“Con todo lo que nos hemos quejado de los EPI y nos salvaron en el temporal”

Dos enfermeras de la UCI Politrauma del Hospital 12 de Octubre narran su odisea para cubrir el turno y volver a casa sanas y salvas

Raquel y Mónica con las EPI en plena ventisca
Raquel y Mónica con las EPI en plena ventisca FOTO: La Razón La Razón

Mónica y Raquel llevan años trabajando juntas como enfermeras en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del madrileño hospital 12 de octubre. Están acostumbradas a todo y las han visto de todos lo colores, ya que prestan servicio en Politrauma, la unidad de urgencia es el que se encarga de apuñalamientos, caídas en moto, accidentes de tráfico y cualquier evento violento y de consecuencias aparatosas. Pero la odisea que vivieron el pasado viernes para llegar puntuales a su turno de noche no la van a olvidar nunca. Si la ida ya fue complicada porque las carreteras comenzaban a colapsarse debido a la gran nevada, la vuelta a casa caminando sobre la nieve con los trajes EPI puestos más de cuatro horas y media merece un capítulo aparte.

En conversación telefónica con LA RAZÓN, Raquel, de 44 años, insiste en que “lo que hicimos no tiene ningún mérito, cualquiera que tenga que dar un turno habría hecho lo mismo”. Y es que, según ella, “en la UCI tenemos que estar sí o sí”. No cabe otra posibilidad. En su caso esto significó más de dos horas de trayecto de ida sorteando carreteras cortadas y coches accidentados gracias a que el marido de su compañera tenía un coche listo con cadenas. En el camino llegaron a recoger a dos trabajadoras de una residencia que caminaban en grupo por la A-42 sin ropa de abrigo rumbo a Legazpi.

“Pasadas las diez de la noche logramos llegar al hospital y la noche fue tranquila para lo que cabía esperar”, explica esta sanitaria. Sin embargo, el regreso a casa se convirtió en una aventura ya que se demostraba imposible que nadie pudiera recogerlas en coche. Así que estas dos compañeras se lanzaron a la calle sobre las ocho de mañana para coger un metro que después de varios trasbordos las llevó al Hospital de Móstoles, donde se pertrecharon con sendos trajes de protección, los mismo que tanto calor les habían dado contra la Covid 19 les sirvieron de abrigo: “Con todo lo que nos hemos quejado de los EPI y nos salvaron durante el temporal”. Ellas, deportistas y montañeras, ya iban bien equipadas para el frío, pero, aun así, el odioso traje de plástico fue esencial. En cambio, las gafas que emplean contra el coronavirus no resultaron efectivas porque no dejaban de empañarse.

“La ventisca que había a aquella hora era tremenda, parecía Siberia, todo estaba solitario. Había momentos en que la nieve nos llegaba a la cadera”, recuerda Raquel. Así recorrieron más de ocho kilómetros, “bastante deprisa”, hasta que llegaron a una gasolinera cercana a Arroyomolinos donde las recogieron sus maridos. Aún les quedaba a ambas un trecho caminando hasta su casa, una distancia que Mónica resolvió con las raquetas de nieve que le había llevado su pareja. Pese a que hubo compañeros que se quedaron a pasar la noche en hoteles, en casas de amigos o, incluso, en el hospital, ellas prefirieron volver a casa a coger fuerzas ante lo que está por llegar: “Estos días va a haber sin duda muchas caídas y accidentes de coche y moto que tendremos que tratar en la UCI”, cuenta esta enfermera.