Posible repunte vocacional por la cuarentena

Las peticiones de oración se multiplican en los monasterios

Puerta de un convento
Puerta de un convento

El síndrome de la cabaña. El de aquellos que tienen miedo a salir de casa tras la cuarentena. Pero, ¿y si el confinamiento pudiera generar un despertar de la clausura, no por temor sino como llamada a la felicidad? «Todos llevamos un monje dentro. Por eso no me extrañaría que se dieran signos de una nueva vida eremítica, en soledad y contemplativa en el corazón de muchas personas. Esa es la profecía de la vida monástica. Que eso sea motivo trascendente y teologal, para que alguien decida entrar en un convento es arriesgado, pero no imposible», comenta el sacerdote Ángel Moreno.

«¿Un repunte vocacional? ¿Por qué no?», plantea Maruca. «El otro día un sacerdote me dijo que veía caras nuevas en su parroquia tras la reapertura. Seguro que habrá gente que descubra que su vida es algo más que salir, trabajar y divertirse», confía esta religiosa, que también constata cómo «nos han llovido las peticiones de oración en estas semanas».

La abadesa alcalaína está convencida de que «la vida contemplativa se está valorando más tras la pandemia. Hay mucha gente que está volviendo a rezar, aunque no se traduzca tanto en el culto o en el prefecto». Por eso, considera fundamental que ahora ellas, como monjas, sea capaces de recoger el guante «a través de nuestro testimonio de vida».

«Si empezamos a decir palabras bonitas y elevadas que no se entiendan, no ayudaremos a la gente. Necesitan palabras normales, no elevarnos mucho. Basta con acompañar y abrirles a rebuscar en su interior. El trato con Dios vendrá después», asegura la abadesa.

De las Heras no las tiene todas consigo del rebrote de la interioridad: «No hemos optado por los límites, sino que nos los han impuesto por una causa de fuerza mayor. Los verdaderos cambios se producen cuando una persona incorpora en su día a día hábitos saludables de la contemplación como el silencio, la escucha interior, la austeridad, cultivar relaciones sanas con los otros, compartir los bienes…». A falta de repunte vocacional, sí confía en que «por la vía de la esencialidad se extienda la sociedad de los cuidados de la que son expertos los consagrados: el cuidado personal y el cuidado de los demás».

«Se necesitan almas contemplativas, no solo los que vivimos en el claustro. La oración es el alma de todo apostolado. Si faltaran los contemplativos, faltaría el corazón oculto de la Iglesia que está bombeando, por ejemplo, a tantos misioneros para anunciar el Evangelio» expone sor Maria Concepción, con la mirada puesta en la Jornada Pro orantibus.