De refugiada canina a terapeuta

Shukram es una perra que llegó en lancha a Lesbos (Grecia) junto a un grupo de refugiados. Ahora trabaja con su dueña como asistente en terapias con niños en La Coruña

Shukram, junto a una voluntaria en uno de los puestos de asistencia médica del campo de refugiados
Shukram, junto a una voluntaria en uno de los puestos de asistencia médica del campo de refugiados

Shukram es una perra que llegó en lancha a Lesbos (Grecia) junto a un grupo de refugiados. Ahora trabaja con su dueña como asistente en terapias con niños en La Coruña

A raíz de las migraciones de los refugiados que huyen de sus países en guerra, muchas mascotas se han unido a este éxodo masivo para acompañar a sus dueños durante un largo y turbulento viaje a través del mar para llegar a las costas europeas.

Una de estas mascotas es Shukram. «Su nombre significa “gracias” en árabe», explica Laura Lizancos, la mujer que le ha dado una segunda oportunidad. Lizancos es profesora de infantil en la Coruña y trabaja con perros para hacer terapia con alumnos que tengan problemas de hiperactividad, autismo o agresividad. Desde octubre, ha viajado como voluntaria a Macedonia junto la organización Families4peace para ayudar a todas aquellas personas que iban llegando a esta zona huyendo de sus países. «Mis abuelos fueron exiliados de la Guerra Civil Española. Me sonaba muy próxima la situación de estas personas».

Shukram llegó a la costa de Lesbos en una lancha. Tras desalojar a los ocupantes, el grupo de voluntarios que les había ayudado en el desembarco oyó un aullido, creían que era un bebé. Buscando en la lancha, debajo de unos tablones apareció ella. Una familia de refugiados la adoptó y se la llevaron al campo de refugiados de Idomeni. Allí fue donde se encontró con la voluntaria. «Iba en coche por la carretera de Idomeni hacia la frontera de Macedonia. En medio de la autovía, iba una familia caminando que llevaba a un perro ‘‘colgando’’. Me paré a hablar con ellos y me dijeron que no podían seguir con la perra y me pidieron que me la quedase. En ese instante pensé, “si la dejo aquí no se que pasará con ella”. Acepté. Y tras darles mi número de teléfono y mi email, por si querían volver a econtrarse con ella, me la llevé conmigo», afirma Lizancos.

Cuando la voluntaria regresó a su lugar de reunión, Polikastro, todo el mundo se entusiasmó al ver a la perra, pues muchos voluntarios ya la conocían. «Shukram había estado en varios campos de refugiados donde su función no fue sólo divertir y dar cariño a todo el mundo, también aportaba mucha felicidad».

El dilema surgió cuando Laura tenía que regresar a casa. «Me tenía que volver a La Coruña a trabajar, pero había creado un vínculo muy fuerte con ella. Entonces decidí llevarla a un veterinario para le hiciesen un pasaporte europeo y pudiese venirse conmigo a España». Tras un largo viaje de vuelta a casa por fin llegaron a la Coruña y Shukram conoció su nuevo hogar junto a Laura.

«Aquí es toda una bandida. Juega mucho con el resto de mis animales», declara Lizancos. La profesora, que reconoce creer «completamente en el poder terapéutico de los animales», va llevando poco a poco a la perra a sus clases para que interactúe con los niños. «A ellos les encanta. Ella detecta enseguida donde está la necesidad, además de ser muy alegre, trabaja muy bien con ellos. Va a ser una gran terapeuta canina».

Aunque nunca podrá contar todo lo que ha vivido, Shukram en ocasiones le muestra a su dueña signos que reflejan el impacto que ha tenido en ella la experiencia. «El otro día íbamos caminando por la playa. De repente, Shukram se quedó inmóvil observando fijamente el mar y sus olas . Fue entonces cuando la miré y pensé la cantidad de horrores que nos podría relatar esta perra sobre su viaje a través del mar en aquella lancha». Pero la profesora es optimista, y cree que ahora que Shukram ha pasado lo peor, lo que siempre permanecerá en su memoria será el recuerdo de «toda la gente que participó de su vida en los campos de refugiados».