Historias reales de maltrato en las residencias de mayores

La enfermera y escritora Mayte Soy Andrade recopila en un libro varios casos

María Teresa Soy Andrade, supervisora de enfermería y escritoria
María Teresa Soy Andrade, supervisora de enfermería y escritoria FOTO: Luis Díaz La Razón

E nfermera, pedagoga, investigadora…, en cada una de sus múltiples facetas vocacionales, Mayte Soy Andrade encamina su actividad a hacer el bien. «Y a buscarlo, pese a que a veces parezca que no se encuentra», matiza con el encanto que la caracteriza. Doctora en Enfermería, se halla próxima a su jubilación como supervisora de consultas externas en el hospital general Universitario 12 de Octubre y como profesora en la Universidad Francisco de Vitoria, donde continuará su labor de investigadora, y asimismo seguirá como docente en el Instituto Superior de Formación Sanitaria (ISFOS), de Madrid.

Dotada de una extraordinaria sensibilidad hacia el sufrimiento humano y gran conocedora del maltrato físico y psicológico por su ejercicio profesional, a Mayte ya desde 2008 le inquietaba la idea de escribir seriamente sobre el tema y a modo de primer ensayo redactó «un libro pequeñito para repartir entre los amigos», que sin duda fue la semilla de la gran trilogía que culmina ahora. «Quise empezar por el maltrato en la mujer, exento del sensacionalismo que incide solo en los detalles escabrosos de los hechos, condición que se repite en los demás libros de la trilogía. El caso es que opté finalmente por dar comienzo con el libro dedicado a los niños, seguí con el destinado a la mujer y acabo ahora la trilogía con el de las personas mayores», explica la autora.

«Historias de una orquesta desafinada», subtitulado «Relatos sobre violencia y maltrato a los ancianos», es una balada al amor, a la esperanza, al adiós a la soledad, al mimo sempiterno al mayor, «el ser más vulnerable, sensible, indefenso y que claudica, ya no digamos ante el maltrato físico, sino ante la marginación incluso familiar, a que no se cuente con él, a que se le trate solo por el valor de su pensión, al dolor de las mil y una sutilezas verbales o conductuales de falta de delicadeza que percibe hacia él», narra la profesora de la Universidad Francisco de Vitoria, y añade que «son innumerables las formas de maltrato a los mayores, que le abocan a una soledad forzosa, que le encierran en sí mismo y le causan uno de los mayores sufrimientos que puede experimentar el ser humano, máxime en la última etapa de su vida, en lo que sería cronológicamente la antesala de la muerte».

Como aclara la propia autora, «la fuente de inspiración de este libro es una residencia de ancianos, de los que algunos han sufrido malos tratos y otros han sido testigos de ellos». A lo largo de los capítulos la protagonista, Clarisa, va hablando de «esa orquesta desafinada» y cada uno finaliza con el instrumento que le sugiere una determinada melodía. «Si la música amansa a las fieras –apunta la autora– asimismo debe calmar el sufrimiento, ya que el drama humano que supone es un enorme obstáculo para vivir la vejez como un gran regalo».

Del mismo modo que en cada uno de los volúmenes de la trilogía, todos los testimonios contenidos son reales, pero narrados sin el menor cariz de sensacionalismo, sino «con el respeto del que son merecedores los protagonistas, que han reconocido el problema, que le agobiaba o le agobia, al estar viviéndolo en la residencia, y el verbalizarlo ha sido como una catarsis, una liberación, para emprender la resiliencia de superar este duro episodio de su vida», sostiene.

La autora eligió intencionadamente el contexto de la residencia como antítesis de las creencias y opiniones que las consideras como asilos, donde el anciano va simplemente a morir. Tampoco se trata, en palabras de Mayte, de un estandarte publicitario para acallar las voces ni desvirtuar las imágenes que destapó la pandemia del coronavirus en algunas de ellas. «La Residencia de mi libro –dice– es humana, con cuidadores solícitos y profesionales solo preocupados por el bienestar que espera el anciano».

Desafortunadamente, no vivimos en una sociedad donde se venera al anciano, su sabiduría, su experiencia, como en otros periodos de la historia u otras culturas. El mayor no es un ser productivo y se diría que quiere apartársele como un trasto viejo que molesta. «Es más que evidente que su maltrato es intencionado, ya sea por acción u omisión. El más extendido e invisible es el psicológico. El maltratador, ya sea familiar o cuidador, aprovecha los vínculos con la víctima para perpetuar la violencia en escenarios cada vez más complejos: hogar, instituciones, comunidad e incluso sanitariamente, como ocurrió con el confinamiento por la pandemia. Esto no significa que los maltratadores no tengan conciencia de tales, pues han visto e incluso vivido este trato denigrante en los mayores que les han precedido», comunica la enfermera del Hospital 12 de Octubre.

Añade que atenta contra la Declaración de Derechos Humanos Universales, de ahí la gran relevancia de la educación y la sensibilización ciudadana desde la infancia para respetarle siempre, así como su decisión de dónde quiere vivir y dónde morir. «Pronta a cumplir los 65 años –confiesa– este asunto me llega más especialmente al corazón y en tal presagio escribí el libro, que es una declaración de intenciones y un acompañamiento a la senectud».

Ahora no deja de recibir homenajes en la universidad y en el hospital por haberse merecido el amor de sus compañeros, pacientes y discentes.