El pin tecnológico del que sí deberíamos preocuparnos

Compañías como Apple, Google o Facebook han diseñado aplicaciones para controlar el uso de sus propias «máquinas», pero los jóvenes son capaces de sortearlas

Quienes hoy somos padres o madres recordamos con nitidez cuando nos llamaba la atención que nuestros progenitores no pudieran controlar un aparato de vídeo o un DVD. A la primera señal de frustración, al primer obstáculo que se presentaba, nos llamaban para arreglarlo: «¿Cómo se programa?», «¿Cómo funciona el mando?», decían. Y nosotros, sin internet, ni redes sociales, lo resolvíamos. ¿Cómo? Experimentando. No es solo que nuestros hijos hayan nacido con un móvil en la mano, es que no tienen miedo de experimentar y de equivocarse, una receta perfecta para que se quieran saltar los límites de tiempo a la hora de usar dispositivos y se lleven por delante las barreras que gigantes tecnológicos, como Google, Facebook o Apple, ponen a disposición de los adultos para que intentemos evitar que accedan a determinadas páginas.

A la hora de poner límites tecnológicos, los adultos contamos con diferentes herramientas. El sistema operativo iOS, en los dispositivos Apple, cuenta con la opción «tiempo de uso» que permite regular la cantidad de horas o minutos que usamos cada aplicación. En la teoría es una opción muy buena para evitar que se abuse del tiempo de pantalla, el problema es que tiene brechas. Supuestamente, impide que se usen apps como YouTube después de determinada hora… pero si se accede a través de iMessage, sí es posible. Basta enviar o recibir un mensaje con el link del vídeo. La forma de descubrir esto es sencilla: abren todo aquello que no está censurado y prueban opciones, hasta que descartan todo. Otra posibilidad es borrar aplicaciones y luego volver a descargarlas.

Los fallos en la programación y las brechas de seguridad en ciertas aplicaciones tienen importantes consecuencias. Recientemente, un adolescente de 14 años, Grant Thompson , descubrió un error en la aplicación FaceTime, también de Apple: básicamente, era posible espiar el iPhone de otros usuarios. Aunque no hubo declaraciones oficiales, la compañía de la manzana ha recompensado a Grant por este descubrimiento. Otra opción, también descubierta por menores, es el uso del gestor de contraseñas. Tanto Apple como los dispositivos con Android incorporan esta función que permite, si aceptamos, recordar las contraseñas a páginas web, servicios de streaming, correos electrónicos, etc. Obviamente, es muy práctica si tenemos más de un «password». Nuestros hijos, aquellos a los que limitamos el tiempo de acceso a internet, han descubierto que existe una brecha en dicho sistema. Si quisiéramos cambiar una de las contraseñas, se abre una ventana de un navegador predeterminado. Es cierto que es básico, pero este también abre la puerta a internet. De hecho, en foros de redes sociales y páginas de Reddit, se ven hilos en los que menores de edad sugieren cambiar las contraseñas para que solo ellos tengan acceso (y conocimiento) a este navegador. Porque sí, nuestros hijos, entre ellos, chatean de mucho más de lo que pensamos y a menudo eso incluye pasarse información para saltarse ciertas normas. Lo difícil de pillarlos es que el gestor de contraseñas no se puede bloquear con otra, ya que forma parte de las preferencias del sistema. Más allá de las posibles configuraciones de dispositivos, también hay aplicaciones que regulan el tiempo de uso del mismo y las páginas visitadas. Un ejemplo es Family Link, de Google. En primera instancia, parece una buena opción, pero incluye varios problemas. La app regula o prohibe el acceso a ciertas ventanas, lo que no hace es regular el uso que le damos a las app permitidas… que, a veces, sí pueden dar acceso a las páginas vedadas. Un ejemplo: quizá dejemos que nuestros hijos accedan a YouTube, pero no a Tik Tok. El problema es que un vídeo puede contener un enlace a esta popular red social y si accedemos mediante una app permitida, se abrirá libremente. Y más: al descargar este tipo de apps le damos a los responsables (en el caso de Family Link, Google) el móvil, con número, marca y modelo, acceso a su localización, el historial de búsqueda, con quién chatea, el teléfono de quien le llama y sus mensajes de audio.

Finalmente, también está Facebook. La aplicación Messenger Kids, de la red social, posee como objetivo evitar que los menores hablen con usuarios que no han sido aprobados por sus padres, pero hace poco se detectó un fallo de diseño que hacía posible crear un chat grupal en el que se agregaran personas (adultas o menores de edad) no aprobadas. El error se resolvió, aunque demostró que nuestros hijos cuentan con muchos más recursos de lo que pensamos para rodear los obstáculos que les ponemos.

En este sentido, una opción es configurar la red wifi de casa para que no se puedan conectar en determinados horarios, pero no siempre es posible, ya que se pueden conectar a redes de vecinos, reconfigurar ellos mismos el router o acceder mediante otros dispositivos usando conexión compartida.

La realidad es que no es lógico ni deseable que el único control del uso de la tecnología lo ponga la propia tecnología. Aquí debe haber un diálogo en el que quede claro cuáles son las razones por las que no se puede acceder a internet o a un dispositivo en determinado horario e, igual de importante, dar una alternativa. No basta simplemente con limitar y esperar que todo marche de acuerdo a nuestro deseo. A veces aceptarán la orden, pero otras intentarán saltarse las normas.