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El ébola invisible

El 83% de los casos susceptibles de provocar un brote en determinadas regiones pasan inadvertidos por las autoridades, lo que ha desatado las alertas ante el riesgo de repetir la crisis de 2014.

  • Un ciudadano de Uganda se somete a uno de los controles de temperatura corporal que se han impuesto tras el caso del joven infectado de ébola en el país africano / Ap
    Un ciudadano de Uganda se somete a uno de los controles de temperatura corporal que se han impuesto tras el caso del joven infectado de ébola en el país africano / Ap

Tiempo de lectura 4 min.

17 de junio de 2019. 03:24h

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Jorge Alcalde 17/6/2019

El pasado 9 de junio, un niño de cinco año atravesó la frontera entre la República Democrática del Congo y Uganda para morir tres días después. Al poco tiempo de atravesar la línea entre los dos países, las autoridades del Estado receptor confirmaban que el pequeño padecía ébola. El Instituto de Virología de Uganda se ha hecho cargo de la investigación del caso para certificar que se trata del primer caso de esta enfermedad relacionado con un brote masivo desde 2018.

El nuevo ataque del temido virus (el microorganismo más mortal de los conocidos) corresponde al brote que lleva afectando a las provincias de Kivu e Ituri, al norte de la República Democrática del Congo casi desde hace un año. El pequeño que ha transportado el mal a Uganda es el caso 2.062 (94 aún por confirmar) de este brote persistente del que casi nadie habla. Hasta la fecha, 1.411 personas han muerto.

Sorprende la falta de atención de los medios internacionales: el brote actual de ébola en el centro de África es ya el segundo más mortal de la historia, superado solo por el famoso episodio epidémico de 2014 que provocó 11.000 muertes y saltó las fronteras continentales, llegando incluso a España.

Mientras el mundo mira hacia otro lado, las autoridades sanitarias ugandesas tratan de mantener la calma. Han confirmado que dos de los familiares del pequeño fallecido el día 12 han dado también positivo en los análisis: su abuela de 50 años y un hermano de tres. Ayer mismo se decidió devolver al resto de la familia a el Congo. Todos son considerados casos sospechosos. Todos volverán a viajar quién sabe si portando el virus con ellos. La obsesión del Ministerio de Salud Ugandés es mantener el número de casos en su territorio en cero. Los miembros de la familia en cuestión han sido mantenidos en aislamiento en las Unidades de Tratamiento del Ébola instaladas por el gobierno en Bwera. Pero se sabe que hay algunos familiares y amigos que tuvieron en contacto con la víctima mortal que no han sido atendidos. Uganda permance en «Modo de Respuesta al Ébola», pero no ha activado la «Alarma por Ébola». La diferencia de estado dentro del protocolo de actuación es fundamental para determinar el futuro de la expansión del virus.

Mientras tanto la República Democrática del Congo ha donado 400 dosis de vacuna y la Organización Mundial de la Salud ha desplazado 4.000. Esta vacuna, la última en ponerse en marcha de manera preliminar, ha mostrado una efectividad del 97 por 100. ¿Será suficiente para evitar otro brote como el de 2014?

Calma tensa

Hasta la semana que viene, la OMS no decidirá si declara este episodio como una «Amenaza de Salud Pública de interés Internacional», el paso definitivo necesario para activar todos los protocolos internacionales de contención.

La situación en estos momentos es de calma tensa. Aunque las instituciones locales e internacionales mantienen cierto nivel de comunicación que llama a la tranquilidad, el escenario de inestabilidad social y política de la zona es el peor enemigo para la contención. Se suceden escaramuzas militares en las fronteras de ambos países y en algunas refriegas han sido atacados incluso miembros del personal médico que custodia la evolución del virus. El pasado febrero, Médicos sin Fronteras tuvo que suspender varias misiones de respuesta al ébola y algunas de las instalaciones de atención a la población fueron destruidas.

La clave está en Uganda. De cómo se comporte allí el virus en las próximas horas puede depender que se termine por demostrar que estamos ante un brote que potencialmente pueda convertirse en algo similar a lo que ocurrió en 2014 o que quede en un gran susto.

Mientras tanto, la ciencia sigue preocupada por otro fenómeno poco conocido: el azote del llamado ébola invisible. Al menos, el 50% de los casos susceptibles de provocar un brote pasan inadvertidos por las autoridades. Esa puede ser la razón por la cual, una vez el virus ha atacado a un ser humano (procedente de una población de murciélagos u otros animales infectados) sea tan difícil evitar que se convierta en un brote masivo. Lo más probable, según acaba de conocerse tras analizarse los datos estadísticos de los últimos brotes, es que la mitad de los enfermos fallezca antes de haber sido siquiera diagnosticado y registrado por las autoridades, y sea enterrado sin más tras haber esparcido la enfermedad en su entorno.

Contagio silencioso

A través de la realización de simulaciones por ordenador, científicos de Cambridge han determinado que, en algunas regiones, el numero de casos indetectables puede llegar al 83 por 100. A este problema hay que añadir el de los casos (pocos pero confirmados) de personas que son infectadas pero no desarrollan síntomas. En el brote de 2014 se demostró que 184 personas portaron el virus y por lo tanto eran contagiosos, sin haber desarrollado siquiera una leve fiebre. Poco se puede hacer para evitar que estos casos de ébola invisible favorezcan un brote de calado internacional. Es imposible hacer análisis de sangre masivos para detectar la presencia de anticuerpos en ciudadanos que a todas luces están oficialmente sanos. Este factor, junto con la connatural virulencia del patógeno, hacen del ébola, hoy por hoy, una de las enfermedades más difíciles de controlar que conocemos.

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