Pepe Moral y la bala en la recámara

Pepe Moral buscó el triunfo, aunque sin resultado
Pepe Moral buscó el triunfo, aunque sin resultado

A Pepe Moral le suele funcionar la última bala, como a Harry el Sucio, el Dirty Harry de Clint Eastwood. «Sé lo que estás pensando, si disparé las seis balas o sólo cinco. La verdad es que con todo este ajetreo también yo he perdido la cuenta, pero siendo este un Magnum 44, el mejor revólver del mundo, capaz de volarte los sesos de un tiro, ¿no crees que debieras pensar que eres afortunado?». Con un disparo de gracia, Pepe Moral amarró una oreja en el último toro de la corrida de Montalvo y las dos de otro sobrero del Conde de la Maza en el Corpus de 2014, que fue su resurrección y su trampolín para esta Feria. La devolución del sexto interrumpió la oxigenante rapidez con la que transcurrió la mala corrida de Torrestrella, pero parecía la señal de que otra vez se iba a cumplir esta cinematográfica teoría de la última bala en la recámara. Fue sacar el presidente el pañuelo verde y se me superpusieron dos imágenes. La de Carlos Latre, perfectamente maqueado, enfilando el portón de salida –que allí estaba Latre– y la de Clint Eastwood con el Magnum 44 de cañón largo en la mano diestra, pegando tiros y apurando el perrito caliente. «¿Disparé seis balas o sólo cinco?». Falló esta vez la teoría, ganaron los malos de la película y Pepe Moral salió para Los Palacios con una vuelta al ruedo y la incertidumbre de no saber a partir de ahora qué pasa. El sexto respondió a la escasa fuerza y bravura que tuvo toda la corrida. Se afanó el diestro, templó el acelere que tuvo en el tercero –hambre por triunfar era lo que tenía– y robó muletazos fetén cuando el toro pedía arsénico por compasión y el público, el pescaíto de la Feria. El sábado de Farolillos es el día tradicional de Torrestrella. Corrida de gente guapa, banderillas y alegría de rebujito. Burraquitos que embestían como tanquetas se le han escapado entre aplausos a Fandis y Riveras. Era un aliciente ver los toros de los Alburejos otro día y en otras manos. Pero cuando hay toros, no hay toreros. Cuando hay toreros no hay toros. Ya se sabe, la Fiesta. Lo que pasa es que la Fiesta está pasando de la mala salud de hierro a la mala salud a secas. Ayer, media entrada en La Maestranza. El público quiere ver a las primeras figuras y el cartel no era precisamente de figuras, pero ojo que hace sólo unos años el rebufo de la Feria llenaba tres cuarto de plaza. Le escuché la otra noche a un taurino con muchos sexenios y muchas muescas en el revólver que esto no se acaba, pero que dentro de quince o veinte años se van al carajo las ferias tal y como hoy las conocemos. Corridas puntuales, excepcionales, como si fuera la programación del Circo del Sol. Pensemos mejor que queda todavía una bala en la recámara. Aunque uno, qué quieren que les diga, también ha perdido la cuenta. LOS TOROS - Pág. 48