El sexo no es vida: los mamíferos pueden morir después del coito

Algunos animales practican la reproducción suicida y mueren después de procrear a sus crías o simplemente tras la copulación

Marsupial Dusky Antechinus, animal que muere tras 14 horas de sexo
Marsupial Dusky Antechinus, animal que muere tras 14 horas de sexo FOTO: La Razón (Custom Credit)

El sexo es una actividad con múltiples beneficios que los seres humanos, como animales que somos, practicamos con frecuencia. Además de mejorar nuestro estado de ánimo, nos protege contra ciertas enfermedades, entre otras ventajas. Así, nuestro instinto como mamíferos nos lleva a realizarlo con frecuencia. Sin duda, el sexo es vida, y a veces la desesperación u otros sentimientos hace a algunas especies “morir por sexo”, incluso literalmente.

Aunque la reproducción suicida es muy poco frecuente entre los mamíferos, pasa todo lo contrario en la naturaleza, como se puede apreciar en muchas plantas, insectos y algunos reptiles y anfibios. No obstante, esto no quiere decir que los animales mamíferos, después del coito, no mueran, pues existen especies que sí lo hacen.

Desde la década de 1970, los científicos han sospechado que las hembras sincronizan el apareamiento para destetar a sus crías. Durante ese periodo de apareamiento, los machos dedican todos sus recursos y energía para el apareamiento, un esfuerzo que ayuda a su esperma y a sus genes. Después, en algunos casos, mueren.

Según explica National Geographic, la ecologista Diana Fisher, de la Universidad de Queensland en Australia, demostraron en una investigación esta teoría, con datos sobre 52 especies en toda Australia, Papua Nueva Guinea, y América del Sur, en el año 2013.

“Encontramos que los machos de las especies con temporadas de apareamiento más cortos tienen menos probabilidades de sobrevivir después del apareamiento“, dijo Fisher. “El esfuerzo competitivo tiene una supervivencia que gasta más energía”.

Según explica, los niveles de estrés elevados provocan un colapso del sistema inmune fatal y muerte por hemorragia e infección en los machos de aquellas especies que optan por el apareamiento más corto. Antes de la temporada de apareamiento, los machos dejan de producir espermatozoides y los testículos se desintegran, haciéndolos dependientes del esperma almacenado.

Así, con esta investigación, se certificó que existen al menos cuatro especies de mamíferos que se reproducen de esta manera, y todos son marsupiales insectívoros bastante raros.

Entre ellos se encuentra el antechinus, un pequeño marsupial, muy parecido a un ratón y nativo de Australia y Nueva Guinea. Estos animales son famosos por el norme frenesí sexual que caracteriza a los machos de su especie. Son capaces de tener sexo durante catorce horas consecutivas, pero después, mueren.

“Ellos sangran internamente, tienen úlceras, su pelaje cae a pedazos, algunas veces ellos se tambalean ciegos y aún intentan aparearse”, dijo el Dr. Andrew Baker a la Australian Broadcasting Company.

Otros animales que mueren después del sexo

Pero no son las únicas especies animales que son conocidas por tener la posibilidad de morir después del sexo. Más allá de los mamíferos, también están los pulpos, que optan por luchar a muerte con su pareja tras consumar “el acto”, ya que ambos animales se entrelazan entre sus testículos forcejeando hasta que el macho escapa o es asfixiado por la hembra.

También está el caso de las arañas. Una característica típica de los arácnidos es el canibalismo sexual, aunque solo se refiere a las famosas viudas negras que asesinan a su pareja tras aparearse. En cuanto a las abejas, la mayoría son hembras, y los machos, conocidos como “zánganos”, se desarrollan aparte y único propósito es fecundar a la reina. Una vez que procrean, mueren.

Respecto a los escorpiones, los machos producen feromonas para atraer a las hembras, y una vez que encuentran, producen una especie de “baile, en el que la sujetan de las tenazas o su pedipalpo (cola). Si la hembra no consiste el cortejo, puede en ocasiones llegar a picarlo y devorarlo.

Por último, y quizás más conocido, se encuentra el caso de la mantis religiosa. Después del coito, la hembra devora la cabeza del macho sin detener el proceso reproductivo.