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En el búnker anticáncer de Amancio Ortega

LA RAZÓN accede a la sala del hospital de Fuenlabrada donde se encuentra la máquina de radioterapia donada por la Fundación del dueño de Inditex. Comienza a funcionar en un mes y tratará a 2.000 pacientes al año.

  • El gerente del Hospital de Fuenlabrada, junto a la doctora Mariví de Torres y el paciente de radioterapia Celso, junto al acelerador lineal donado por Amancio Ortega. Foto. Gonzalo Pérez
    El gerente del Hospital de Fuenlabrada, junto a la doctora Mariví de Torres y el paciente de radioterapia Celso, junto al acelerador lineal donado por Amancio Ortega. Foto. Gonzalo Pérez

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26 de mayo de 2019. 17:20h

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Ángel N. Lorasque 26/5/2019

Entrar en la sala donde se encuentra el acelerador lineal donado por Amancio Ortega al Hospital Universitario de Fuenlabrada es como teletransportarse al futuro. Esta máquina, la joya de la corona de la radioterapia oncológica, se encuentra ubicada en el centro de un búnker aislado con plomo e iluminado con una luz tenue violeta que suscita gran respeto. Impone. Éste es el primer acelerador donado por la Fundación del dueño de Inditex, que comenzará a funcionar en julio en la Comunidad de Madrid y con el que serán tratados más de 2.000 pacientes al año con una mayor agilidad y precisión. Una esperanza para miles de pacientes y una herramienta sagrada para los sanitarios que la utilizarán. La decisión ha estado envuelta esta semana en una incomprensible y bochornosa polémica después de que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, despreciara las donaciones del empresario textil y las tachara de «limosna», lo cual ha provocado un fuerte rechazo entre los enfermos de cáncer, los médicos y la sociedad. «No entiendo cómo alguien puede decir una cosa así, bienvenidos sean todos aquellos que quieran aportar mejoras a la sanidad publica», cuenta Celso, que está siendo tratado en este centro hospitalario por un tumor en la próstata que le detectaron hace siete años. Él, a sus 71, ya ha recibido dos ciclos de radio y espera no tener que someterse a más. Su médica, Mariví de Torres, nos explica la buena evolución del paciente y los avances que se conseguirán con la nueva máquina donada por Ortega. «La clave está en que cuando se consiguen aparatos de mayor precisión puedes asegurarte que estás actuando donde realmente quieres, en el área afectada. Es decir, se disminuye el tratamiento en cuanto a sesiones, te centras con exactitud en la zona tumoral y permite que cada día que viene el paciente reciba más dosis. En resumen, menos tiempo y más eficacia biológica», dice la médica adjunta de radioterapia. De hecho, el primer ciclo de Celso duró 28 días y con la máquina de Ortega podrían ser únicamente dos, incluso, una única sesión. «No somos conscientes de la buena sanidad pública que tenemos y si esto se ve apoyado por donaciones como las de Amancio, por qué vamos a negarnos. Todo es por salvar vidas», dice este jubilado trabajador de la construcción, que nos confiesa a modo de anécdota que ha visto personalmente al dueño de Inditex en varias ocasiones. «Sobre todo, en el aeropuerto de La Coruña cuando yo iba a trabajar allí», dice. «Si hay una persona que done una máquina que no podemos permitirnos porque es muy cara, pues oye, muy bien, eso sí, que no tenga otras consecuencias», sentencia en respuesta a las palabras del líder de Podemos. En un mítin en Vigo, lejos de agradecer, Iglesias afirmó que la diferencia entre una democracia y una dictadura «es que, en la primera, cualquier persona, independientemente de su cuenta bancaria, tiene acceso a los mejores hospitales y profesionales, sin que esto dependa de la caridad de ningún millonario sino del Estado».

En el «búnker» donde está el que ya denominan «el Ferrari de la radioterapia», nos esperan Alfonso López y Blanca Ludeña, jefe del servicio de radiofísica y la jefa de oncología radioterápica, respectivamente, del Hospital de Fuenlabrada. La miran con orgullo y con ganas de estrenarla cuanto antes. «Será en julio cuando comience a funcionar», adelanta Blanca. Ellos han sido los que han estado presentes en todo el proceso de adquisición, desarrollo técnico e instalación. «La ventaja de estas máquinas es la precisión, damos un salto cualitativo. Ahora seremos capaces de concentrar mejor la radiación y reducir la dosis que reciben los órganos sanos que están cerca del tumor, evitando así secuelas en zonas no cancerígenas. Es muy probable que pasemos de cinco minutos de radiación a dos, que puede que parezca poco, pero que a nivel médico es un gran avance. Además, al reducir los tiempos, también se podrá atender a más pacientes», explica Alfonso López. Se suma a la conversación Carlos Mur de Viú, director gerente del centro, que lo primero que hace es subrayar la titánica tarea de sus compañeros para implementar la máquina en un tiempo récord. El aparato en sí ha costado cuatro millones de euros y está dentro del «pack» de la Fundación de Amancio Ortega, que ha destinado 310 millones a la sanidad española para invertir en equipos de radioterapia, lo que, según el director del centro, «es fundamental para pacientes que no pueden ser operados o recibir quimioterapia. Supone una gran evolución médica». A diferencia de otros hospitales, el de Fuenlabrada, al ser uno de los más nuevos (se inauguró en 2004), ya contaba con el búnker, por lo que no han tenido que hacer obras para adaptar el espacio a los nuevos dispositivos como sí ha ocurrido en otros centros, donde se han tenido que tirar tabiques y aislar zonas. Procedimientos técnicos y administrativos que han ralentizado la puesta en marcha de los equipos. «No hubiera sido posible incorporar a nuestro sistema sanitario un acelerador lineal de estas características si no hubiera sido por una donación como la de Ortega. Es difícil con las limitaciones que hay en los presupuestos en sanidad en las comunidades autónomas. O, al menos, no habría sido posible hacerlo al mismo tiempo en los siete hospitales de Madrid que han recibido un equipo», dice Mur. Según relata el gerente, «la labor del filántropo no ha sido teñida con un gran intervencionismo. Había una donación económica destinada a esto, pero no se impuso ningún tipo de elección previa, ni de marca comercial, ni de características. Ha sido algo así como: “Con este dinero elijan ustedes, como profesionales, la maquinaria que necesitan’’. Esto es importante remarcarlo». afirma. En el caso de este hospital del sur de Madrid había una gran necesidad para renovar los aceleradores porque mostraban ya una alta obsolescencia debido al alto uso. «En 2018, tuvimos 1.342 pacientes en tratamiento y más de 1.600 valorados. Además, hemos incorporado a más de 500 pacientes del Hospital 12 de Octubre, ya que allí se encuentran en fase de renovación de equipos», asevera Mur, que puntualiza que, con el «Ferrari de Amancio» es posible que incluso la cifra de pacientes tratados se duplique. «Yo lo que espero es no tener que darme ningún otro ciclo», dice con buen humor Celso. «Al principio tenía mucho miedo, pero me puse en manos de doctores como Mariví y me dejé llevar», confiesa. Su doctora le contesta con una sonrisa antes de abandonar la sala donde se encuentra el acelerador que pronto estará funcionando a toda máquina.

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