Los Carabineros chilenos, en el ojo del huracán

Conmoción en el país por el atropello de un joven por un blindado. La reputación del cuerpo, señalado por la ONU y temido por la población, se hunde

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Suenan tambores de guerra otra vez en Chile. Tras más de dos meses de protestas no hay tregua. Un país que pese a las concesiones del Gobierno, nunca vistas desde la vuelta de la democracia, no es capaz de encontrar la calma. La furia en la calle es incontenible, los manifestantes ya han visto que la Administración de Sebastián Piñera se encuentra debilitada, que ansía terminar su mandato con la cabeza en alto. Ahora el pueblo chileno va a por todas. Y la represión, lejos de apagar la mecha ya encendida, la alienta. Es hasta ahora la única primavera latina que continúa en pie, con visos de lograr resultados tangibles. Aunque el costo es alto, muy alto.

La última polémica ha estado protagonizada de nuevo por los agentes de los Carabineros. Varias de sus tanquetas se enfrentaron la pasada madrugada a los manifestantes en la zona de Plaza Italia. El incidente quedó grabado por los periodistas presentes, que lograron filmar la embestida de un carro blindado a un joven de 20 años, que es arrastrado contra otro vehículo. Según el último parte médico, la víctima sufre fractura múltiple, será operado en las próximas horas y su estado es grave, aunque su vida no corre peligro.

Las imágenes son tan hirientes que los canales de televisión que captaron la escena decidieron difuminar la imagen antes de emitirla por la violencia del contenido. Se ve claramente cómo el blindado enviste al joven contra otro carro, destrozándolo. El daño para la imagen pública de Piñera, pero también de los Carabineros, con fama de violentos y afinidad hacia el pinochetismo, ya está hecho. Una mancha más en un historial que culminó el pasado 13 de diciembre una misión enviada por la ONU a Santiago de Chile. Esta dictaminó que en la represión de las protestas por parte de la policía chilena hubo torturas, detenciones arbitrarias, delitos sexuales y uso «excesivo e innecesario» de la fuerza. 28.000 personas pasaron por centros de detención, y 1.610 siguen encarceladas. También están señalados por organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Plaza Italia es una rotonda que separa el centro de la capital chilena de los barrios más acomodados y que ha sido el epicentro de esta crisis, que comenzó el pasado 18 de octubre y ya se ha cobrado la vida de al menos 24 personas, además de provocar miles de heridos. Según un sondeo de Cadem publicado el pasado 4 de diciembre, solo el 35% de la población aprueba la actuación de los Carabineros –una institución con 92 años de historia–, la más baja desde que hay mediciones.

Las manifestaciones contra el desigualdad modelo económico y la represión comenzaron siendo multitudinarias y prácticamente diarias –el récord lo marcó la marcha del 25 de octubre con más de 1,5 millones de asistentes–-, pero se han ido espaciando y ya suelen celebrarse solo los viernes. Sigue existiendo descontento en las calles y la crisis, la más grave desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), parece lejos de solucionarse, pese a las medidas sociales anunciadas por el Gobierno y al acuerdo parlamentario para convocar un plebiscito sobre una nueva Constitución. Esto tardaría dos años y antes el pueblo de Chile demanda cambios mayores.

Lo que empezó siendo un llamamiento de los estudiantes a colarse en el metro de Santiago para protestar contra el aumento de las tarifas se convirtió en una revuelta transversal a la que se han unido las clases medias por un modelo económico más justo, que ha dejado también episodios de violencia extrema con saqueos, incendios, barricadas y destrucción de mobiliario público.