No hay mejor lugar en España para que te hagan un exorcismo

El Santuario de Nuestra Señora del Corpiño permanece enraizado en la provincia de Pontevedra, adónde acuden miles de personas cada año

Santuario de Nuestra Señora del Corpiño.
Santuario de Nuestra Señora del Corpiño.Alfonso Masoliver

Todos los interesados por el ocultismo conocemos este lugar. Está encajonado entre las montañas de la Galicia profunda, la Galicia donde prácticamente solo se habla galego y donde las viejas te miran con los ojos grandes y oscuros impasibles, la Galicia de las meigas, de la superstición, de la auténtica tradición que todavía se mantiene fuerte frente a los ataques implacables de la globalización. Se cuentan muchas historias asombrosas sobre este lugar. Los diarios escriben sobre este lugar. También dicen que el Santuario de Nuestra Señora del Corpiño es el mejor sitio para que nos hagan un exorcismo, si resulta que necesitamos uno. Y por los alrededores se cuentan muchas historias sobre el diablo. Hay una que dice que el Ponte do Demo fue construido por el propio Satanás, aunque no debería extrañarnos desde que sabemos que Asmodeo colaboró con el rey Salomón para construir el templo en Jerusalén y que este tipo de tratos son del todo habituales en las historias. No sé si será porque al diablo le gusta la niebla o la humedad, o si las leyendas populares florecen con mayor facilidad en climas de este estilo, no sé si existe el diablo o si a ese también lo hemos asesinado, pero si existe, si las leyendas son ciertas, no hay mejor lugar en Galicia para que nos hagan un exorcismo.

Yo no necesito que me hagan un exorcismo. Pienso que todos tenemos un ángel dentro pero también un diablo (o trazas de bondad y de maldad entremezcladas) y que nosotros convivimos equilibrando a ambos de alguna manera. Pero no necesito un exorcismo. No hablo arameo ni levito sobre el suelo. Solo soy un poco bruto y fumo más pitillos de lo que debería. Aun así he querido venir al municipio de Lalín para comprobar qué es exactamente el Santuario de Nuestra Señora del Corpiño, verificar su leyenda y comprobar cuánto hay de realidad en este asunto.

El escenario perfecto

Pocos sitios en España parecen más adecuados para manar historias del tipo de los demonios y las maldiciones. El paisaje es el ideal: montañas nubladas difuminándose de color azul en el horizonte, bosques densos y oscuros, perros grandes y peludos merodeando por las carreteras, humedad, noches gélidas, caseríos de piedra resquebrajada por las lluvias, enredaderas devorándolo todo. El odioso cliché de la Galicia profunda se cumple aquí a rajatabla. Las señoras caminan ligeramente encorvadas y abrigadas con ropa negra. Y yo soy un madrileño vestido con Levis que mira todo esto como un forastero. Las historias sobre demonios y brujas se suceden a lo largo del camino que lleva a Lalín, se apelotonan en Lalín, crepitan en las chimeneas de los hogares, aparecen escenificadas en las cruces de las curvas que piden protección a Dios y sus ángeles alados. La religiosidad que hace pocas décadas comenzó a esfumarse en León, Madrid, Toledo, Gijón o Barcelona aquí mantiene una fuerza prácticamente arcaica, como pasada de moda, como sacada de una película poco original.

Santuario de Nuestra Señora del Corpiño.
Santuario de Nuestra Señora del Corpiño. FOTO: Alfonso Masoliver

Solo dos personas pueden salir impunes de un paraje como este. O los escépticos que miran, fotografían y se marchan; o los cristianos viejos que acuden, hacen la genuflexión y rezan murmurando oraciones cautas, antes de regresar a casa con el corazón hinchado y calentito. Al resto de personas no les recomiendo venir. Apenas les servirá para salir de aquí confundidos, dubitativos, con una serie de sensaciones metidas en el cuerpo que mezclan precisamente la incredulidad con la fe ciega, en definitiva, saldrán de aquí llenos de tibieza que no sirve absolutamente para nada y que bien podríamos ahorrárnosla. No, no. Aquí solo hay espacio para los creyentes y los escépticos. El resto puede irse de turismo a Santiago de Compostela.

El paisaje es perfecto. Digno de una película. Un cliché gallego. Los muros de piedra que separan las parcelas están derruidos y cubiertos de gruesas capas de musgo. Las ramas de los árboles parecen más retorcidas de lo habitual. Los diarios y los foros cuentan que aquí se hacen exorcismos casi a diario, que Satanás tiene en Lalín un reducto que nunca podrá conquistar. Y nada más aparcar el coche en frente al Santuario nos asalta un pensamiento: o la gente de aquí es más supersticiosa que un personaje de Cervantes, o realmente aquí ocurre todo lo que dicen. Porque, si preguntas a los locales, ellos no dudarán en narrarte los tejemanejes del último exorcismo que se efectuó aquí, sin evitar los detalles más escabrosos.

¿Qué sabemos del Santuario?

Antes de entrar cogeremos el móvil para repasar la historia del Santuario. Dice que hace muchísimos años, antes de la invasión musulmana de la Península, vivía aquí un ermitaño, un asceta, un hombre santísimo a quien admiraba toda la comarca con ese tipo de veneración prosaica del medievo. A su muerte, los locales construyeron una pequeña ermita para recordarlo. Pero, pese a todos sus esfuerzos por recordar al personaje, pronto olvidaron al santo eremita y la ermita fue abandonada hasta transformarse en una ruina triste y desolada. Luego llegaron los musulmanes, ocurrieron guerras, cambios políticos, reformas eclesiásticas, ya sabemos. Cada año se desprendía una piedra de la ermita abandonada. Hasta que llegó el siglo XII y con él unos pastorcitos a los que pilló una tormenta desprevenidos y que corrieron a refugiarse en las ruinas de la ermita. Allí estaban los pobrecicos, asustadísimos por los truenos, cuando se les apareció la Virgen María rodeada de luz. Les pidió que hicieran la señal de la cruz y, cuando los pastorcitos la hicieron, la tormenta cesó.

Interior del Santuario con los fieles rezando el rosario.
Interior del Santuario con los fieles rezando el rosario. FOTO: Alfonso Masoliver

Como suele ocurrir en este tipo de anécdotas, nadie en la zona creyó la historia de los pastorcitos sobre la Virgen. Muchos se burlaron de ellos, llegaron incluso a insultarlos. Pero fue una suerte porque poco después todo el mundo se convenció de la veracidad de la historia y levantaron un nuevo edificio religioso, no en honor a un ermitaño del que ya nadie se acordaba, sino en honor a la Virgen, y así fue como comenzó a edificarse el Santuario de Nuestra Señora del Corpiño. Desde entonces se ha considerado como un centro de peregrinación al que acuden varios miles de personas al año.

¿Qué podemos encontrar en el Santuario?

A lo mejor fui allí con una idea equivocada, pero debo reconocer que no esperaba ver tanta gente. En las 30 horas que pasé husmeando por el Santuario de Corpiño, fácilmente pude contar entre ciento cincuenta o doscientos visitantes. Puede que doscientos cincuenta. En cualquier caso es un número bastante respetable, sobre todo teniendo en cuenta que cayó entre semana. Los coches se quedan en el pequeño aparcamiento y los feligreses entran en tandas de a cuatro en el Santuario. Allí es habitual que se sienten en las bancadas para rezar el Rosario que se escucha de manera casi constante por unos pequeños altavoces situados estratégicamente a lo largo de la nave. El ambiente que se respira es el de una profunda religiosidad, casi parece que nadie les avisó del Concilio Vaticano II. Y lo repito, es una religiosidad que no podría encontrarse en Covadonga o Santiago de Compostela porque aquí no vienen los turistas para fotografiar los frescos o rememorar batallas históricas: La Virgen María y Dios son los protagonistas exclusivos del Santuario de Nuestra Señora del Corpiño.

Una vez dentro, además de rezar, puedes buscar a un sacerdote para compartirle tus pecados. Puedes pedir consejo, si lo deseas. Puedes rezar y marcharte. Puedes convertirte en una de esas criaturas con ropas grises y la cabeza inclinada hacia delante, puedes murmurar tus plegarias y regresar a casa. Puedes ver los cuadros de la Virgen y maravillarte con la casta belleza de las musas del pintor. Puedes echar espumarajos de la boca y arrancarte los diablos. Puedes, si crees en todo esto. El Santuario es el lugar ideal para pasar miedo, creer en la brujería y en el demonio, dudar, espabilarte, rezar, frotarte un poquito ese espíritu sucio que tienes antes de volver a casa.