Hay una España que sí funciona

La pandemia demostró la fortaleza del sector de las telecomunicaciones. Ahora, Telefónica da el gran salto: extender la tecnología 5-G antes de que termine el año.

Cuatro de cada cinco hogares españoles disponen de cobertura de fibra óptica y la banda ancha de alta velocidad cubría al 81 por ciento de los usuarios en 2018, según las estadísticas facilitadas por Telefónica, uno de los gigantes de las telecomunicaciones y el principal artífice de que nuestro país se encuentre entre los mejores en el campo de las nuevas tecnologías. De ahí, que el anuncio que ha hecho su presidente, José María Álvarez-Pallete, de que la compañía va a quemar etapas para que las nuevas redes móviles de 5-G cubran antes de final de año el 75 por ciento de las zonas urbanas españolas, no sólo es creíble, sino que representa un salto que puede ser trascendental para el futuro económico y social de la nación. Basta con echar la vista atrás unos pocos meses, cuando el estallido de la pandemia sorprendió a las autoridades en Babia, para comprender todo su alcance. Porque si algo funcionó en España, si algo fue decisivo para mantener las líneas logísticas esenciales, fueron las telecomunicaciones. Hablamos de la sociedad civil, fundamentalmente, porque en el ámbito de las administraciones públicas, y ahí está el colapso burocrático para demostrarlo, el retraso técnico y, esencialmente, de mentalidad se puede medir en décadas. También a partir de las previsiones de Telefónica, el 5G, con la potenciación de las redes móviles, que en 2019 usaban ya el 93,5 por ciento de los hogares españoles, permitirán al resto de las empresas optar con ventaja a una parte del incremento del PIB mundial, calculado en 2,2 billones de euros para los próximos cinco años. Los sectores que se verán más favorecidos por esa «tecnología del milisegundo», más rápida en la gestión de datos que el cerebro humano, serán la industria y los servicios, pero, al menos, un 6 por ciento del pastel se repartirá en el sector agrícola, donde podríamos consolidarnos como una superpotencia de las manufacturas de transformación de alimentos. Y, por supuesto, se abre un mundo ignoto para las relaciones interpersonales que tendremos que aprender a gestionar. Aunque, mucho nos tememos, que el 5-G sólo le sirva a algunos para dar furor a sus guerras ideológicas.