Aguado, triunfo y milagro, con Manzanares

El alicantino y el sevillano cortaron dos orejas cada uno al último toro de su lote en la última de El Puerto de Santamaría

Manzanares da una larga cambiada
Manzanares da una larga cambiada FOTO: CT

Sin ningún dramatismo Manzanares se fue al centro del ruedo al poco de deshacerse el paseíllo. A plaza llena el silencio enterraba el oxígeno. El de Alicante, como punto de partida se fue a recibir al primero a la puerta de toriles. En los segundos antes se escuchaba la respiración del de al lado. Miedo compartido. El de Juan Pedro Domecq tomó el capote de Manzanares limpio. No contento fue a por otra larga cambiada de rodillas. La gloria no vino después. El toro tenía las revoluciones justas y era más de sacárselo que regalarlo. La suavidad hubiera sido la bandera de la faena, pero acabó sin forma ni estructura.

Aguado da un natural en El Puerto
Aguado da un natural en El Puerto FOTO: CT

Era el mano a mano entre Manzanares y Pablo Aguado y colgó también por segunda tarde el «No hay billetes» en taquilla. Pablo no renunció a la rivalidad y recibió al toro a portagayola. Dos de dos. Solo que luego lo hizo todo tan lento y con ese empaque que le es innato, que emoción el toro no tenía, pero su nobleza la elevó con su clase. Los muletazos morían tarde, lejos, más allá, no eran fogonazos, simplemente dejarse llevar. La espada fue un cruce de caminos repleto de negritud.

A portagayola se volvió a ir Manzanares con el tercero y salió más ajustada la cosa. El toro fue noble y la faena tan intermitente que quedó en poca cosa.

Al cuarto no le acompañaron las fuerzas y estaba tan bajo de raza que ni la muleta de Aguado resucitó aquello.

Dos balas nos quedaban en el cartel que cerraba la Feria de El Puerto. El último de Manzanares sí que se movió, con ese punto de carbón que no dejó indiferente. Manzanares lo supo desde la primera tanda diestra. El toro tomaba la muleta por abajo, con codicia, transmisión y ese punto de reponer que no permitía descuidos. Anduvo el de Alicante más compacto, ligado, sobre todo en el primer tramo de la faena. En la suerte de recibir esperó al toro y entonces volvió a ser el cañón de siempre y El Puerto, que estaba loco por entregarse, se rindió. Doble premio a una faena impulsada por la espada.

Pablo Aguado se entretuvo en torear a la verónica al sexto. Torear en mayúsculas con cadencia, los vuelos… se dejaba hacer el Juampedro. El quite por chicuelinas a punto estuvo de salirle caro. Fue en la tercera o cuarta cuando ocurrió algo raro, como si el animal se quedara detrás de la capa y le cogió. No encontró Aguado la vía de escape. Le tuvo a merced y en el mismo centro del ruedo (con lo que se tarda en llegar hasta allí y más en este) durante mucho tiempo. Se repuso, echó raza, volvió a la cara, también por chicuelinas. Se vencía el toro por el izquierdo y cuando remató la congoja había dado paso a la admiración. Era otra película. Tenía complicaciones por el zurdo, pero quiso hacer las cosas siempre bien Aguado. Todo tuvo buen sentido del toreo y dejó derechazos extraordinarios. Crujió El Puerto con oles. No era para menos. Al remate de faena le faltó contundencia con la espada, pero ya era tarde para contener las emociones. Dos trofeos. En otros tiempos, José María Manzanares y Pablo Aguado se hubieran ido a hombros de la plaza. Esta vez no pudo ser. La gente, aun así, les esperaba a los pies de la Puerta Grande. Melancolía de otros tiempos.

Ficha del festejo

El Puerto. (Cádiz). Se lidiaron toros de Juan Pedro Domecq. 1º, noble y con poco fuelle; 2º, noble y suavón; 3º, noblón; 4º, deslucido; 5º, bueno, con entrega y emoción; 6º, bueno por el derecho.

José María Manzanares, pinchazo, estocada (saludos); pinchazo, estocada baja (saludos); estocada (dos orejas).

Pablo Aguado, de rioja y oro, cuatro pinchazos, estocada, aviso, dos descabellos (saludos); estocada (saludos); pinchazo hondo (dos orejas).