La capa de Rufo y la voluntad de Perera en más de tres horas de espejismos

Manuel Perera corta tres trofeos y Rufo, al igual que Juan de María, uno en la primera de El Puerto

Perera sale a hombros de El Puerto
Perera sale a hombros de El Puerto FOTO: La Razón

Habían pasado 17 minutos y no había ocurrido nada. Prolegómenos. Excesivos. Vino el tiempo después de Sebastián Fernández, el rejoneador que sustituía al titular, y que tuvo buen aire, pero caso se le hizo poco, como si la tarde no estuviera para rejones. Esas cosas pasan.

A Tomás Rufo se le espera. Está a las puertas de la alternativa y eso cuenta. El preámbulo antes de dar el gran salto. Se las vio con el primer ejemplar de El Freixo y sacó el temple de las puras yemas de los dedos y el buen ritmo del toro acabó por ser ya de salida un rosario de lances en un campeonato de lentitud. Hasta los medios de este ruedo inmenso, con la paz de quien no tiene prisa y sí capacidad para decir muchas cosas. Las dijo y siguió su discurso, después de que el novillo de El Juli pasara por el caballo, con chicuelinas, tan lentas, mecidas, y rematadas a la cadera, que en verdad parecían otra cosa. Fue brillante. Bonito el comienzo de faena en el centro del ruedo por estatuarios como prólogo de una labor desigual, el animal tenía muy buena condición y poco empuje y Rufo parecía toreros distintos en la misma tanda, como si no acabara de definirse en un conjunto con muletazos notables. La espada no fue.

El cuarto bajó en calidad, menos claro y más desigual. Igualó Rufo más uniforme con el animal en una faena demasiado larga para poca explosión de emociones. Entró la espada.

Rufo, en el comienzo de faena a su segundo, en El Puerto
Rufo, en el comienzo de faena a su segundo, en El Puerto FOTO: La Razón

No era novillo fácil el que salió a Manuel Perera, encastado y exigiendo por abajo, eso sí agradecido. Entre las cosas buenas del torero es que no se afligió ante las huracanadas embestidas del animal. Hubo más de cruzarse y querer demostrar la cercanía con el toro, que poderlo, someterlo y crecer juntos. No era tarea sencilla. La espada fue abajo, pero fulminante y casi igual el trofeo.

De rodillas comenzó y acabó Perera con el sexto, que también fue bueno. Entre una cosa y otra vino una labor llena de voluntad, también toreo forzado y por fuera. La espada y doble premio.

Juan de María debutaba después de tiempo sin torear y tuvo la suerte de encontrarse con un ejemplar de El Freixo que lo tuvo todo de bueno, repetidor y franco. Un caramelo. El novillero anduvo por ahí con más ganas que calidad y metió la espada con tino. El novillo tardó nada y menos en caer y se le premió. A la primera entró también el acero con el sexto, que había sido buen novillo, De María solventó con el poco oficio que tiene como pudo. Pero el de El Juli no cayó, vinieron los descabellos y acabaron por escucharse los tres avisos. Mal final para una tarde que en verdad había sido un espejismo, porque más de tres horas después (inasumible para la poca emoción que tuvo el espectáculo), con varios ejemplares buenos, la plaza no había crujido. Ni en remoto.

Ficha del festejo

Se lidiaron novillos de El Freixo, propiedad de El Juli, y uno para rejones de Fermín Bohórquez, 1º, bueno; 2º, bueno, noble, con ritmo y justo de poder; 3º, encastado y agradecido; 4º, bueno; 5º, deslucido; 6º y 7º, buenos.

Sebastián Fernández, pinchazo, rejón, dos descabellos (saludos).

Tomás Rufo, de azul marino y oro, tres pinchazos, estocada (saludos); estocada (oreja).

Manuel Perera, de grana y oro, estocada baja (oreja); estocada (dos orejas).

Juan de María, estocada (oreja); estocada, media, ocho descabellos (silencio tras tres avisos).