Gastronomía

Buen plan: Toledo y Griñón

Entre leyendas y gastronomía, juntas funcionan muy bien

Catedral de Toledo
Catedral de ToledoAlicia Romay

Y ahora que ya podemos desplazarnos, salgamos de casa con toda tranquilidad y seguridad y vayamos a Toledo en plan visita relajada. En este periodo tan extraño sin casi gente en las calles, se puede pasear tranquilamente por el centro sin toparse con los grupos interminables de turistas que antes del Covid invadían la ciudad. Es el momento perfecto para disfrutar de la riqueza inmensa de Toledo, pero como buena ciudad con una historia interminable, hagamos lo que en alguna ocasión comenté que llevo a rajatabla en Roma, fijémonos solo en un objetivo, si lo que queremos es irnos de esta visita conocedores de una minúscula parte al menos de una pieza, de una historia, de un pasaje y si cabe de una leyenda, no hagamos lo que realmente nos pide el cuerpo que es intentar aprendernos la historia de todo lo que vemos, y menos en un lugar como Toledo. El ansia con la que recorríamos las cuestas por Toledo por el momento olvidémoslo. Ahora se puede llegar y aparcar el coche con toda tranquilidad, por ejemplo en el parking El Miradero y dándose un paseo por las calles Núñez de Arce, de las Cadenas y de Cordonerías llegaremos a la Puerta del Reloj de la Catedral que es la más antigua (siglo XIV). Un detalle para recordar, la puerta ha tenido diferentes nombres, entre otros: el “de la Feria” porque era la salida a la calle en donde antiguamente se celebraba la feria, el “de la Chapinería” porque antiguamente en esta parte se fabricaban los chapines, el “de las Ollas” ya que estas piezas se pueden mirar en su decoración.

Entrada a la catedral por la calle Cordonerías FOTO: Alicia Romay

Al acceder a la catedral por este acceso, al fondo veremos uno de los tímpanos más importantes de la catedral con escenas de la vida de Cristo y de la Virgen, representadas en cuatro fajas.

Tímpano con escenas de la vida de Cristo y la Virgen FOTO: Alicia Romay

Pero hoy nos centraremos en el Cristo del Brazo caído que está justo del lado derecho del ábside viéndolo de frente.

Cristo de la Vega. FOTO: Alicia Romay

Vamos primero a la leyenda

¿A que alguna vez hemos leído “A buen juez mejor testigo” de Zorrilla? Es una historia...preciosa:

“Diego Martínez e Inés de Vargas. Habían mantenido relaciones prematrimoniales y ella, ante el conocimiento que de tal hecho tenía su padre, exige a su joven enamorado que reponga su honor contrayendo matrimonio. Él le contesta que debe partir para Flandes, pero que a su vuelta, dentro de un mes, la llevará a los altares” - según lo cuentan en las “Leyendas de Toledo” - “Inés, no muy segura de las intenciones del mozo, le pide que se lo jure. Diego se resiste hasta que ella consigue llevarlo ante la imagen del Cristo de la Vega y que en voz alta y tocando sus pies jure que al volver de la guerra la desposará.- La historia continúa - “Pasó un día y otro día, un mes y otro mes y un año pasado había, más de Flandes no volvía Diego, que a Flandes partió. Mientras, Inés se marchitaba de tanto llorar, ahogándose en su desesperanza y desconsuelo, desesperando sin acabar de esperar, aguardando en vano la vuelta del galán, todos los días rezaba ante el Cristo, testigo de su juramento, pidiendo la vuelta de Diego, pues en nadie más encontraba apoyo y consuelo”- Pero esto no acaba aquí - “Dos años pasaron y las guerras en Flandes acabaron; pero Diego no volvía, sin embargo, Inés nunca desesperó, siempre aguardaba con fe y paciencia la vuelta de su amado para que le devolviera la honra que con él se había llevado.

Todos los días acudía al Miradero en espera de ver aparecer al que a Flandes partió. Uno de esos días, después de haber pasado tres años, vio a lo lejos un tropel de hombres que se acercaba a las murallas de la ciudad y se encaminaba hacia la puerta del Cambrón, el corazón le palpitaba con fuerza a causa de la zozobra que la embargaba mientras se iba acercando a la puerta. Al tiempo que a ella llegó, la atravesaba el grupo de jinetes, un vuelco le dio el corazón cuando reconoció a Diego, pues él era el caballero que, acompañado de siete lanceros y diez peones, encabezaba el grupo. Dio un grito, en el que se mezclaba el dolor y la alegría, llamándole; pero el joven la rechazó aparentando no conocerla y, mientras ella caía desmayada, él, con palabras y gesto despectivos, dio espuelas a su caballo y se perdió por las estrechas y oscuras callejuelas de Toledo”, - la historia sigue-

“¿Qué había hecho cambiar a Diego Martínez? posiblemente fuera su encumbramiento, pues de simple soldado, fue ascendido a capitán y a su vuelta el rey le nombró caballero y lo tomó a su servicio. El orgullo le había transformado y le había hecho olvidar su juramento de amor, negando en todas partes que él prometiera casamiento a esa mujer. Inés no cesaba de acudir ante Diego, unas veces con ruegos, otras con amenazas y muchas más con llanto; pero el corazón del joven capitán de lanceros era una dura piedra y continuamente la rechazaba. En su desesperación, sólo vio un camino para salir de la situación en que se encontraba, aunque podía ser un peligro, pues era dar a luz pública su conflicto y deshonor; pero en realidad las murmuraciones en la ciudad no cesaban y todo el mundo hablaba de su caso. Tomada la decisión acudió al Gobernador de Toledo, que a la sazón lo era don Pedro Ruiz de Alarcón, y le pidió justicia. Después de escuchar sus quejas, el viejo dignatario le pidió algún testigo que corroborase su afirmación, más ella ninguno tenía. Don Pedro hizo acudir ante su tribunal a Diego Martínez y al preguntarle, éste negó haber jurado casamiento a Inés. Ella porfiaba y él negaba. No había testigos y nada podía hacer el gobernador. Era la palabra del uno contra la del otro.

En el momento en que Diego iba a marcharse con gesto altanero, satisfecho después de que don Pedro le diera permiso para ello, Inés pidió que lo detuvieran, pues recordaba tener un testigo. Cuando la joven dijo quién era ese testigo, todos quedaron paralizados por el asombro. El silencio se hizo profundo en el tribunal y, tras un momento de vacilación y de una breve consulta de don Pedro con los jueces que le acompañaban en la administración de justicia, decidió acudir al Cristo de la Vega a pedirle declaración.

Al caer el sol se acercaron todos a la vega donde se halla la ermita. Un confuso tropel de gente acompañaba al cortejo, pues la noticia del suceso se había extendido como la pólvora por la ciudad. Delante iban don Pedro Ruiz de Alarcón, don lván de Vargas, su hija Inés, los escribanos, los corchetes, los guardias, monjes, hidalgos y el pueblo llano. «Otra turba de curiosos en la vega aguarda”, entre los que se encontraba Diego Martínez «en apostura bizarra”.

Entraron todos en el claustro, encendieron ante el Cristo cuatro cirios y una lámpara y se postraron de hinojos a rezar en voz baja. A continuación un notario se adelantó hacia la imagen y teniendo a los dos jóvenes a ambos lados, en voz alta, después de leer “la acusación entablada” demandó a Jesucristo como testigo:

“¿Juráis ser cierto que un día, a vuestras divinas plantas, juró a Inés Diego Martínez por su mujer desposarla?” Tras unos instantes de expectación y silencio, el Cristo bajó su mano derecha, desclavándola del madero y poniéndola sobre los autos, abrió los labios y exclamó: -Sí, juro».

Ante este hecho prodigioso ambos jóvenes renunciaron a las vanidades de este mundo y entraron en sendos conventos.

Es hora de irse a almorzar

Y así entre relatos y leyendas hemos llegado a la hora de pensar en comer pero esta vez no nos quedaremos a deleitarnos en alguno de los muchos sitios deliciosos que hay en Toledo, iremos a recoger el coche y nos dirigiremos a Griñón, que está a media hora por la A 42 . Y ¿por qué queremos ir a este pueblo en la provincia de Madrid? La respuesta es porque queremos probar lo que ofrece el chef Mario Sandoval en su versión accesible, como lo denomina él mismo.

Bistrot de Mario Sandoval en Griñón FOTO: Alicia Romay

Cocina de nivel en Griñón

El elegir comer en un restaurante de un chef con estrellas Michelín echa para atrás por el tema del precio. Mario Sandoval consciente del tema, decidió abrir en Griñon su Bistrot y él mismo lo define así en su web:

LA CONSTELACIÓN DEL PALADAR

“Dicen que cuando miramos las estrellas, en el cielo nocturno, en realidad estamos mirando al pasado porque su luz tarda años y años en llegar a nosotros. Algo parecido sucede en El Bistró. Fruto de los años de experiencia y con la luz de nuestros orígenes en el sur de Madrid en la memoria, traemos un nuevo proyecto en nuestra casa de Griñón que queremos compartir con todo el mundo. El Bistró es una propuesta actualizada de toda esa historia, una historia que recordamos con mucho cariño y que queremos llevar a sus mesas para que otras gentes la disfruten, la compartan y la recuerden como hacemos nosotros”.

Salmorejo de tomate con jamón ibérico FOTO: Alicia Romay

Es un espacio amplio y agradable, la calidez de quién recibe se agradece. El pan que llega a la mesa es exquisito, la selección de vinos amplia y el momento de la elección de la comida es difícil ante un menú que invita a pensarlo, pero a los que somos amantes de los sabores clásicos no nos resistimos y en el sitio de Sandoval los hacen con un punto que engancha. El Ajoblanco de almendra con agua de chufa y curry verde es de no querer terminar nunca y la Lubina de estero a la brasa... sin palabras y para terminar el Cocktail de piña colada en texturas... después de una visita a Toledo con leyenda incluida, terminar en un espacio amplio y tranquilo con las delicias de un cocina de esta calidad, invita a pensar en no quedarse en casa los fines de semana. Me pongo a la búsqueda del próximo.