Morante viaja al pasado sin billete de vuelta

Un deslucido encierro de Prieto de la Cal, con una polémica devolución incluida, hizo imposible el toreo del diestro de la Puebla y la tarde se llenó de silencios

Morante a la verónica en el tercero
Morante a la verónica en el tercero FOTO: Emilio Mendez

Nada era lo que parecía. O sí. La plaza estaba llena, según las normas. Pero el ambiente no era solo de llenazo era de día histórico. Lo que iba a pasar en las dos siguientes horas suponía un horizonte de incertidumbre que nadie llegaba adivinar. ¿Y Morante? Seis toros de la ganadería Prieto de la Cal esperaban dentro. Era noche previa de no dormir, de saltar de susto en susto. Morante lo había tenido claro. Lo dijo y lo ha hecho, y aquí estaba vestido para dar cuenta de que aquello no fue un pensamiento fugaz. A la tauromaquia le faltan gestos, salirse del patrón encorsetado en el que se mueve en los últimos lustros. Esa comodidad de los protagonistas aumenta a la misma vertiginosa velocidad que el desinterés de lo que ocurre en el ruedo. Si el toreo es previsible estamos muertos.

Morante, a la llegada a la plaza
Morante, a la llegada a la plaza FOTO: Emilio Mendez

Sorprendió en todo. A su llegada a la plaza en coche de caballos, a la antigua, en una amenaza de paralizar El Puerto y vestido de azul celeste y oro. Rarísimo en él. Precioso terno. Se cayó la plaza durante el paseíllo, y después. Agradecimiento de la afición por el gesto tornado en gesta. Y de hecho comenzó pronto, porque detrás de la bella capa de pelo del primero de la tarde, «Felino» de nombre y jabonero, hubo un toro que no pasaba ni una, ni media. De hecho ya con el capote se le cruzó, una y otra vez. En ese laberinto va la vida. Movía el gesto Morante. Ya sabía donde se había metido y ahí estaba. Fácil no se lo puso al banderillero y a Lili le sobrepasó. Muy orientado llegó el toro después, sobre todo por el zurdo. Morante tenía una bala guardada. Como mucho la faena pudo durar un par de minutos, se perfiló y le mató pronto y bien, todo hay que decirlo. Y pasó palabra, que le quedaban cinco.

El segundo tampoco dio mejor vida, aunque lo bordó con los palos Ferreira. Hubo un atisbo, un parecer, pero el toro se orientó pronto y Morante tiró por la calle del medio. Con tranquilidad.

Quizá fueron dos o tres verónicas las que pudo soplar al tercero, pero resonaron como un huracán por los tendidos de El Puerto. Fernando Sánchez le puso un par en el top de torería. En corto y por derecho, perfecto. No quiso pasar el toro después, al paso y por arriba, en las antípodas de lo bravo. Morante lo mató sin más demora. Ya iban tres y la gente comenzó a impacientarse.

Cambiamos de capa de pelo, negro el cuarto, pero sin querer pasar en la muleta del diestro. Le pasó por aquí y por allá y dio fin a la historia, encaminada a la brevedad. Podría haber perdido más tiempo, pero lo cierto es que el de Prieto de la Cal estaba hueco.

Un lío gordo fue lo que se organizó en el quinto cuando el presidente ante la sorpresa de todo el mundo, incluido el torero, echó el toro para atrás. A los corrales. Inaudito. Y para allá fue. Le sustituyó uno de Parladé para descanso del de La Puebla. Empezábamos de nuevo. Se protestó al de Juan Pedro entre el desconcierto general y no recobramos los ánimos hasta que Morante tomó la muleta. ¡Ojo que se acercaba el fin de fiesta! Lo curioso de esto es que este animal sí estuvo flojo en varas y no el que había visto el camino de vuelta. Con Morante regresó el orden y la guasa, cuando hizo pensar que iba a matar al toro nada más sacárselo al tercio. Fue después, ya ellos solos, cuando buscó ese lenguaje que le ha coronado esta temporada, de nuevo de peregrinación por el torero de La Puebla, pero no hubo resortes para encontrarlo. Al toro le faltaba el alma y se echó.

Más de lo mismo fue lo del sexto. Lo intentó el sevillano, intentando justificar aunque fuera el último cartucho, pero no podía ser. A la espada ya le faltó ímpetu.

Billete de vuelta

Morante había hecho un viaje al pasado con el intento de recuperar el futuro. Y en parte fue así, no hubo toreo porque la corrida de Prieto de la Cal estaba vacía. Ni la menor complicidad con la gesta del torero. Pero sí hubo altas dosis de expectación y esa sensación de estar ante un acontecimiento. Morante había hecho un viaje al pasado, pero sin encontrar el billete de vuelta.

Ficha del festejo

 El Puerto de Santa María (Cádiz). Se lidiaron toros de la ganadería de Prieto de la Cal. 1º, orientado y con peligro; 2º, paradote y orientado; 3º, deslucido; 4º, sin opciones, no quiere pasar en la muleta sin entrega; 5º, devuelto a los corrales por sorpresa y sustituido por uno de Parladé, deslucido, fojo y sin raza; 6º, descastado y deslucido. Lleno de «No hay billetes».

 Morante de la Puebla, de azul celeste y oro, estocada (silencio); pinchazo, estocada (silencio); pinchazo, estocada (silencio); pinchazo, pinchazo hondo (silencio); pinchazo hondo (silencio).