Libertad versus seguridad

Coronavirus outbreak in Hong Kong
Hacer turismo se ha complicado por el coronavirusWillie Siau/SOPA Images via ZUMA / DPA Willie Siau/SOPA Images via ZUMA

Harto de que las antiguallas del PSOE le reprochasen su abjuración del marxismo, Felipe González se convirtió durante los últimos años de la Guerra Fría en un paladín del bloque occidental, al que los intelectuales comunistas (entonces era un pleonasmo) reprochaban su alta tasa de inseguridad ciudadana. “Prefiero morir por un atraco en Nueva York que de aburrimiento en Moscú”, dijo el segundo y último gran estadista andaluz (el primero fue Cánovas) para resaltar las enormes ventajas que tenía el vivir en libertad a pesar de los riesgos que a veces entrañaba. Turista vocacional, porque eso de autodefinirse como “viajero” me resulta de una pedantería insoportable, el firmante ha tenido la oportunidad de disfrutar con la hospitalidad de los regímenes tiránicos. Cuba o China son dos destinos vacacionales extraordinarios porque, entre otros atractivos, se camina por la calle, a cualquier hora y en toda circunstancia, a salvo de los delincuentes que pueden a uno desvalijarlo en sus vecinas República Dominicana o Tailandia. Magnífica ventaja, desde luego, para echar allí una quincena en la ignorancia de que sus residentes pagan un altísimo tributo para mantener a los visitantes a salvo de ladrones. Literalmente, no se pueden mover porque se juegan la vida. Siempre será preferible, siguiendo el aforismo felipista, lidiar con un pícaro napolitano –allí son maestros del timo– que dejarle divisas a un régimen que ejecuta a centenares de reos al año. En la vieja diatriba entre seguridad y libertad, gana la segunda en cuanto entra en liza la variable del miedo, que nuestro ejército de biempensantes adoba estos días con una cucharadita de chantaje emocional cuando pretenden hacerte creer que a cada fallecido por coronavirus le esperaban decenios de felicidad trancada porque ayer saliste a comprar el periódico. La disciplina impuesta manu militari mata, mientras que una pequeña dosis de anarquía es pura vida. Que cada cual elija.