, entra y sale y vuelve a tus oídos como una grabación en 8D, y, de un modo casi mágico, hace que puedes escuchar ni pensar en otra cosa. Su uso más extendido, y a prueba de escépticos, es como medio de relajación, en sesiones de yoga, meditación, en masajes relajantes y terapéuticos o, sencillamente, como instrumentos para el disfrute de los sentidos. Así los define Alfredo Porras, un virtuoso de los cuencos de cuarzo, de los más conocidos en este ámbito. “Los cuencos emiten dos tipos de sonidos: de nota fundamental y armónicos. Es en estos últimos donde reside, para mí, su poder. Cuando emites sonidos armónicos, y más cuando salen varios, de alguna forma el resultado satura nuestro cerebro, favoreciendo que este cambie las ondas cerebrales y ayudando a entrar en estado de relajación". Hasta ahí. Sin embargo, hay estudios científicos que le atribuyen beneficios más complejos.

¿Qué dice la ciencia?

Un estudio pionero en Europa sobre el impacto de la vibración y la musicoterapia en la salud realizado por la Universidad de Granada demostró que la terapia con sonidos y la visualización de imágenes reducen considerablemente el dolor provocado por enfermedades como la fibromialgia, influyen positivamente en estados de ansiedad, depresión o estrés y mejoran el insomnio. Esta es la línea en la que la terapia con cuencos tibetanos tiene mayor “aceptación” en la comunidad médica: usada como técnica complementaria y adicional a otros tratamientos.

Para llegar a resultados como este, muchos otros tuvieron que experimentar con materiales primarios para intentar demostrar la conexión entre los sonidos y los cambios en la materia. "El primero fue el físico y músico Chladni, el cual, depositando arena fina encima de una placa de metal y provocándole vibraciones con un arco de violín, se percató de cómo la arena se movía formando figuras geométricas. Descubrió que, en función del tono del sonido o la frecuencia de su melodía, se creaban diferentes patrones”, explica Gerard Ros, profesional de terapias holísticas. No fue hasta 1967 cuando un médico suizo, Hans Jenny, dio vida a una nueva ciencia, la cimática, que estudia cómo el sonido y sus correspondientes vibraciones se pueden convertir en visibles mediante la aplicación de unas determinadas técnicas. "Hizo infinidad de experimentos, probando con diversos materiales (arena, raspaduras de hierro, sal, entre otros) y con todas las frecuencias. Como resultado, obtuvo numerosos patrones y llegó a la conclusión de que, cuando la materia era transportada por sonidos graves, ésta creaba patrones muy sencillos, al contrario que cuando se generaban sonidos agudos, que formaba figuras muy complejas”, añade.

Sonoterapia

Hans Jenny es también es el creador de la teoría de que el ser humano y todos los seres vivos del planeta son el resultado de cómo las vibraciones han afectado a nuestras células y, sobre todo, a nuestra estructura atómica. Un avance que dio lugar a la sonoterapia y a otras muchas terapias relacionadas con los beneficios de los sonidos sobre la salud. “Fue clave demostrar que las células responden al sonido, ya que eso significa que, usando los sonidos adecuados, podemos ayudar a reestructurar nuestro organismo”, argumenta Ros

Y, como conclusión, lanza un reto para los escépticos. “Les diría que no se creyeran ni rechazaran nada de lo que se dice sobre algo, sino que, por un momento, se dieran el placer de sentirlo, soltar la mente y atravesar todas aquellas estructuras y creencias que nos impiden abrirnos a nuevas posibilidades. Así, desde su experiencia, pueden llegar a su propia verdad”.