El Palacio Potala en el Tíbet, el más alto del mundo, te impresionará

Cuando se viaja a Lhasa el budismo tibetano se vive en su máxima expresión

Ocho mil doscientos noventa y siete kilómetros es la distancia entre España y la capital tibetana y cuando por fin llegas y sales a recorrer sus calles y sus templos, el enganche al colorido de las vestimentas de sus habitantes, de sus palacetes, de sus dioses, de sus monumentos y del recogimiento de los fieles al budismo tibetano, es total. Considerada el techo del mundo, la ciudad sagrada está impregnada de fe y tradiciones, el olor en sus calles y en sus templos transporta a un mundo diferente, místico y profundo. Uno de los objetivos principales de un viaje a Lhasa es entrar al Palacio Potala, que marca de cierta manera el ritmo de la ciudad. El nombre de la ciudad significa “lugar de los dioses” y durante años estuvo prohibida para los occidentales. La comunidad está formada por musulmanes, hindúes y chinos. En 1950 y después del golpe de estado por parte de China, fue ocupada por el Ejército Rojo. Desde 1980 está abierta a turistas extranjeros.

Lhasa y sus gentes

El XIV Dalái Lama, Tenzing Gyatso es el líder político y espiritual del Tíbet. No olvida el día que tuvo que dejar Lhasa después de verse la cara llena de cenizas por los proyectiles que la artillería china había lanzado a su palacio. Desde entonces no ha cesado de contarle al mundo la historia de su país y de sus gentes.

Es difícil calificarla, es un lugar misterioso, profundo, solemne, con luz...Muchos la llaman la ciudad del sol, para ellos es como para la cultura maya, azteca o inca, el astro sol es uno de sus principales elementos y es verdad que su luz debido a su situación geográfica es especial.

En el siglo uno d.C. aparecieron diferentes tribus, lucharon hasta terminar uniéndose. En el siglo VII surgió el Imperio Tibetano, su primer emperador fue Songtsen Gampo. Fue rey del Tíbet y contrajo matrimonio con dos princesas, Bhrikuti y Wencheng, la primera nacida en Nepal y la segunda en China. Con la princesa Wencheng que pertenecía al imperio Tang, se casó en el año 641 d. C por razones políticas. El Palacio Potala fue construido en el siglo VII para la princesa Wencheng. Durante su régimen, construyó el primer templo en el Tíbet, estableció un código de leyes de acuerdo con los principios del Dharma e hizo que sus funcionarios desarrollaran la escritura tibetana.

El ambiente en las calles transmite la esencia del Tibet. En una de las plazas se escuchaban voces femeninas, no era un ruido que se pareciera a una manifestación, era más parecido a un murmullo silencioso de una multitud. Me dejé llevar hasta que llegué al sitio de donde salían esas voces. La imagen me cautivó. Decenas de mujeres vestidas, la mayoría de ellas en tonos rojos, rosados y anaranjados, intercambiaban opiniones imagino, podría ser de los productos, de sus vidas, de sus hijos o no lo sé, pero más adelante constaté que las comunidades de mujeres suelen salir en grupos a realizar sus quehaceres y es allí en donde “ponen en orden sus pensamientos”. Los grupos de personas que pasean por las calles están compuestos o de mujeres o de hombres y eso sí, todos con atuendos típicos con mucho colorido. No faltan obviamente los lugares más “neutros” en donde teniendo siempre de fondo el Palacio Potala, desarrollan su día a día.

Aunque el Palacio Potala es nuestro principal objetivo del viaje a Lhasa y ya que hemos recorrido medio mundo para llegar hasta aquí, hay que aprovechar para conocer otros templos como el Jokhang. El viaje al Tibet es descubrir sus costumbres y si se tiene la suerte de presenciar alguna de sus ceremonias es realmente interesante. En el templo Jokhang se encuentra la estatua de Sakyamuni Buda que la princesa Wen Cheng trajo hace más de 1,300 años. El templo es un interesante edificio en el que destaca por su arquitectura y el toque dorado de sus techos. Es el centro espiritual de la ciudad y uno de los más visitados por los turistas, está considerado por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad junto con el Potala y el Norbulingka. Al parecer fue construido en el año 642. Las esposas del Rey aportaron como dote numerosas imágenes budistas que están expuestas en el templo.

Volviendo a las tradiciones, en otro templo se celebraba el aniversario de una princesa, fue una suerte presenciar la ceremonia en donde aparece ante todos los fieles en un balcón, es una niña maquillada con la indumentaria y el maquillaje que las tibetanas llevan para las grandes ocasiones. Como es normal y sin conocer las tradiciones locales, intenté analizar cada uno de los detalles de la pequeña princesa pero uno de los presentes, me pidió que bajara la cabeza en signo de respeto. Más tarde me enteré que está completamente prohibido mirarla y mucho menos hacerle fotos.

Visitar Lhasa es visitar templos y adentrarse en su mundo. En los patios interiores de algunos de ellos, los monjes se reúnen para rezar, meditar y debatir. Los tiempos que dedican a la meditación se desarrollan en un silencio que impresiona que solo lo rompen algunos sonidos que salen de sus propios rezos.

El Potala

Es la residencia de invierno del Dalai Lama. Fue construido por el quinto Dalai Lama en 1645.

En las montañas del Himalaya, El Palacio Potala fue construido durante la dinastía Tang del siglo séptimo antes de Cristo durante el reinado del rey Songtsan Gampo del Tíbet y sigue siendo considerado un lugar sagrado para muchos tibetanos. En la parte oeste de Lhasa se alzaron las paredes con más de tres mil setecientos metros sobre el nivel del mar.

Construido por amor

El Rey Songtsan Gampol lo mandó construir para ofrecerlo a la que sería su esposa . Tiene mil habitaciones repartidas en ciento treinta mil metros cuadrados, cuenta con diez mil templos con doscientas mil estatuas. Las diferentes guerras lo dañaron pero los tibetanos que lo consideran su templo más sagrado, lo han ido reconstruyendo. Cuando se vieron las primeras imágenes del Tibet y el Palacio Potala, se reforzó lo escrito en la novela Horizontes perdidos una novela de James Hilton publicada en 1933 que transcurre en un monasterio tibetano en Shangri-La, un lugar perdido en el Himalaya. Es interesante su lectura porque además de ser muy amena, describe bien la mentalidad de los tibetanos, sus creencias y habla de sus vidas que son gobernadas por los lamas.

El Palacio Potala, palacio de invierno del Dalai Lama desde el siglo VII, simboliza el budismo tibetano y su papel central en la administración tradicional del Tíbet. El complejo, que comprende los Palacios Blanco y Rojo con sus edificios auxiliares, está construido en la Montaña Roja en el centro del valle de Lhasa.

Viajar a esta parte del mundo es adentrarse a un mundo diferente, podríamos decir que algo misterioso. Cada detalle, por más común que nos parezca tiene un significado.