Una «guerra» más que telefónica

Tras violar las sanciones contra Irán, Estados Unidos teme que el régimen chino esté detrás de este gigante de las comunicaciones.

Wanzhou es la directora financiera de Huawei. El 1 de diciembre de 2018 fue arrestada por «estafar a múltiples instituciones financieras»
Wanzhou es la directora financiera de Huawei. El 1 de diciembre de 2018 fue arrestada por «estafar a múltiples instituciones financieras»

Tras violar las sanciones contra Irán, Estados Unidos teme que el régimen chino esté detrás de este gigante de las comunicaciones.

En el combate por la primacía del comercio, las balanzas fiscales y el proteccionismo, Huawei parece funcionar como moneda de cambio en la partida entre Washington y la Casa Blanca. El desencuentro más brutal arranca con la detención de la heredera del imperio chino, Sabrina Meng Wanzhou, en un aeropuerto de Otawa. Aunque se encuentra ya en libertad provisional, no sin antes poner como garantía de su estratosférica fianza sus mansiones en territorio canadiense, la actual directora financiera del gigante de los equipos de telecomunicaciones podría regresar a la cárcel en cualquier momento.

Las subidas arancelarias decretadas por Trump han supuesto ya un duro golpe para la balanza del país asiático, por lo que los gobernantes chinos parecen decididos a jugar varias partidas simultáneas. De un lado, la promesa de que el infierno aguarda a quienes pretendan enjaular a la emperatriz roja, lideresa de la factoría que aspira a cambiar el tópico de China como fabricante de basura plastificada, copias de productos de lujo y en general exportadora masiva de cachivaches sin apenas valor. Del otro, las primeras medidas concretas contra Canadá, y que pasan por la detención de varios ciudadanos de este país. Así, a finales de 2018 las autoridades chinas ordenaron la detención de del ex diplomático canadiense Michael Kovrig y del empresario Michael Spavor. Ambos hacen frente a inconcretas acusaciones de atentar contra la seguridad nacional, mientras que el expediente de Mclver tendría que ver con un asunto de visados.

En ese discurso el presidente Trudeau criticó a quienes pretenden politizar o amplificar la discusión pública respecto a la suerte de sus conciudadanos: de alguna forma parecía decir que conviene adoptar una postura más reflexiva y opaca, pues si bien el debate público al respecto «puede ser satisfactorio a corto plazo, no contribuiría al resultado que todos queremos». Claro que la suerte de Sabrina Meng Wanzhou no agota la guerra por Huawei. Hace años que la empresa trata de ganar presencia en EE.UU., pero las diferentes administraciones, tanto republicanas como demócratas, han mostrado su temor a que el Gobierno chino involucre a la compañía en tareas de espionaje. De ahí que, por ejemplo, Trump vetara la posibilidad de contratar el «hardware» de Huawei en las redes del Gobierno estadounidense con el argumento de que resulta imperativo proteger la seguridad nacional. Una decisión que previamente ya habían tomado países como Australia, Reino Unido, Japón y Nueva Zelanda. De fondo, el miedo a que la inteligencia china use Huawei como caballo de Troya.

Al poco de conocerse la detención de Meng el presidente Trump prometió intervenir en su favor siempre que llegase a buen puerto «el mayor acuerdo comercial de la historia». Dicho de otra forma, ofreció inmolar la separación de poderes, como moneda de cambio con China.