A lo esencial

Sí, mandatarios de la educación, hay que ir a lo esencial; eso que es tan importante y necesario que no se puede prescindir de ello. Si conseguimos garantizar la salud, hemos de preguntarnos inmediatamente de qué no pueden prescindir nuestros niños. En asunto de materias los profes saben bien qué es lo que recordamos y necesitamos saber de esos temarios extensos. No es tantísimo, la verdad. Yo, aunque quizá no sirva de ejemplo, aprendí poco en el colegio: a leer y a escribir, a hacer las cuentas elementales y a saber que existía la poesía. Con eso de mayor me defendí bastante bien en la vida. Lo que no olvidaré de la escuela son algunos momentos y profesores que me dieron alas para seguir aprendiendo. Aquella profesora de francés que, conocedora de mis problemas, me decía a escondidas lo que iba a poner en el examen. Aquella de Lengua que nunca ponía un diez y a mí me lo puso un día. Aquella de gimnasia que adoraba mi elasticidad. O aquel severo jefe de estudios que me castigaba con bajar a bailar a la sala de profesores. Ellos fueron mis maestros porque me marcaron por dónde iba mi camino sin tener en cuenta mis carencias  en otras asignaturas. 

Además de por la salud, están preocupados los profes, y no es de extrañar, con no poder cumplir los temarios exigidos. Hagamos del mal virtud, señorías. Aprovechemos esta pandemia maldita para revisar la forma de educar a los pequeños. Hay que ir a lo esencial, olvidarse de tanta fórmula obsoleta y confiar en los que están cada día con nuestras criaturas. Es la situación perfecta para centrarse en la emoción, el talento y la responsabilidad. Y todo jugando.