Los peligros de la Operación Retorno

La incorporación de cientos de miles de trabajadores a sus puestos, la vuelta al colegio y la presión en atención primaria puede convertirse en una «mezcla explosiva», según los expertos

Vuelve la rutina, el regreso a los colegios y los centros de trabajo, y con ella un aumento exponencial de los contactos entre personas con el consiguiente riesgo de contagios, máxime cuando éstos se han disparado en las últimas semanas y ni Sanidad ni las comunidades autónomas han sido capaces de ponerles freno. Coincidiendo con el inicio de septiembre van a volver a reunirse en los lugares de trabajo cientos de miles de trabajadores que regresan de sus vacaciones, y que durante el verano se han repartido por todos los rincones de España, unos en zonas de máximo riesgo y otros en regiones menos castigadas por los rebrotes. Su vuelta a las oficinas, empresas, industrias, fábricas y zonas comerciales implica, inevitablemente, un mayor riesgo de contagios y puede convertirse en una «mezcla explosiva», según anuncian los expertos. Y como telón de fondo, la atención primaria, que es el verdadero dique de contención de la pandemia, sacudida por su endémica falta de recursos humanos.

«Sin duda el éxodo vacacional de las grandes ciudades trasladó el riesgo de éstas a los lugares de veraneo. Así que es muy probable que con el regreso hacia las ciudades y la reanudación de las dinámicas habituales de contacto social que implican la incorporación al lugar de trabajo o la escolarización, veamos que aumenta el riesgo de contagio comunitario», afirma Salvador Tranche, presidente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. «La atención primaria no está preparada para afrontar esta ‘operación regreso’ porque las administraciones no han incorporado los recursos que prometieron durante la primera ola epidémica: no han aportado recursos a los equipos, la realidad ha sido que el número de rastreadores contratados ha sido muy escaso y tampoco han mejorado los sistemas de información. Nos faltan recursos humanos, pero también de tipo tecnológico con sistemas de información y de coordinación con salud pública.

Al contrario de lo que ocurrió en la primera fase de la pandemia, donde fue casi imposible predecir la situación, en esta fase sí ha habido tiempo para planificar la atención y organizar los servicios sanitarios. Si no lo han hecho, además de las responsabilidades sanitarias, es probable que también existan aquí responsabilidades jurídicas», añade Tranche. «El hecho de que coincidan en el tiempo la epidemia estacional de gripe, las infecciones respiratorias y el coronavirus, unido a la situación que ya estamos percibiendo con muchos brotes sin controlar, aumento diario de casos, hospitalizaciones y fallecimientos, y al agotamiento de los profesionales, nos coloca en una situación de tormenta perfecta», prosigue Tranche. «Quiero pensar que las medidas de protección social (distanciamiento, mascarillas y lavado de manos) junto con un aumento en la cobertura de la vacunación contra la gripe, así como disponer de pruebas diagnósticas, pueden ayudarnos enormemente. Sin embargo, si no se incorporan recursos a atención primaria, ésta no podrá contener y gestionar la pandemia, que se transmitirá rápida y exponencialmente colapsando el sistema hospitalario».

Ante el reto de la vuelta al trabajo, advierte la psicóloga Aurora López, «es inevitable que haya incertidumbre y miedos. En la situación actual es habitual que haya una mayor sensación de inseguridad, porque son muchas las normas que debemos seguir que antes pasaban totalmente inadvertidas: la distancia social, la mascarilla, el frecuente lavado de manos... Eso hace que tengamos que estar hipervigilantes, en un estado de alerta casi constante. Nos sentimos preocupados por nuestra seguridad y por la de los demás, y esto puede fácilmente generarnos estrés. Los primeros días de la vuelta al trabajo hay una gran exigencia, con el fin de recuperar todo el tiempo perdido, lo que provoca que tengamos dificultades para descansar, haya desórdenes alimenticios y nos encontremos más irritables que de costumbre. Al principio es importante no exigirse mucho. Los cambios siempre son complicados y nos tenemos que dar un tiempo para ir adaptándonos poco a poco. Si pretendemos hacerlo por la vía rápida hay mayores posibilidades de frustración».

Joan Carles March, especialista en Salud Pública, profesor de la Escuela Andaluza de Salud y codirector de la Escuela de Pacientes, sostiene que «el regreso de millones de españoles genera una gran incertidumbre. No sabemos qué va a ocurrir cuando pasen de una comunidad autónoma con una transmisión determinada a una comunidad limítrofe con otra transmisión distinta. Tampoco sabemos qué va a pasar con la vuelta al trabajo, y también ignoramos cómo se va a comportar el virus con la movilidad, aunque lo que sabemos no es muy bueno para los meses de febrero y marzo». Y añade: «La atención primaria ha sido y será el dique de contención de la pandemia, gracias a la gran cantidad de acciones que diariamente se hacen desde los centros de salud y consultorios locales: atención a personas con enfermedades crónicas mediante seguimiento telefónico o presencial, atención urgente, visitas domiciliarias, cobertura de las residencias privadas y públicas, labores como rastreadores y otras muchas tareas propias de este nivel asistencial. Sin embargo, faltan medios, faltan muchos más medios».

«De todas formas», continúa March, «hay que decir que después de sufrir la insuficiencia de medios tanto técnicos, materiales como humanos, después de haber soportado trabajar con plantillas absolutamente mermadas, los profesionales de atención primaria han trabajado por encima de sus posibilidades y han demostrado su versatilidad y polivalencia sobradamente, pero están al límite de su resistencia. Es evidente que conseguir más profesionales no se improvisa; los profesionales no están metidos en un armario esperando que se les necesite para ser contratados. Igual con las instituciones: cuesta mucho crear buenas organizaciones de alto rendimiento, y la COVID-19 se aprovecha de la incompetencia, abandono y desinversión previa, que lleva años atacando a la atención primaria».

Y concluye: «Si la pandemia coincide con una epidemia importante de gripe, el sistema sanitario puede colapsarse de nuevo. Pero no sabemos cómo va a coexistir la gripe con la COVID-19, ni tampoco si habrá que hacer más pruebas PCR ante situaciones de clínica parecida. Por tanto, como no sabemos cómo va actuar el SARS-Cov-2 en septiembre y octubre, habría que reforzar el sistema sanitario, ayudando a dar la mejor respuesta ante la posible situación».

Los efectos del verano

El virólogo Raúl Ortiz de Lejarazu, profesor de Microbiología y consejero científico del Centro Nacional de la Gripe, no duda en afirmar: «Yo no calificaría este momento de segunda ola. Se está empleando esa denominación por los medios de comunicación, pero afortunadamente no lo es todavía. Asistimos a un preocupante repunte de infectados sintomáticos y sobre todo asintomáticos, producto de diferentes factores sociales que han tenido lugar en España durante el verano: relajación después del confinamiento, ausencia de protocolos de anticipación sobre las 6B (bodas, bautizos, bares, barbacoas, botellones y banquetes), mensajes de atención a los ciudadanos, brotes en temporeros y un alto grado de socialización imprudente ligado a hábitos y horarios propios de aquí. Quiero ser optimista y pensar que el regreso a las rutinas laborales, a la Universidad, a los colegios, haga mantener una tensión preventiva mayor que la actual y se aplane la progresión de contactos. De no ser así, habrá más».

¿Podría producirse un nuevo colapso sanitario si la pandemia coincide en el tiempo con una epidemia de gripe? «De nuevo quiero ser optimista. Si aumentamos las coberturas de vacunación [contra la gripe] sobre todo en las poblaciones más vulnerables, incluidos niños y jóvenes con patologías crónicas, y mantenemos las medidas de prevención individual frente a la COVID-19 puede que suceda lo que ha ocurrido en varios países del hemisferio sur que han tenido una epidemia de gripe muy moderada. El virus de la gripe es mucho más sensible a las medidas de distancia de seguridad, mascarilla, higiene de manos y evitar las aglomeraciones. Cada infectado de gripe infecta a la mitad o menos que uno de COVID-19, y los niños sí son supertransmisores de la gripe, cosa que no sucede con el coronavirus», advierte Ortiz de Lejarazu.

«El mayor peligro es que la vuelta al trabajo aumente el riesgo de contagio comunitario, que empiece a haber muchos más brotes y que se multiplique el número de infectados», alerta José Polo, vicepresidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria. «Hasta ahora estamos viendo que esta segunda ola de la COVID-19 está afectando a pacientes de una media de edad de 37 a 39 años, pero el riesgo es que vuelva a haber pacientes de mayor edad con patologías respiratorias asociadas y se vuelvan a saturar los hospitales.

Y el problema en la atención primaria no es que se vuelva a saturar, como pasó en primavera, es que ya está saturada. El problema de la atención primaria es la falta de recursos humanos. Arrastramos muchos años de carencias, no se han repuesto muchas plazas que han quedado vacantes, y estamos sobresaturados. Durante los primeros meses de la pandemia, el porcentaje de afectados por la enfermedad fue muy elevado. Si ahora vuelve a ocurrir lo mismo, esto revienta», concluye Polo.