La proteína que frena el envejecimiento

Los científicos han trabajado con este desorden genético, que produce un envejecimiento acelerado
Los científicos han trabajado con este desorden genético, que produce un envejecimiento acelerado

Científicos españoles descubren el papel clave que juega una molécula en el deterioro de las células

«El envejecimiento es uno de los principales factores de riesgo de la enfermedad. Enfermamos, en mucho casos, porque envejecemos. Sabemos desde hace décadas que envejecer tiene que ver con alteraciones y mutaciones en algunos de nuestros genes. Pero lo que no sabíamos hasta ahora es cómo afectan a este fenómeno otros procesos epigenéticos que no tienen que ver con los genes sino con factores externos que condicionan el modo en el que los genes se expresan. Esos factores pueden ser el motor del envejecimiento». Así explica Juan Carlos Izpisúa desde su laboratorio del Instituto Salk en la Jolla (EE UU) la importancia del hallazgo que acaba de realizar su equipo y que fue publicado ayer en la revista «Science». La detección de una proteína relacionada directamente con la velocidad a la que envejecen las células.

En el estudio, en el que han participado científicos del Salk y de la Academia de Ciencias China, se han analizado mutaciones genéticas que provocan una enfermedad llamada síndrome de Werner. Uno de los síntomas más evidentes de este mal es que los pacientes envejecen y mueren prematuramente. Izpisúa ha descubierto que las mutaciones que conducen a esta patología tienen que ver con el deterioro de una sustancia que interviene en la expresión del ADN conocida como heterocromatina.

ADN condensado en un «ovillo»

La desorganización de la heterocromatina conduce a errores en el modo en el que el materia genético se empaqueta para ser reproducido. Cuando una célula se divide, su ADN disperso ha de condensarse en una suerte de ovillo que luego podrá duplicarse. Cada vez que ese proceso tiene lugar, pueden producirse errores de copia que conducen a determinadas mutaciones. La heterocromatina interviene en que el proceso de empaquetado sea correcto o incorrecto.

En los pacientes con síndrome de Werner esa labor se realiza incorrectamente provocando un deterioro rapidísimo de la salud. Es un mal muy raro –que solo afecta a uno de cada 200.000 habitantes– y que está relacionado con un avance precoz de patologías propias de la vejez como las cataratas, la diabetes tipo 2, el estrechamiento de las arterias, osteoporosis o cáncer... La mayor parte de los pacientes muere entre los 40 y los 50 años.

Hasta ahora, se sabía que los enfermos comparten una mutación de un gen llamado WRN encargado de fabricar una proteína con su mismo nombre. Cuando esa proteína muta, genera «interferencias» en la expresión de los genes. Pero no se sabía muy bien por qué.

Lo que el nuevo estudio ha logrado es identificar exactamente cómo afecta la WRN a la expresión genética. Para ello han diseñado un modelo celular en laboratorio que imita el síndrome de Werner borrando el gen WRN en células madre humanas. De ese modo, se pudo observar in vitro cómo envejecen esas células de manera acelerada. Viendo de cerca por primera vez el proceso de envejecimiento, los científicos han descubierto que cuando el gen WRN no funciona, la heterocromatina celular tampoco lo hace. Y esto tiene nefastas consecuencias porque en la capa externa de los grumos de heterocromatina (dentro de las células) existen unos marcadores biológicos que determinan si un gen se expresa o se silencia. Son como las señales de tráfico que indican a los genes cómo han de comportarse.

De manera que el ciclo se ha podido cerrar por primera vez: un gen WRN mutado produce proteína WRN defectuosa que, a su vez, desarregla la labor de policía de tráfico de la heterocromatina. Como resultado, la célula envejece.

Ese fenómeno es evidente y muy rápido en los enfermos de síndrome de Werner pero puede ser más lento y menos visible en el resto de los mortales. Si conocemos ahora qué proteína está implicada en la velocidad a la que envejecemos, el siguiente paso resulta obvio: ¿Seremos capaces de modificar esa proteína a nuestro antojo y elegir cuán rápidamente nos hacemos viejos? ¿Estamos más cerca de lograr echar el freno al paso del tiempo en nuestro organismo? Aún es demasiado pronto para responder, pero el avance ahora anunciado apunta, sin duda, en esa dirección.