Sexo

Los machos no siempre mandan: cómo el sexo puede influir en la dinámica de poder

Mientras que los machos suelen valerse de coerción y dominio físico para conseguir poder, las hembras utilizan vías fisiológicas, morfológicas, de comportamiento y socioecológicas.

Interacción entre bonobos macho y hembra
Interacción entre bonobos macho y hembraMartin SurbeckCC BY-SA

En cualquier sociedad existen individuos con poder, y este poder se puede definir como la capacidad de provocar determinados comportamientos en otros individuos que formen parte de la misma sociedad. Sin embargo, dicha característica es esquiva y cambiante, ya que el poder puede variar enormemente a lo largo del tiempo y puede resultar complejo para los ecólogos saber qué animal se encuentra en ese momento en la cúspide de la escala social. Por otra parte, existe una característica omnipresente en las sociedades de mamíferos y es la desigualdad en el grado de control que los miembros de un sexo ejercen sobre el otro, así como los medios utilizados por los diferentes sexos para conseguir dicho control.

La ciencia tras el poder

En un artículo denominado “El paisaje eco-evolutivo del poder relaciones entre machos y hembras” y publicado en Trends in Ecology & Evolution, los investigadores dividen el poder en poder de posesión de recursos y el poder de decisión. El primero es el grado de control que un individuo ejerce sobre otros cuando compite por los recursos y el apareamiento y el segundo sería el conocido como liderazgo, la capacidad de influir en el resto para que realicen ciertas actividades como cazar o desplazarse. Es por esta complejidad por la que no es adecuado abordar el poder de los individuos de una sociedad animal únicamente desde el dominio físico, porque con esa visión sesgada se podría llegar a la conclusión de que los animales más grandes y fuertes -generalmente en mamíferos coincide con los machos- son los que mandan, lo que se aleja de la realidad en muchos matices de lo que se ha definido como “poder”.

Por tanto, para evaluar la distribución de este poder entre los diferentes sexos, los investigadores han establecido un nuevo marco que tenga en cuenta más variables como las teorías del conflicto sexual, de la selección sexual y de la evolución social. Tras aplicar estas pautas a sociedades de animales conocidas, han observado ciertas dinámicas que muestran cómo las hembras acumulan más poder que los machos y que los caminos para llegar hasta dicho poder son muy diferentes a los de sus homólogos masculinos.

La carrera hacia el poder

Para hacerse con el poder, los machos suelen valerse de la coerción y dominio físico. Sin embargo, las hembras utilizan vías fisiológicas, morfológicas, de comportamiento y socioecológicas para aumentar su estatus social y dominio. Dichos ejemplos son fácilmente observables en las especies en las que las hembras se sitúan en los peldaños superiores de la sociedad, como las hienas, los lémures y los bonobos, donde este dominio se establece mediante el control reproductivo, es decir, el control sobre cuándo y con qué pareja aparearse. Encontramos manifestaciones de dicho control en forma de resistencia al apareamiento, promiscuidad e incluso, en el caso de las hienas, genitales diseñados específicamente para permitir a las hembras controlar su fertilización.

Grupo de hienas
Grupo de hienasOliver HonerCC BY-SA

Además, cuando el control reproductivo de las hembras les permite ejercer la elección de la pareja antes de la cópula, las hembras pueden seleccionar rasgos de los machos. Estos rasgos no tienen por qué ser solo visibles, si no que se pueden centrar en ciertas características como las personalidades cooperativas que pueden, tras una gran cantidad de generaciones, aumentar el control social de las hembras. Como ejemplo de este último caso, la teoría de la “auto-domesticación” en los bonobos postula que la selección de machos no agresivos, ha contribuido en gran medida a las diferencias en forma, tamaño, fisiología y comportamiento entre los bonobos y los chimpancés.

La nueva visión del poder

Este estudio rompe con la visión dicotómica y estática del poder intersexual. Es decir, en este artículo, los investigadores sitúan el control reproductivo como pieza central para conseguir poder, aportando nuevos matices interesantes a la concepción de la visión de las sociedades animales tradicional en la que el “macho dominante” tiene todo el poder. Sin embargo, recordemos que este artículo es una prueba de concepto y que la investigación científica del poder intersexual es un tema de investigación floreciente e interdisciplinario en el que queda mucho trabajo conceptual y empírico por hacer.

Todavía se necesitan métodos estandarizados que se puedan aplicar a contextos amplios y crear nuevas herramientas para cuantificar el poder intersexual en contextos reproductivos y sociales. Además, este trabajo se puede usar como base para investigar cómo el poder de posesión de recursos y el liderazgo interactúan y se influyen mutuamente para, así, desarrollar un marco unificador para el estudio del poder intersexual en todos los ámbitos y en todas las sociedades de mamíferos, incluidas las sociedades de estos primates bípedos llamados humanos.

QUE NO TE LA CUELEN

  • Los resultados de este estudio no tratan de extrapolarse a humanos, únicamente toman un punto de vista diferente al habitual, pero ya existen ramas enteras de la ciencia como la sociología, antropología y psicología que llevan años intentando comprender la manera de actuar de los humanos tanto en sociedad como individualmente.

REFERENCIAS (MLA)