Colau, fuera de cobertura

Recientemente, el Ayuntamiento de Barcelona levantaba una polvareda política con un artículo en el que solicitaba una moratoria en la implantación de la tecnología 5G «hasta que se sepa con certeza que no afecta a la salud». Pero ¿qué hay de cierto?

Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau
Alcaldesa de Barcelona, Ada ColauALBERT GEAREUTERS

En los últimos días, un artículo publicado en la web del Ayuntamiento de Barcelona ha generado un gran revuelo. Aunque fue eliminado de la página, el artículo «El 5G no es inocuo» abogaba por «una moratoria al despliegue de la tecnología hasta que se sepa con certeza que no afecta a la salud y al medio ambiente». También se instaba a usar lo mínimo posible los dispositivos (móviles y tabletas principalmente) que utilicen esta tecnología, recurrir a las conexiones inalámbricas solo cuando sea necesario, apagar el wifi y el móvil mientras se duerme y no llevar los dispositivos conectados muy cerca del cuerpo, ya que, según los autores del texto, estos gestos y el despliegue de la red 5G aumentarán notablemente la exposición a los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, que genera efectos para la salud como cáncer, enfermedades cardiovasculares, daños neurológicos, deterioro cognitivo, trastornos del sueño, infertilidad, estrés oxidativo...particularmente en «personas electrosensibles».

Vamos por partes porque todo esto merece una explicación. Podríamos decir que esta paranoia por cómo nos afectan los móviles comenzó ya en 2000, cuando Bill P. Murray (médico experto en el impacto de los rayos X en el cuerpo humano) realizó un análisis para el Estado de Florida y determinó que la radiación de tipo electromagnética, en especial, las ondas de radio, podían «ser un grave peligro para la salud». Murray midió el impacto de este tipo de radiación en el tejido cerebral y los resultados daban cierto temor. El problema es que las ondas que midió, las de radio, son de una frecuencia tal que apenas si llegan a tener incidencia sobre la piel y Murray las midió sobre tejido cerebral. Es decir, si no tuviéramos ni piel, ni huesos, el impacto del móvil sí podría resultar dañino para algunas personas y en ciertas dosis. Pero gracias a la barrera dérmica, apenas tiene incidencia en nuestra salud.

Por otro lado, muchas fuentes citan un estudio publicado en 2011 por la OMS en el que 30 científicos internacionales, parte del grupo de trabajo de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, se reunieron para evaluar el riesgo de desarrollar cáncer como resultado de la exposición a estas radiaciones. Los resultados del estudio publicado en «The Lancet Oncology» señalan que «es posible una interpretación causal entre la exposición a las ondas utilizadas por los móviles y el glioma». Investigaciones más pequeñas respaldaron una conclusión similar para el neuroma acústico, pero la evidencia no fue convincente para otros tipos de cáncer. Para llegar a esta conclusión se analizaron cinco casos individuales y se compararon estudios en animales. La evidencia, y de esto es a lo que se agarran los que están en contra del uso del móvil por sus efectos en la salud y llevaron a la OMS a calificarlos como «posiblemente cancerígenos para los humanos (Grupo 2B)».

Lógicamente, esto asusta. Pero si miramos qué otros nombres forman parte de este Grupo 2B en el listado de la OMS, vemos a las hojas del aloe vera, los gases de escape de gasolina, los vegetales en escabeche y medicamentos como anticonceptivos de progesterona, oxazepam y sulfasalazina. Así que, si vamos a hacer campañas de móviles, en contra de uso por razones de salud, también deberíamos estar en contra de los cosméticos con aloe vera y de las conservas encurtidas.

De hecho, la OMS señala que, «hasta la fecha, no se han confirmado efectos adversos para la salud de la exposición de bajo nivel a largo plazo a campos de radiofrecuencia o frecuencia industrial, pero los científicos continúan investigando activamente esta área». Al mismo tiempo, la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos afirma que «a niveles relativamente bajos de exposición a la radiación de radio frecuencia, es decir, niveles más bajos que los que producirían un calentamiento significativo, la evidencia de la producción de efectos biológicos nocivos es ambigua y no está comprobada».

Los electrosensibles

También está el tema de las personas electrosensibles. Más allá de que nunca se ha demostrado científicamente esto, la OMS ha sido muy clara al respecto. La hipersensibilidad eléctrica o EHS «se caracteriza por una variedad de síntomas no específicos que difieren de un individuo a otro. Los síntomas son ciertamente reales y pueden variar ampliamente en su gravedad, cualquiera sea su causa. La hipersensibilidad electromagnética no tiene criterios de diagnóstico claros y no hay una base científica para vincular los síntomas de EHS con la exposición a las radiaciones vinculadas a dispositivos móviles. Además, EHS no es un diagnóstico médico, ni está claro que representa un solo problema médico». Queda dicho: los síntomas no son específicos, no hay criterio de diagnóstico, pueden varias las reacciones y no existe un diagnóstico médico.

Es importante comprender que existe una enorme diferencia entre «no se han detectado efectos negativos» y «se desconocen los efectos negativos». Del mismo modo que el estudio de Murray detectó importantes reacciones del tejido cerebral, realizar un estudio y no identificar efectos adversos es una forma de decir que no los hay, no que no los vieron.

De acuerdo con Andrew Wood, responsable del Centro Australiano Multiinstitucional para la Investigación de Bioefectos Electromagnéticos, «a medida que aumenta la frecuencia de las ondas electromagnéticas, la profundidad de penetración en los tejidos biológicos disminuye, por lo que la piel y los ojos, en lugar del cerebro, se convierten en los principales órganos de preocupación. El obstáculo básico es que los niveles de potencia involucrados en las telecomunicaciones móviles e inalámbricas son increíblemente bajos, lo que, a lo sumo, produce aumentos de temperatura en el tejido de unas pocas décimas de grado. Por lo tanto, detectar cambios biológicos inequívocos es muy difícil».

Se seguirá investigando porque los científicos no cesan en su empeño de confirmar por todos los medios las evidencias, pero, por ahora, todas ellas indican que los móviles y el 5G no son dañinos para nuestra salud. ¿Por qué entonces muchos se empeñan en señalar esto? ¿Por qué Barcelona, sede del evento de telefonía móvil más importante del mundo, apoyó en un momento dado la idea del 5G como algo dañino?

Básicamente y sin entrar en apreciaciones políticas, las creencias se sostienen con mucha más facilidad que los argumentos, que hay que comprenderlos, razonarlos y evidenciarlos. Basta decir «yo creo que el 5G es dañino», sin dar argumentos y sin revisar los pocos estudios que lo apoyan, para no necesitar una base sólida sobre la cual sustentarlo. En cambio, para convencer a alguien que no hace daño puede que nunca haya argumentos suficientes.