Inés o el caos

Inés Arrimadas, durante la comparecencia de Albert Rivera en la que anunció su dimisión
Inés Arrimadas, durante la comparecencia de Albert Rivera en la que anunció su dimisión FOTO: Efe (nombre del dueño) EFE

La dimisión de Albert Rivera, que ha zanjado con un encomiable arranque de vergüenza torera su patética deriva hacia la autocracia del papel cuché, encumbrará salvo sorpresa a Inés Arrimadas a la presidencia de Ciudadanos y devolverá a Andalucía, al menos a una lideresa nacida aquí, al primer plano de la política nacional. Mujer y del Sur fueron las dos bazas que quiso jugar Susana Díaz en su fallido asalto a la secretaría general del PSOE, pero no hay color. Como se advierte en las películas serie B, cualquier parecido entre ambas es mera coincidencia y no existe comparación más odiosa que la que se establece entre el blablablá de argumentario de la trianera y los vibrantes rapapolvos con los que la jerezana combatía al nacionalismo catalán en su parlamento regional, heroica Juana de Arco en la genuina guarida del ogro. El pobre Torra aún tiembla cuando le evocan su nombre. No cometerán los centristas el pecado de entregarse a cualquiera de esos sinsorgos que se postulan para la sucesión. Jerez de la Frontera no cuenta con una personalidad tan relevante desde Miguel Primo de Rivera, el espadón que permitió que los socialistas formasen parte por primera vez del Gobierno de España, por más que los herederos de algunos de sus ministros más poderosos (Indalecio Prieto entre ellos) abjuren de ese pasado. Con Pedro Sánchez enloquecido en su deriva hacia posiciones rupturistas, el constitucionalismo necesita una tercera fuerza que complemente los votos que allegan Vox y PP, dos opciones demasiado conservadoras para una buena parte del electorado. Si Arrimadas no logra resucitar a Ciudadanos, se viene encima un largo invierno de la mano del frentepopulismo y sus aliados separatistas. Una ruina como la que propició Zapatero con sus acólitos del «tripartit». Su suerte será la nuestra.