«Black Monday»: Los otros lobos de Wall Street

Recién estrenada en Movistar+, la nueva serie protagonizada por Don Cheadle imagina los acontecimientos que provocaron el desplome bursátil de 1987

  • Don Cheadle (izquierda), Andrew Rannells y Regina Hall en una escena de la serie «Black Monday»
    Don Cheadle (izquierda), Andrew Rannells y Regina Hall en una escena de la serie «Black Monday»

Tiempo de lectura 4 min.

27 de enero de 2019. 02:52h

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Nando Salvà.  27/1/2019

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Hay dos formas básicas de enfocar una ficción de época. Una de ellas es tratar de reproducir con fidelidad las psicologías de los personajes, teniendo en cuenta que lo que para nosotros es contexto histórico para ellos es la realidad presente. La otra forma es hacer guiños constantes al espectador sobre lo ridícula que la gente de antaño era a la hora de vestirse, hablar o comportarse, y obligar a los personajes a decir cosas que resultan graciosas solo desde la irónica distancia del tiempo. «Black Monday» adopta este segundo enfoque.

Pese a que la nueva serie –recién estrenada en Movistar+– toma su título y su premisa argumental central de un suceso ocurrido hace 30 años, de ningún modo está ambientada en el mundo real. Sobre el papel su objetivo es explorar los motivos que causaron el colapso de Wall Street en 1987, bautizado como Lunes Negro; pero su narración transcurre en una versión de aquella época que es pura parodia. Parece ser que durante los 80 el distrito financiero de Nueva York era salvaje, caótico y extremo, y «Black Monday» se esfuerza para que en ningún momento lo olvidemos. Todo en ella es exagerado: los peinados, la obsesión por el dinero, el consumo de drogas y las constantes referencias a significantes culturales de la época, de Top Gun a INXS pasando, por supuesto, por Gordon Gekko. Y eso sabotea cualquier posibilidad de que nos tomemos a los personajes en serio, pese a que eso precisamente es lo que la serie pretende.

En concreto, lo que en ella se cuenta es la historia ficticia de un grupo de operadores en bolsa de métodos poco ortodoxos encabezados por Maurice «Mo» Monroe (Don Cheadle), que intentan echar un pulso a los grupos de poder que dominan Wall Street y en el proceso acaban derribando el sistema mismo. Su condición de «outsiders» no impide que los personajes sean igual de despreciables que el resto de fauna de Wall Street, el tipo de gente que se pavonea de tener sexo con prostitutas en la oficina. Incluso la única persona adulta del grupo, Dawn Darcy (Regina Hall), se ve obligada a reír las gracias a todos sus colegas.

Humor cruel y cocaína

Visto lo visto –tres episodios de un total de 10–, el humor de la serie no siempre resulta eficaz. Que buena parte de los chistes sean crueles y groseros no supondría ningún problema si la crueldad y la grosería estuvieran al servicio de la historia, pero no es el caso. Más discutibles aún, eso sí, son los momentos en los que «Black Monday» intenta que empaticemos con los personajes en lugar de reírnos de ellos.

Cabe preguntarse, por último, qué tratan esos personajes de explicarnos acerca de Wall Street o de los años 80 además de que había muchísima cocaína. De momento, no mucho. Pero hay que reconocer a la serie la capacidad para retratar el mundo de las finanzas como algo más bien patético. Viéndola queda claro que quienes operan en él, en su día modelos de conducta, son una panda de cretinos, niñatos y «frikis». Y contemplarlos resulta menos gracioso que amargo. Después de todo, esa actitud es la culpable no solo de que hayamos pasado buena parte de los últimos diez años sumidos en la crisis, sino también del ascenso de fanfarrones como el que hoy ocupa la Casa Blanca.

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