Matesanz: «Los errores en la pandemia denotan una capacidad bastante limitada más que mala voluntad»

Rafael Matesanz, uno de los expertos que alertó de la importancia de invertir en sanidad, tiene claro que «para las medidas que había que haber tomado ya, la comisión se quedó en un papel mojado»

El doctor que ayudó a que alcanzásemos en España la tasa más alta del mundo en donación de órganos es uno de los profesionales más respetados de la Sanidad. Hace unos meses explicó en el Congreso sus propuestas para mejorarla tras el primer embiste del coronavirus. Sin embargo, todo se quedó en buenos deseos, al igual que el hecho de prepararse para la segunda oleada.

–¿Está España preparada para la ola de otoño?

–Me gustaría decir que sí, pero todo parece indicar lo contrario. Tanto el Gobierno como la mayoría de las comunidades dilapidaron el precioso tiempo ganado a la pandemia mediante el primer confinamiento sin adoptar las medidas estructurales necesarias que nos habrían permitido afrontar la segunda oleada con garantías.

–¿En que sí y en qué no?

–Hemos mejorado mucho en la capacidad diagnóstica con PCR y demás pruebas ampliamente disponibles ahora. También ha mejorado la experiencia de los sanitarios en el manejo de los enfermos, ahora mucho más eficiente y desde luego sabemos mucho más del virus. En cambio, el sistema sanitario está exhausto y no se ha reforzado en absoluto, en especial por lo que se refiere a la atención primaria. Tampoco el contexto político, tan tóxico como el virus, augura nada bueno.

–¿Alguna comunidad destaca por su buen hacer?

–A la vista de los datos, parece que Canarias ha sido la que mejor lo ha gestionado, pero ha habido otras en las que el trabajo ha sido positivo como Galicia, Asturias y la Comunidad Valenciana.

–¿Qué país europeo pondría de ejemplo de preparación?

–Sin duda, Alemania. Desde el primer momento se adelantó a las medidas que otros países tardaron en aplicar. Además, hay que tener en cuenta que, siendo un país con más del doble de la población española y una estructura federal con grandes competencias de los Lander, ha sabido hacer las cosas de una forma coordinada y con un mando firme. Se ha notado la mano y el liderazgo de Angela Merkel.

–A nivel europeo la tendencia es más empinada que en la primera ola. ¿Teme una oleada de otoño peor en España que la primera?

–Las cifras de las dos oleadas son difícilmente comparables porque en la primera, al no disponer de suficientes test diagnósticos, el número de asintomáticos detectados era ínfimo. Se llegó a estimar que el número real de casos podría haber sido 10 veces superior al oficial. Lo que sí es muy preocupante de la actual oleada es el ritmo acelerado al que se están incrementando los contagios, que de cara al invierno nos puede acercar a situaciones tan difíciles o incluso más que en primavera.

–En junio intervino durante la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica. ¿Alguna de sus propuestas se ha llevado a cabo?

–Sinceramente no me consta. Es cierto que muchas de las cosas que se proponían necesitaban del asiento de unos nuevos presupuestos que aún están en fase de negociación. Pero la forma en que se saldó la comisión, aprobando para sanidad una larga serie de buenos deseos con los que es difícil no estar de acuerdo, pero sin concretar nada y sobre todo sin ningún plazo, la convierten en papel mojado, al menos para las medidas que había que haber tomado ya y mucho me temo que para la mayoría.

–Afirmó entonces que atención primaria (a la que se destina el 13,9% del gasto sanitario) necesitaba 4.500 millones para hacer frente a la Covid-19. ¿Cuántos millones se han destinado para Primaria realmente?

–A la vista está que en casi ninguna comunidad se ha reforzado realmente la atención primaria desde la primera oleada. No hay más que escuchar a los profesionales y efectivamente creo que las cifras están hoy más vigentes que nunca: habría que aumentar a corto plazo el presupuesto de primaria al 20% con la perspectiva de llegar al 25% del gasto sanitario a medio plazo. Sólo así lograremos reforzar realmente el sistema y desde luego evitar que se hunda del todo.

–El Gobierno ha aprobado un nuevo estado de alarma, con la singularidad de que el movimiento entre comunidades depende de lo que decidan las autonomías. ¿Éxito o fracaso?

–De todo un poco. Es un fracaso por ser el resultado de la incapacidad para legislar un marco adecuado, que muchos juristas creen perfectamente posible. Por lo demás, al menos es una percha legal común que deja mucha libertad de acción a las comunidades. Creo que habría que haber buscado más homogeneidad y coordinación porque el virus no reconoce fronteras.

–¿Considera que los toques de queda realmente funcionan?

–Cualquier medida destinada a reducir los contactos y los desplazamientos funciona en mayor o menor medida. Lo que pasa es que para ser realmente eficaz debería comenzar antes de lo que han fijado en algunos lugares. Hacerlo a las doce de la noche sirve para muy poco, aunque entiendo que, para el sector de la hostelería y espectáculos, estas horas son importantes.

–El Gobierno ha suprimido el toque de queda a partir del 9 de noviembre. Dependerá de las CC AA. ¿La sociedad puede entender estos vaivenes?

–El hecho de que cada país y cada comunidad vaya adoptando medidas distintas entre sí deja claro que ninguna de ellas es claramente mejor que las otras, porque si no, todas harían las mismas cosas. Sin embargo, la ausencia de una mínima coordinación estatal entre las medidas adoptadas por las comunidades es algo imposible de entender para el común de los mortales y contribuye a crear un clima generalizado de confusión que hace muy difícil la adhesión de la gente a cualquier medida.

–¿Qué medidas restrictivas a su parecer funcionan mejor?

–Depende del momento de la pandemia. Ya hemos visto que el confinamiento total funciona, pero supone la ruina económica, y sólo puede recurrirse a él en situaciones muy extremas. Se debe buscar el equilibrio entre lograr reducir al máximo los contactos al menor coste social posible.

–¿Le parece independiente la auditoría que ha aceptado el Gobierno que se haga?

–Lo que se sabe hasta ahora no apunta nada bien. Primero porque llega tarde y con mucha lentitud para su principal objetivo que era aprender de los errores y luego, la forma en que se está preparando por parte del Ministerio y las comunidades, que son precisamente quienes tienen que ser auditados, no parece un ejemplo de independencia. En todo caso, habrá que ver.

–¿Volvimos demasiado pronto al trabajo, a poder viajar...?

–Algo en lo que hay bastante acuerdo es que la desescalada fue muy rápida y sin estar basada en unos criterios claros, sino más bien a golpe de presiones políticas. Uno de los grandes errores de gestión de la pandemia.

–¿Cuáles son las mayores «mentiras» del Gobierno respecto a la Covid y su gestión?

–Yo no las llamaría «mentiras» porque sinceramente no creo que los evidentes errores en la gestión de la pandemia puedan atribuirse a una mala voluntad, sino más bien a una capacidad bastante limitada. Quizás el peor error fue el retraso en la adopción de medidas, que hoy sabemos conllevó graves consecuencias médicas y económicas y que giró inevitablemente alrededor del 8-M. Después está el comité que nunca existió, la «inutilidad» de las mascarillas… y un largo etcétera. Lo más negativo de todo esto es la pérdida total de credibilidad de las autoridades sanitarias que en una situación como la que vivimos habría sido fundamental para encontrar una salida.

–¿El Gobierno está actuando ahora con previsión?

–Los retrasos no son tan clamorosos como al principio, pero el sistema en general es muy poco ágil y cuesta mucho tomar nuevas decisiones, con lo que a veces se pierde un tiempo precioso que ya hemos aprendido lo importante que es en el seguimiento de la pandemia.

–Tanto en verano, con el tema de cuarentenas y las PCR, como ahora, da la sensación de que el Gobierno está copiando las medidas que instauran otros países europeos...

–En este tema yo creo que todo el mundo copia de todo el mundo porque lo que se busca es esa solución mágica que baje los contagios y preserve la economía y eso por desgracia es muy complicado de encontrar. De ahí que en Europa cada país y en España cada comunidad vaya adoptando medidas distintas, sin duda matizadas por los expertos locales pero que no contribuyen en nada a convencer a la gente de que sean eficaces y que merece la pena cumplirlas.

–¿Qué opinión le merece la gestión de Fernando Simón?

–Le colocaron en un puesto muy difícil, con una exposición mediática desmedida, seguramente con un gran coste personal. En su conjunto, está claro que su gestión no ha sido acertada, aún reconociendo las dificultades, pero al menos en mi opinión, si hay algo que nunca debió hacer fue revestir de apariencia técnica decisiones que eran claramente políticas.

–¿Es el momento para la huelga de médicos?

–Se trata de una huelga necesariamente simbólica, sin ninguna repercusión asistencial por los servicios mínimos y ser solo un día al mes, y para la que sin duda hay motivos más que sobrados. La vería inadecuada si tuviera una traducción en la atención al paciente en un momento como éste, pero está claro que no es el caso.

–¿Cómo lograr que no vuelvan a aumentar las listas de espera de operaciones con la Covid?

–Son necesarios planes de contingencia para minimizar daños en las distintas patologías, como de hecho han desarrollado algunos hospitales y sociedades científicas. Los protocolos de la ONT, que habían conseguido recuperar actividad en donación y trasplante hasta el inicio de la segunda ola, son un buen ejemplo de cómo y con qué rapidez se debe actuar.