Las yeguas en Doñana: al galope y en libertad

Flora y fauna. En definitiva, naturaleza. Ésta es uno de los principales reclamos turísticos de nuestro país. Uno de esos lugares de obligada visita es el Parque Natural de Doñana, situado en las provincias de Sevilla y Huelva. En sus 54.252 hectáreas conviven numerosos tipos de animales y vegetación. Destacan las poblaciones de flamencos, cigüeñas blancas, lince ibérico y yegua marismeña. Esta última supone una de las atracciones turísticas más importantes del territorio onubense.

El pasado miércoles tuvo lugar la tradicional saca de las yeguas, un espectáculo compuesto por unos 1.200 ejemplares de este animal cabalgando en estampida alejándose de las marismas de Doñana. Es en ese parque natural donde estas yeguas y potros viven durante todo el año en estado semisalvaje, hasta que cada 25 de junio son reunidas para así partir un día más tarde hacia la aldea de el Rocío.

Todo nace en el espacio conocido como Boca del Lobo, un lugar en el que los yegüerizos se encargan de recoger y reunir a los ejemplares. Es entonces cuando se lleva a cabo la tusa, una tarea que comprende el corte de las crines y la cola, así como la desparasitación. Acto seguido, en la zona acotada, en torno a 500 yegüerizos conducen al más de un millar de estos animales hasta Almonte, lugar en el que reciben la bendición a los pies del santuario. Allí les espera una multitud de personas venidas desde dentro y fuera de España que, como en ediciones anteriores, no quieren dejar pasar una de las costumbres andaluzas más arraigadas. Más tarde, la experiencia concluye en el recinto de Huerta de la Cañada, donde en días posteriores se celebra la feria ganadera en la que, además de comprarse y venderse estos animales, todo el que asista puede disfrutar de los cuidados que se ofrecen a esta raza autóctona. Una vez todo acabe, el lunes regresarán a la libertad que les brinda Doñana.

Gracias a la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño la saca se mantiene a lo largo del tiempo. Su presidente, Gregorio Maraver, reconoce que todo «se reduce a un cuerpo a cuerpo entre el animal y tú», sin más ayuda que una vara para mantener al ganado a raya y que no se rompa la manada.

El número de ejemplares que forman la cabaña equina se ha visto ampliamente reducido de un tiempo a esta parte. Una prueba de ello es que hace 50 años eran unas 3.500 las cabezas, mientras que a día de hoy esa cifra se ha reducido hasta las 1.000, debido a que el Parque Nacional de Doñana limita a 1.800 el número total de animales entre ganado vacuno y equino. En cualquier caso, y pese a las adversidades, se espera que esta fiesta nunca deje de cabalgar.