No solo tu piel necesita vitamina D

Conocida por ser la vitamina del sol y por sus implicaciones directas en el metabolismo del calcio, se sabe que, su carencia, debilita el sistema inmune y favorece la aparición de enfermedades dermatológicas.

Los meses de confinamiento hicieron especialmente “famosa” a esta vitamina, dado que la escasa exposición a la luz solar, unido a otros factores como el tabaquismo y el sedentarismo, evidenciaron una carencia importante, especialmente en población de riesgo de Covid-19. Lo cierto es que, desde hace años, ya se conoce que la vitamina D tiene efectos en la salud de nuestro sistema inmune y en la regulación de algunas enfermedades, entre ellas las enfermedades de la piel.

El descubrimiento de estas nuevas evidencias ha motivado que las investigaciones se centren en detectar los niveles de este nutriente tanto en población sana como en pacientes afectados por enfermedades crónicas o que cursen con inflamación importante (como la infección por Covid-19), y se sabe que son muy inferiores a lo recomendable. Un trabajo reciente, que ha recibido el premio al mejor artículo de formación por parte de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV), incide en que, incluso sería recomendable que se incluyera la valoración de los niveles de vitamina D en las analíticas que se solicitan para ciertas enfermedades de la piel.

Uso en enfermedades cutáneas

La razón es porque es en este ámbito donde se ha estudiado, de un modo más completo, los efectos de la carencia de esta vitamina. “Hace ya algún tiempo que se han relacionado claramente los niveles bajos de vitamina D con ciertas patologías cutáneas, en cuanto a mayor frecuencia y severidad de los síntomas. Realmente, el auténtico desafío se encuentra en determinar si su administración en dichas enfermedades conduce a una mejoría clínica”, señala Elisa Pinto, jefe de servicio de Dermatología del Complejo Hospitalario Ruber- Juan Bravo, de Madrid

Concretamente, en algunas de ellas se han conseguido importantes avances gracias a la administración oral de derivados de este nutriente .“Quizá el primer gran logro fue comprobar la relación positiva de la terapia con derivados de vitamina D en pacientes con psoriasis. El tratamiento oral planteaba problemas por sus efectos secundarios, pero la terapia local con estos productos supuso una revolución tanto por su eficacia, como por los escasos efectos adversos, lo que permitía sustituir terapias tópicas más agresivas”, señala Pinto. “Algo similar ocurrió en el tratamiento tópico del vitíligo, en el que sucesivas publicaciones determinaban mejoría clínica tras la administración de estos fármacos locales. En otros casos, la mejoría clínica es secundaria a algún efecto paralelo en su administración, como es el de la dermatitis atópica, donde la administración de este nutriente parece reducir las colonias de la bacteria que provoca los brotes severos, mejorando el estado del paciente”. añade.

En la misma línea, se ha mostrado que su uso también mejora la clínica de pacientes con erupción solar polimorfa (sarpullido en la piel de personas con sensibilidad a la luz solar que se ha expuesto a ella), disminuyendo la reacción alérgica. “Sin embargo, hay algunas otras condiciones en las que aun no ha mostrado una evidencia de mejora significativa, como en el acné, la hidrosiadenitis o el lupus eritematoso sistémico”, concluye la dermatóloga.

Los expertos concretan también que, en el caso de la administración externa de suplementos vitamínicos de esta vitamina, no hay que olvidar que pueden causar toxicidad, a niveles iguales o superiores a 200 ng/ml . “De ahí la importancia de un asesoramiento médico adecuado respecto a dosis diaria recomendada con controles analíticos periódicos”.