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Patinazo de Lopetegui en Miranda

El Sevilla, fuera de la Copa (3-1). El entrenador vasco prescindió de Ocampos y Fernando, sus dos mejores jugadores, y fue arrollado por un rival que resolvió en media hora

MIRANDÉS - SEVILLA
Jugadores del Sevilla durante el partido de octavos de final de la Copa del Rey ante el Mirandés. EFE/Santi OteroSanti OteroEFE

Julen Lopetegui lo estaba bordando. Hasta ayer. El entrenador del Sevilla puso a muchos titulares en Anduva pero prescindió de sus dos vigas maestras, los jugadores que le dan vigor y empuje a su equipo. Sin Fernando ni Ocampos, el equipo naufragó y al Mirandés le bastó con media hora de furia para liquidar su pase a los cuartos de final.

Ninguno de los once sevillistas que alineó Lopetegui de inicio podrá decir que no estaba avisado: el Mirandés salió como suele, es decir, presionando a revientacalderas. Antes del 1-0, ya habían robado los burgaleses un par de balones en zona sensible, así que no extrañó que el marcador se abriese a los siete minutos, cuando Gudelj regaló la posesión dentro del área, Matheus le armó un lío a Koundé, se revolvió y fusiló a Vaclik.

La noche negra de Banega empezó poco después, cuando le cayó en los pies el gol del empate. Tenía dos opciones, marcar casi a placer o servir a Nolito y eligió la opción individual pero con tan mal tino, que le pegó de puntera, muy desviado. Para completar el numerito posterior al anuncio de su marcha, entregó a Matheus el balón del 2-0. Chutó el brasileño, metió la cabeza Gudelj y se la puso imposible a Vaclik. Y todavía pudo ser peor si el portero checo no llega a meter dos manos salvadoras en el tramo final del primer tiempo, una a tiro cruzado de Merquelanz y otra tras un remate de espuela de Matheus, que se habría coronado si hubiera completado el triplete de tan espectacular manera.

Puede afirmarse pues, sin miedo a resultar exagerado, que lo mejor para el Sevilla al descanso era el resultado. Después de semejante meneo... Lopetegui operó tres cambios en el descanso para sacar a Joan Jordán, En-Nesyri y, sobre todo, a un Ocampos que es quien le pone veneno al fútbol de su equipo. Con el argentino sobre el césped, y liberado de los lastres que anoche fueron Munir y Banega, los sevillistas pusieron cerco a la portería de Limones, providencial en un tiro raso de Nolito.

Todavía quedaba un episodio que habría encumbrado a Vaclik como héroe de la noche si la remontada se hubiese consumado, lo que no estuvo ni medio cerca. Diego Carlos, que tiene esa enojosa costumbre, sacó un codo inopinado en el área y Jaime Latre, tras mirar el VAR, decretó penalti que lanzó Álvaro Peña y detuvo el centroeuropeo. Los paradones de su guardameta se constituyeron en la hazaña más inane de la historia sevillista.

Alimentó la esperanza el centro del campo visitante hasta los diez mniutos finales, justo hasta el momento en el que En-Nesyri mandó a las nubes un tiro franco que le cayó en el área. Los primeros 45 minutos de compromiso del marroquí como sevillista se saldaron con un sonoro fracaso. Su falta de puntería es proverbial, habrá que desear que no se convierta en endémica porque ha costado demasiado dinero como para fallar los goles que falla.

Faltaba el estrambote, la humillación final. Joan Jordán lanzó su enésimo córner a la olla, un centenar de balones colgados que nunca olieron De Jong ni sus compinches. Tras despejar la zaga, Álvaro Rey se cruzó el campo para terminar, a la segunda, marcando el tercer gol. En el descuento, Nolito acertó a con la portería del Mirandés, ya sólo con tiempo para maquillar un marcador que, de todos modos, pintaba horrible.