Las tradiciones funerarias según diferentes culturas del mundo

La abundante riqueza cultural de nuestro mundo toma forma en los diferentes ritos que encontramos para despedir a los difuntos

Una mujer entierra los restos de su familiar, víctima del genocidio de Srebrenica, en Potocari
Una mujer entierra los restos de su familiar, víctima del genocidio de Srebrenica, en Potocari

Uno de los mejores métodos para comprender las culturas extrañas se encuentra en su relación con la muerte. Emily Dickinson dijo que “morir es una noche salvaje y un nuevo camino”, y así ven las culturas del mundo el final de la vida, como un nuevo camino, una nueva etapa para la cual los fallecidos deben estar correctamente preparados. Así podemos encontrar en las tradiciones funerarias de todo el mundo las diferentes relaciones que los vivos mantienen con la naturaleza, sus dioses, los ancestros, sus raíces y sus ilusiones.

Hace unos años tuve la oportunidad de participar en un funeral haitiano. A lo largo de la celebración, cada cinco minutos una mujer rompía a chillar y se derrumbaba sobre el suelo. Cuatro hombres la levantaban, forcejeaban con ella para sujetarla y se la llevaban fuera con intención de tranquilizarla. A los cinco minutos hendía el aire un nuevo aullido, de una nueva mujer, y esta se derrumbaba igualmente sobre el suelo presa de violentos espasmos. Cuatro hombres la levantaban para llevarla fuera. Cinco minutos después gritaba otra mujer, y así sucesivamente. La intensa relación entre los haitianos y la muerte venía reflejada en esos chillidos desolados y calculados, donde un individuo exteriorizaba el dolor de todos los congregados, como una puerta de salida, mientras otros cuatro representaban la fortaleza y la esperanza, al doblegar el dolor. Haití y la muerte se fundían con los gritos de esas mujeres.

Cristianos

FOTO: Esteban Biba EFE

Ya sabemos que la religión cristiana entierra a los suyos, igual que Jesucristo fue enterrado antes de resucitar al tercer día. Como ocurría en tiempos de Jesús, aquellos que puedan permitirse una tumba sobre la tierra, como un mausoleo, consiguen allí su descanso eterno, mientras el resto de los difuntos son enterrados bajo tierra. Por ejemplo el cuerpo de Jesús fue depositado en un sepulcro sobre la tierra, un sepulcro prestado por José de Arimatea, ya que no tenía los bienes terrenales suficientes para pagar una sepultura propia.

Se comenta que las religiones cristianas no aceptan la cremación como forma válida de descanso eterno pero esta afirmación no sería del todo correcta. Aunque los cristianos consideran que la carne (incluso descompuesta y convertida en huesos o polvo) es la base necesaria para la resurrección que ha de venir, y que la forma óptima de reposo es la del enterramiento, no niegan que si la ocasión lo requiere puede darse la incineración de los cuerpos. Un claro ejemplo lo encontramos en las guerras y epidemias ocurridas a lo largo de la Historia, cuando las fosas comunes eran incendiadas para evitar la dispersión de enfermedades que pudieran afectar a los vivos.

Musulmanes

Al morir un musulmán, sus familiares (hombres en el caso de fallecer un hombre, mujeres en el caso de fallecer una mujer) lavan el cuerpo del difunto, lo guardan en una mortaja y procuran enterrarlo 24 horas después de su fallecimiento, o tres días después a más tardar. En este aspecto sus ritos se asemejan a las religiones judeocristianas. Sin embargo el islam prohíbe tajantemente la cremación de los cuerpos o su embalsamiento, y las manifestaciones exageradas de dolor por parte de los seres queridos.

Judíos

Las prácticas funerarias judías son muy similares a las cristianas. Aunque la mayoría de los judíos son enterrados con una mortaja sencilla, algunas ramas reformistas del judaísmo aceptan la cremación de los cuerpos o la vestimenta de los mismos con ropajes más ostentosos que la simpleza de la mortaja. Pero aquí viene un dato curioso: en la mayoría de los funerales y enterramientos judíos, las flores no están bien vistas. Su religión procura que los entierros sean humildes y sencillos.

Budistas

A ojos de los budistas, la muerte no es el final. Se considera el inicio de una nueva etapa en el ciclo de la existencia, el inicio de otra vida que se dará una y otra vez hasta que el espíritu del difunto alcance el Nirvana (el estado de liberación del sufrimiento y del ciclo de renacimientos). Por tanto el rito funerario budista se considera un rito de paso. Se cubre con un sudario el cuerpo del difunto durante tres días y no se le toca, mientras los amigos y familiares oran a Buda, antes de colocar el cuerpo en su ataúd. Pero antes de la incineración se suceden las visitas de amigos y familiares, remarcándose el factor social del rito funerario budista (una escena que representa con habilidad el filme Gran Torino), y, después de orar por el difunto durante días y después de que todos sus seres queridos se hayan despedido del mismo, se procede a la cremación del cuerpo o su enterramiento. Ambos métodos son aceptados.

Una semana después se celebra una nueva ceremonia por el difunto y una última, como despedida final, a los 49 días de su entierro o cremación.

Hinduistas

Vista de Benarés desde el río Ganges FOTO: pixabay (nombre del dueño)

Los ritos funerarios hinduistas están estrechamente ligados a los budistas, ya que ambos creen en la reencarnación y en el Nirvana. Sin embargo no aceptan la inhumación como hacen otras religiones, ya que consideran el cuerpo físico como un obstáculo para el alma que debe proseguir su camino. La cremación es el único rito funerario aceptado por el hinduismo, de la misma manera que los musulmanes solo aceptan el enterramiento. Y aquí merece la pena hacer un paréntesis. Tomando como referencia la nefasta relación entre Pakistán (de mayoría musulmana) y la India (de mayoría hinduista), resulta interesante comprobar las diferencias abismales entre ambas religiones: una es politeísta y la otra monoteísta, una obliga a la cremación y la otra a la inhumación, una cree en la reencarnación y otra en el Yanna...

El mejor tipo de final que se le puede dar al cuerpo de un hinduista lo encontramos en Benarés. Hasta esta ciudad de la India acuden fieles de todo el país para incinerar a sus difuntos y tirar sus restos (el pecho de los hombres y la cadera de las mujeres) a las aguas sagradas del Ganges. Los hombres de la familia transportan por las calles de la ciudad el cuerpo del difunto cargado de flores y joyas, y caminan entonando bonitas oraciones, hasta llegar al crematorio a los pies del río. El primogénito del difunto es rapado y afeitado aquí y él es el encargado de prender fuego a la pira, en una ceremonia donde no está permitida la presencia de mujeres. Este bellísimo ritual, que yo he podido atestiguar en alguna ocasión, permite al difunto cortar el ciclo de las reencarnaciones y alcanzar el Swarga (no confundir con el Nirvana, que se trata de un estado de liberación diferente), un conjunto de mundos celestiales parecidos al concepto del cielo cristiano.

Animistas africanos

Los espíritus africanos pueden tratarse de héroes mitológicos, antepasados, la combinación de héroe y antepasado, y los espíritus animales. FOTO: desconocido flipkart

Las gigantescas proporciones del continente africano y su amplia diversidad cultural, que lamentablemente ya se está perdiendo, antes incluso de que hayamos podido aprenderla, vuelven sumamente difícil especificar los ritos funerarios animistas. Su tradición oral y no escrita tampoco facilita la tarea. Y a esto habría que añadirle las influencias del islam y del cristianismo, que se desmenuzan con el animismo hasta conformar un tipo de religiones simbióticas, por así decirlo, que toman un poquito de aquí y otro poco de allá hasta conformar ideologías más o menos estables.

Así podríamos decir que el único punto en común entre los diferentes animismos lo encontramos en su percepción de la muerte. A ojos del animista, la muerte supone la transición del ser humano desde el plano físico al plano espiritual. El difunto abandona su cuerpo cuando le viene en gana para pulular entre dos mundos, y cuando se cansa regresa al cuerpo y recobra sus fuerzas dondequiera que esté enterrado, antes de volver a pasear (de una forma parecida a los paseos del alma en la religión del Antiguo Egipto). En numerosas tribus del continente, los cuerpos de aquellos que fueron malvados en vida se llevan a los bosques para que las fieras se alimenten de ellos, así el espíritu nunca podrá descansar y no podrá hacer mal a nadie. Por otro lado aquellos que fueron buenos se entierran bajo las casas de sus familiares, para que sus espíritus cuiden y protejan a los descendientes desde el plano espiritual. Pero luego encontraríamos a las tribus toraya que entierran a sus difuntos en agujeros hechos en las laderas de las montañas, o nos encontraríamos con tribus congoleñas que sacrifican animales durante los ritos funerarios. Cada etnia es un mundo en este caso.

Otros ritos funerarios

Los ritos funerarios son tan variados como dioses pueblan la tierra y haría falta escribir un libro para catalogar cada uno de ellos con la profundidad que requieren. Los animistas sudamericanos practicaban la reducción de las cabezas en determinadas regiones, los parsis seguidores de Zaratustra entregan los cuerpos a las aves carroñeras, en Madagascar los familiares bailan con los cuerpos de los difuntos antes de enterrarlos, la etnia caviteña de Filipinas guarda a sus muertos en los troncos de los árboles, los sagadas cuelgan los ataúdes de acantilados, los miembros de la etnia ndani de Papúa Nueva Guinea se cortan los dedos de las manos para exteriorizar su dolor por el fallecido....

En los ritos funerarios encontramos un tipo de belleza brutal, cuando la vida y la muerte se rozan durante un breve periodo de tiempo, y los muertos todavía no se han terminado de marchar, mientras los vivos tienen la oportunidad de tantear el mundo que todavía no les espera. Representan una frontera, la frontera más veraz que conocemos. Y como tal merece la pena conocerla y respetarla en cualquiera de sus expresiones, para impregnarnos de esa belleza desgarradora a cada ocasión que se nos presente.