Operación saneamiento de Francisco: los líderes de las asociaciones católicas no podrán mandar más de diez años

El Papa aprueba un decreto que limita la autoridad de los responsables de realidades laicales como el Camino Neocatecumenal o Comunión y Liberación

El Papa el pasado día 9 en una Audiencia General
El Papa el pasado día 9 en una Audiencia GeneralFABIO FRUSTACIEFE

Hay preocupación en Roma desde hace tiempo por evitar que pueda haber cualquier tipo de comportamiento sectario en las asociaciones, movimientos y realidades eclesiales de católicos que no son ni sacerdotes ni religiosas que nacen en el seno de la Iglesia, pero con lagunas respecto a su verdadera identidad cristiana.

Desde ahí se entiende que ayer el Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida haya publicado un decreto que busca frenar cualquier tentación de abuso de autoridad o de culto al líder limitando en mandato de aquellos que están llamados a estar al frente de estas entidades. En el documento se reconoce que “No pocas veces, la falta de límites a los mandatos de gobierno fomenta, en los llamados a gobernar, formas de apropiación del carisma, de personalismo, de centralización de funciones”.

Dos “legislaturas” de cinco años será el periodo máximo que podrá asumir el director o presidente, dentro de un proceso electoral. Tan solo se permitirá a los fundadores de estos movimientos que puedan ampliar este plazo, con una dispensa especial de la Santa Sede.

Esta normativa afecta a más de cien instituciones en todo el planeta, entre ellas, algunas reconocidas como el Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, Cursillos de Cristiandad, Renovación Carismática, Focolares, CVX -de la Compañía de Jesús, Sant’Egidio… Para el departamento que dirige el cardenal Kevin Farrel, urge aumentar los mecanismos de control para frenar en seco “la personalización, la centralización y las expresiones de autorreferencialidad que pueden causar fácilmente violaciones serias de la dignidad y la libertad personal, e incluso abusos reales”.

De esta manera, el Vaticano da un paso al frente ante estos grandes grupos, pero deja en el tejado de los obispos para que hagan lo propio con las asociaciones de fieles de carácter diocesano, entidades más jóvenes y pequeñas que se han multiplicado en los últimos años, y que precisan de un seguimiento especial para no caer en posibles situaciones de abuso.