La paguita

“Al comerciante o al hostelero acosado por una normativa esquizofrénica y asaeteado a impuestos le importa un ardite este subsidio clientelar que nada le arregla”

Un hostelero recoge el mobiliario de la terraza de un bar, tras la medida de restricción que obliga al cierre de toda actividad no esencial a partir de las 18:00 horasMaría José López Europa Press

La Junta de Andalucía, al estilo de las damas caritativas de San Vicente de Paúl, ha organizado una tómbola benéfica para aliviar la Navidad, con mil euritos lineales, a una miríada de autónomos depauperados por la orgía de restricciones a la que se han entregado con tiránico sadismo, experimentando el misérrimo placer de reinar sobre la vida y las haciendas de sus súbditos, a los que hoy denomina «administrados» en un alarde de generosidad eufemística. Arruinados sin clemencia, recibirán el óbolo tras besar el anillo del señor feudal de San Telmo o rendir pleitesía al valido Elías, revelados en el poder como dos estatistas de la más pura tradición socialdemócrata: la sombra de Soraya sigue siendo alargada en este PP. Las biografías de Bendodo y Moreno Bonilla, destetados cinco minutos después de empezar a pastar en el presupuesto, no engañan. Les parece inconcebible aspiración distinta a arañar una limosna del erario porque jamás se plantearon la existencia de vida inteligente fuera de la mamandurria pública. Al comerciante o al hostelero acosado por una normativa esquizofrénica y asaeteado a impuestos le importa un ardite este subsidio clientelar que nada le arregla, puesto que su única posibilidad de salvación consiste en que lo dejen trabajar en paz. ¡Caramba con los (presuntos) liberales malagueños! Toda la vida denunciando el voto cautivo que compraba el PSOE con el PER u otras añagazas pancistas para ponerse ahora a repartir sobres entre los menesterosos en mitad de su primera legislatura. Las próximas autonómicas serán unas elecciones argentinizadas, pues contenderán diversas familias del peronismo sin refugio posible ante los estragos del político providencial, ese genotipo de chupatintas deificado que ocupa hoy la cúpula de los partidos.