¿Por qué son tan importantes las leyendas de Toledo?

En la ciudad del Tajo podemos comprender más íntimamente los orígenes que cimientan nuestra cultura

Existe un consenso generalizado a la hora de determinar por qué los seres humanos nos hemos desvinculado hasta separarnos del reino animal. A este cambio - milagroso para algunos - se le atribuyen dos factores: el descubrimiento del fuego y la narrativa popular. El dominio de la naturaleza a través de la llama y el dominio de nosotros mismos a partir de la creación de leyendas, mitos e historias que generan a su vez sociedades unidas. A partir de ciertas leyendas, también conocidas como mitos fundacionales, imperios del talante de Roma se levantaron sobre el reducido espacio de siete colinas hasta extenderse por la mitad del mundo conocido. No importa qué leyenda sea, ni la versión que se narre, siempre y cuando haya alguna para contar.

España es un país rico en leyendas, acaudalado en cultura. La aglomeración en nuestro país, primero de íberos y de celtas, después de romanos, judíos, visigodos, musulmanes e italianos, y muchas civilizaciones más, han otorgado a nuestra mitología popular una serie de aromas y sabores diferentes a los de cualquier otro lugar del mundo. De todos los países que he visitado, ninguno guardaba bajo su tierra leyendas que procediesen de tantas y tan variadas culturas como las nuestras.

Una herramienta de propaganda en Toledo

Lejos del carácter romántico que ciertos autores del siglo XX quisieron dar a Toledo, tildándola como la Ciudad de las Tres Culturas o la Ciudad de la Tolerancia, lo cierto es que esta vieja ciudad a las orillas del Tajo siempre fue un escenario de disputas, dentro de las ocasionales muestras de amistad. Sus leyendas lo demuestran. Desde los primeros años de la Edad Media fueron circulando de boca en boca por las distintas religiones, ya fuera para vilipendiar al contrario y expulsarlo, o para realzar cualquier idea.

La leyenda del Pozo Amargo cuenta que, en torno al siglo XIV, un usurero judío descubrió que su hija se veía en secreto con un amante cristiano. Ciego de ira, acuchilló al cristiano en plena noche, acto que terminó por enloquecer a su propia hija. Desde entonces ella esperaba cada noche, como había hecho antes del desafortunado encuentro, a su amado junto al pozo que todavía hoy puede verse en la calle con mismo nombre. Pocos años después, creyó ver el reflejo del mozo en lo más profundo del pozo y se lanzó a por él.

Igual que hoy se preparan con lentitud inexorable los tejemanejes del espectro político para controlar a las masas, alimentándolas con migajas de escándalos antes de soltar el bombazo final, algo parecido hacían las leyendas toledanas. Tras dibujar la imagen del judío como un ser zafio y asesino, no resultó difícil expulsarlos de España en 1492. Claro que los judíos también tenían sus historias para rebajar a los cristianos, aunque no parecieron ser suficiente. En cualquier caso, lejos de su ideal dulce y pacificador, las leyendas de Toledo - y de cualquier otro lugar - fueron la herramienta de propaganda más útil del medievo y buena parte de la Edad Moderna.

Cuéntame Toledo, el método perfecto para conocer sus leyendas

Pero esta revelación no resta importancia a las leyendas, sino que potencia su relevancia a la hora de entender nuestra cultura. Ya no son estas un simple juego de palabras bien delineadas, algunas con más imaginación que otras, para contar a nuestros hijos antes de dormir. Son un arma. Grabada con cada milímetro de las tradiciones, ideas, miedos y sueños que marcan cualquier cultura. Semejante a una espada, podemos fundir el hierro de las leyendas y separar cada uno de sus metales, las tradiciones y las ideas, los miedos y los sueños y, una vez separados, estudiarlos en profundidad. Donde todos los libros de Historia hayan ardido o hayan sido tergiversados sin remedio por las ideologías, echar mano a las leyendas es la mejor manera de conocer nuestra Historia.

¿Y cómo hacerlo? Hay libros. Pero si no quieres complicarte con palabras que parecen matemáticas, mi recomendación está clara: las visitas de Cuéntame Toledo. Ha sido haciendo una visita guiada con ellos, de no más de hora y media de duración (y gratuita) mientras zigzagueábamos cada esquina de la ciudad, cuando he aprendido este doble filo que tan necesarias hacen a las leyendas.

Ellos te llevan - con las medidas motivadas por el coronavirus no es posible pero suelen hacerlo - hasta la Cueva de Hércules para explicarte la fundación de la ciudad. ¿Recuerdas que antes dije que no importa cuántas leyendas haya, siempre que exista alguna? Toledo tiene un buen puñado de leyendas dispuestas a explicar sus orígenes. Unos dicen que fueron comerciantes hebreos. Otros, que los romanos quisieron hacer una réplica de su ciudad en el corazón del Tajo, también sobre siete colinas. Todavía quedan historias que atribuyen a Hércules la creación de esta ciudad. Cuéntame Toledo explica cada leyenda sin un rastro de los delirios de fantasía, consciente de que hace falta rascar con las uñas hasta descifrar el verdadero sentido de una leyenda.

Ofrecen rutas a través de las leyendas de la ciudad, por el mundillo templario que la rodeaba en el medievo y, esta es muy interesante, un recorrido físico por los baluartes de la literatura toledana en los últimos siglos.

Por qué son tan importantes a día de hoy

Vivimos en un mundo de masas. Corremos de lado a lado guiados por el pastor y su cayado, sin pararnos a pensar por qué sentimos esta imperiosa necesidad de obedecer al amo. ¿Sabes tú por qué podría ser? Yo creo que mucho se resume a que no nos conocemos a nosotros mismos; así, cuando aparece un líder que dice conocernos, suspiramos aliviados y nos lanzamos a sus pies con ciega adoración. Algunos lo hacen, al menos. Pero quiero pensar que si nos conociésemos a nosotros mismos, no solo desde un punto de vista individual sino colectivo, tomando de referencia cada una de las motivaciones que impulsaron a nuestros ancestros, quizá logremos desenvolvernos un poco mejor.

Escuchando la leyenda que culpa al rey Rodrigo de perder Hispania frente a los musulmanes, acusándolo de cometer el sacrilegio de entrar en la Cueva de Hércules para robar su tesoro, aprendemos que los españoles olvidamos con dificultad. Aunque recordar no nos vaya a devolver lo perdido.

Paseando por las mezquitas musulmanas, transformadas en iglesias tras la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI - al cual atribuyen las leyendas del Cid una crueldad sin parangón -, conocemos que nuestras raíces no son tan claras como podemos pensar en un principio. Están mezcladas las unas con las otras, correspondiendo cada tubérculo a una religión distinta. ¿O todavía queda quien piensa que tras 700 años en la península, los musulmanes solo nos legaron un puñado de palabras?

Toledo no se limita a una ciudad de ladrillo y piedra. El cemento que las une son decenas, centenas de leyendas (se estima que en torno a 180), fantasmas resbalando con nostalgia por sus aceras, traiciones, mentiras, verdades a medias. Y solo hurgando en ellas encontraremos nuestra esencia.