Pokémon: No es cosa de niños

Jugar a Pokémon Go es entretenido, pero puede traer terribles consecuencias, sobre todo para la privacidad de los menores.

Jugar a Pokémon Go es entretenido, pero puede traer terribles consecuencias, sobre todo para la privacidad de los menores.

Ni Nintendo ni Niantic han dado todavía cifras oficiales de cuántas personas son jugadoras activas de Pokémon Go, pero diversas fuentes apuntan a que a diario más de 20 millones se lanzan a la calle para atrapar a estos monstruos de bolsillo. Las firmas de análisis de datos en internet Taykey y Qualtrics han realizado estudios y revelan que el 21% de los jugadores tienen entre 13 y 17 años. Es decir, que hay más de 3 millones de jugadores menores de edad apasionados por el juego y dispuestos a infringir normas: según el estudio, el 10% de los jugadores ha ingresado en una propiedad privada y el 85% de los entrenadores confiesa jugar mientras conduce. Esto último es algo que se debería poder solucionar: si el GPS detecta que nos movemos a una velocidad mayor de la normal para un peatón, debería bloquear el juego. También hay peligro en cuanto a robos, que ya se han producido en España, usando los Pokémon como cebo para arrastrar a desprevenidos a zonas aisladas.

Pero una de las cosas que más preocupa es la privacidad de los menores. Estos no suelen leer la política de la empresa y como para descargarlo hay que tener cuenta de correo electrónico, la veda para obtener información se abre rápidamente. Tanto, que hemos consultado con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) y nos han informado de que «como se hace habitualmente cuando surgen inquietudes con respecto al impacto sobre la privacidad y la protección de datos de los ciudadanos, la Agencia Española de Protección de Datos está estudiando el funcionamiento de Pokémon Go y los servicios o sistemas relacionados con este producto». El problema es que hasta hace poco la política de privacidad de Niantic señalaba que al aceptar las condiciones, podían no sólo conocer la dirección de e-mail del usuario, su dirección IP, el historial de búsquedas recientes en internet, el nombre del jugador o su ubicación geográfica. También podían acceder a la cuenta de Google (si se había ingresado a través de ella, algo lógico para usuarios de Android). Con esta autorización implícita, Niantic podía leer nuestros correos, abrir archivos personales y saber nuestro historial de compras. La nueva versión de Pokémon Go ha intentado solucionar estos problemas por las quejas recibidas, pero los menores están sujetos, por desconocimiento a muchos peligros. Y también los adultos.

La firma de ciberseguridad Always On ha realizado un informe en el que advierte «de la desprotección a la que están expuestos los menores y de los nuevos peligros que acechan a niños y adolescentes en términos de ciberseguridad». Aparte de la cesión de datos, los jugadores se enfrentan a que, al hacer uso de la geolocalización, los menores están dando su ubicación exacta. Otro peligro potencial que señala Always On es que, al ser un juego que exige que se salga a la calle, muchos menores se conectan a redes públicas, una puerta abierta para que ciberdelincuentes accedan a información personal, sobre todo en los smartphones de niños de entre 13 y 17 años. Otro aspecto con las compras dentro de la app. Pese a tratarse de un juego gratuito, es posible usar dinero real para adquirir ventajas, subir de nivel o superar retos. Y esto es tan sencillo como introducir una contraseña en la App Store o en Google Play. Puede que muchos conozcan sus límites y no lo usen, pero la información de la tarjeta también está allí para que cualquier conexión a una red pública permita que los datos puedan ser robados.